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martes, marzo 17, 2026
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El caminó a seguir. No hay otro.

Luis Villegas Montes

El miércoles, con motivo del cumpleaños de la Consejera Correa, asistí al festejo en compañía de algunos buenos amigos; entre ellos estaba el Lic. Jorge Soto.

A Jorge lo conozco desde hace muchos años. Él y Javier Gaudini, y un montón de chavalos, integraron un juvenil vigoroso en las filas del PAN, del que han brotado decenas de experimentados funcionarios: regidores, diputados, secretarios de Estado, subsecretarios, directores, líderes de partido, etc.; siempre he creído que Jorge es un hombre brillante (brillante en varios sentidos, empezando por el frentonón). En este punto me acuerdo de un chascarrillo bobo: “‘mamá, ¿por qué mi papá está pelón?’ ‘Porque piensa mucho’. ‘¿Y tú por qué tienes esa matota de pelo?’ ‘Ponte a hacer la tarea, que estoy ocupada’”.

En esas estábamos y empezamos a platicar de política, ¿de qué más?

Porque parece un curso de acción plausible e inteligente, resumo las ideas principales esbozadas esa tarde y aprovecho para sugerirle  —querida lectora, gentil lector— que vea el programa de Brozo y Loret (https://www.youtube.com/watch?v=LfzAzAV8H7w) que guarda muchas similitudes con la charla de esa tarde.

Quien no comprenda que MORENA constituye una amenaza auténtica —un peligro inminente del país que no queremos— no entiende nada. Desafortunadamente hay muchas personas que parecen empeñadas en ignorarlo y pasarlo por alto (ahí está el desalentador 50.12% de abstencionismo en las elecciones del Estado de México).[1]

Los hechos indiscutibles son los siguientes:

  1. La mayoría de las instituciones han fallado en algún punto de la historia reciente del país: el Congreso sometido por aduladores descastados y cómplices abyectos, un INE ataráxico, un Tribunal Electoral desaparecido, una Corte voluble (complaciente a ratos), todos han sido instrumentos en las manos de AMLO;
  1. El presidente está desatado y viviendo el mejor momento del Echeverrismo; el cual, tras cincuenta años, volvió más fuerte que nunca. “¿Echeverrismo?”, estará preguntándose algún despistado. “Echeverrismo”, tal cual se oye, declaro rotundo: Un Presidente de izquierdas, político de carrera, todopoderoso, mitómano y sin escrúpulos, capaz de hacer cualquier cosa e incurrir en cualquier exceso con tal de retener el poder;
  1. El Presidente domina el discurso público, sin duda alguna. A diario, desde la mañanera, pontifica, cuestiona, agrede, elude, defiende y se entroniza como el líder visible del país;
  1. La oposición, desmañada, desarticulada, rota, inerme, increíblemente tras casi cinco largos años de un lamentable ejercicio de poder, no ha vertebrado un solo eje de ataque digno, creíble. No ha podido consigo misma;
  1. Por primera vez en cinco años, el discurso del presidente ya no lo dicta él. A querer y no, la agenda pública está dominada por un solo tema: la sucesión presidencial;
  1. Ésa es la oportunidad dorada que estábamos buscando quienes nos oponemos al régimen. En el centro del debate político hay un único asunto: ¿quién será el próximo presidente de México?
  1. Las “corcholatas” han controlado la escena nacional, hasta ahora. Juntos, por separado, Claudia, Adán, Marcelo, Monreal, ¡hasta Noroña!, son oídos, vistos, expuestos, admirados… son alguien, y
  2. ¿Qué deben hacer los partidos de oposición en este preciso momento? Lo opuesto a lo que están haciendo, así de simple. Deben alentar una competencia dura y reñida entre sus aspirantes; no tenerle miedo a la confrontación y de manera paulatina ganar el espacio público, pueden hacerlo.

Es necesario que todos los aspirantes sean convocados (sean miembros de algún partido o no) y entre todos esbocen y detallen la ruta a seguir que pasa por lo siguiente: debates abiertos, salvajes, donde presuman y exhiban sus defectos y virtudes; encuestas incesantes, una tras otra, que vayan fortaleciendo o destruyendo candidaturas; encuestas que no estén hechas a modo, por cierto; reglas que impulsen la competitividad seria. Es un error, por ejemplo, cuestionar lo del millón de firmas, ¿cómo puede alguien aspirar con seriedad a dirigir la nación si no puede siquiera organizar un evento de ese tipo? ¿Si no cuenta con el apoyo abierto de amplios sectores como el empresarial, los sindicatos, los gremios? Debe convocarse a artistas, empresarios, deportistas, líderes de opinión y hacer una gran fiesta democrática.

Que las encuestas decidan y descarten pretendientes, hasta que queden dos o tres, excepcionalmente fuertes, y lleguemos a unas primarias donde los mexicanos decentes tengamos la oportunidad de elegir a nuestro gallo. A ese hombre o a esa mujer que va a desbaratar la sucia hegemonía de MORENA, sea quien sea su adalid.

Los partidos políticos deben dejar de tener secuestrado el proceso de selección. No pueden ser las cúpulas, ni los directivos, ni las jerarquías, quienes decidan a nuestro candidato; para poder llamarlo verdaderamente así “nuestro”, necesitamos un proceso abierto, duro, sin mancha, sin pseudotapados favoritos de algún dirigente de partido, que legitime a nuestro paladín.

Aprovechemos la oportunidad: por vez primera, la oposición puede hacer oír su voz; no importa el desgaste que sufran los precandidatos entre sí, si en el proceso pueden (y deberán hacerlo), cuestionar los excesos y vicios del podrido proyecto que MORENA encarna. Esta es, en verdad, la hora de México.

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Luis Villegas Montes.

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