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lunes, marzo 16, 2026
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El conservadurismo mexicano

Controversial…

El conservadurismo mexicano
De la sotana al Trumpismo expansionista

Por: Raúl Sabido

Si algo ha demostrado el conservadurismo mexicano es su capacidad camaleónica para sobrevivir, mutar y colarse en cada rincón del poder. No importa si se viste de monarquía, de dictadura, de tecnocracia o de democracia simulada, su esencia permanece intacta. Y su historia, lejos de ser una defensa de valores, es una crónica de traiciones, entreguismos y alianzas vergonzosas.

El Imperio de Maximiliano
La fantasía europea de los conservadores

En pleno siglo XIX, los conservadores mexicanos, incapaces de aceptar una república liberal, decidieron importar un emperador. Sí, como quien pide un monarca por catálogo. Maximiliano de Habsburgo llegó con promesas de riquezas y de obediente sumisión, respaldado por la Iglesia y los sectores más reaccionarios. ¿Resultado? Un país invadido por Francia, una guerra civil, y un emperador fusilado en el Cerro de las Campanas. Pero el conservadurismo no murió con él, simplemente se quitó la corona y se puso el sombrero de hacendado.

La venta del territorio
Cuando el conservadurismo se arrodilló

La pérdida de más de la mitad del territorio nacional ante Estados Unidos no fue solo una derrota militar fue también una muestra del cobarde y traidora del entreguismo conservador. Mientras los liberales luchaban por defender la soberanía, los conservadores preferían pactar, ceder y negociar por 15 millones de dólares. El expansionismo estadounidense encontró en ellos aliados silenciosos, más preocupados por mantener sus privilegios y el poder que por defender la patria.

El Porfiriato
El conservadurismo con guantes de seda

Porfirio Díaz, aunque surgido del liberalismo, gobernó como conservador de facto. Centralizó el poder, reprimió a los opositores, y se rodeó de antiguos conservadores que encontraron en su régimen el privilegio que tanto añoraban. El progreso fue para unos pocos, y la paz se compró con sangre y silencio. El conservadurismo se disfrazó de modernidad, pero seguía siendo el mismo elitista, clasista, autoritario y profundamente antidemocrático.

Carlos Salinas
El virrey tecnócrata del neoliberalismo

Con Salinas de Gortari, el conservadurismo mexicano se quitó la sotana y se puso traje de Harvard. Transformó al PRI de un partido nacionalista revolucionario en una máquina neoliberal, privatizó empresas, desmanteló el estado social, y abrazó el libre mercado como dogma. El PAN, que antes era su rival ideológico, se convirtió en su socio silencioso. La fusión conservadora comenzó con la derecha empresarial, la tecnocracia sin rostro, y un PRI que ya no reconocía sus raíces, a sus liderazgos los habían capado con el embute y las migajas del poder.

Peña Nieto
El remix ideológico del conservadurismo

Con Peña Nieto, el conservadurismo alcanzó su forma más cínica al fusionar la izquierda institucional del PRD, muy útiles para aprobar reformas estructurales que beneficiaban a las élites y maquillarse de demócratas y que fueron ampliamente remunerados. “El pacto por México” fue un pacto por los negocios. La reforma energética entregó el petróleo, la educativa reprimió a los maestros, y la fiscal castigó a los trabajadores. Todo con el aplauso de los partidos que alguna vez se dijeron antagonistas al conservadurismo.

Trump y el conservadurismo mexicano
Sumisión y silencio

Cuando Donald Trump desató su ofensiva expansionista contra México, llamando a los cárteles “terroristas”, amenazando con aranceles y reclamando el Golfo de México como “Golfo de América” (operación popote) nos preguntamos: ¿qué hizo el conservadurismo mexicano? Sencillamente se alineó, se calló, y hasta algunos incluso aplaudieron. La derecha mexicana (PRI-PAN), lejos de defender la soberanía, se convirtió en cómplice del nuevo monroísmo. Porque para ellos, el orden imperial siempre ha sido preferible a la democracia popular.

Conservadurismo mexicano
El poder detrás del telón

Así ha sido el conservadurismo mexicano, una fuerza subterránea que, cada vez que el país ha querido reinventarse, se ha aferrado al pasado como quien abraza cadenas oxidadas creyendo que son raíces. Su historia no es la defensa de valores, es la defensa de privilegios. Y su papel, lejos de ser el de una oposición honorable, ha sido la de saboteador de la soberanía, constructor de imperios ajenos y escudero fiel de intereses extranjeros.

Hoy, en el siglo XXI, su rostro está maquillado con democracia, pero detrás del discurso institucional se esconde el mismo impulso de siempre, el de obedecer al capital extranjero, contener lo popular, y pactar con el que conquiste, aunque traiga la bandera equivocada.

El conservadurismo mexicano no murió con Maximiliano, no se exilió con Porfirio, ni se disolvió con el PRI, simplemente aprendió a camuflarse.

El conservadurismo mexicano
Frente al espejo del trumpismo

Lo que inició como un proyecto político para preservar privilegios coloniales ha evolucionado en una maquinaria de poder que se adapta, absorbe y se mimetiza con lo que mejor le garantice control y privilegio. Hoy, el conservadurismo mexicano no sólo ha reciclado viejas coronas y sotanas, sino que ha cruzado fronteras ideológicas hasta abrazar el proyecto trumpista exhibiendo una alianza donde revela su rostro más descarnado.

El PRI y el PAN, antaño rivales de supuesta vocación distinta, se fundieron en un bloque ideológico que dejó de mirar hacia Benito Juárez para inclinarse ante Donald Trump. Lo hicieron con aplomo, sin pudor, sin memoria histórica.

No es coincidencia que el trumpismo representa para ellos lo que Maximiliano representó para Lucas Alamán, les representa una oportunidad para imponer control desde afuera con legitimidad prestada y violencia autorizada. Si antes los conservadores pedían coronas europeas, hoy reciben autorizaciones desde Washington. El patrón no cambió; sólo se modernizó.

Pero hoy, frente a ese guion impuesto, la Cuarta Transformación ha irrumpido como un acto de memoria y resistencia. No es que México no se reconozca es que por fin se está reconociendo, después de décadas de simulación, entreguismo y subordinación. La 4T no es una ruptura con la historia, sino una reconexión con sus raíces más profundas: soberanía, justicia social y autodeterminación…. Humanismo.

El conservadurismo quiere escribir el futuro de México con tinta extranjera. La 4T busca que México lo escriba con su propia voz.

Y en esa disputa, el lector debe saber que no se trata de ideologías abstractas, sino de saber, e identificar, a quién quiere decidir sobre el destino de la nación, e identificar a los que pactan desde arriba, o los que construyen desde abajo.

La tradición política de los conservadores mexicanos ha privilegiado el poder impuesto sobre la justicia social, la obediencia al extranjero sobre la autodeterminación, y el privilegio sobre el pueblo.

La riqueza nacional en el conservadurismo no se reparte mas que en ellos mismos y el poder económico de las élites lo sustentan sobre la pobreza de los trabajadores y del pueblo de México en su totalidad, Incluyendo su servidumbre útil.