SERGIO ARMANDO López-Castillo
Casi como profesor escolástico, el aún Presidente de México, Andrés Manuel López-Obrador, se empeñó en sus cinco años de gobierno, y algunos lustros más atrás, en enseñarle a los mexicanos de clase media hacia abajo, quiénes son los “malos” y quiénes son los buenos, en este país.
Pero no solo en la concepción maniquea que pueda parecer ese aserto de “ricos” contra “pobres”, sino en el sentido más profundo y detallado en el que se debe inscribir esa llamada, por el mandatario mismo, “Revolución de las Conciencias” mexicana.
Se trató, en la idea de López-Obrador, de machacar, desde su etapa de líder social y político, iniciando en tabasco, con aquellas luchas contra el PRI-poder de tabasco y los fraudes electorales tropicales, ese discurso tenaz de que un grupo poderoso y rapaz, la oligarquía nacional, tenía secuestrado al país y a su gente, y habría que liberarlo de una vez por todas.
Y todo indica que ha sido exitoso en hacerle ver y comprender a millones de compatriotas -Al menos a unos 30 millones, por lo pronto-, que los intereses de esa minoría voraz y corrupta, eran muy diferentes y avasallantes, de los legítimos sueños y aspiraciones de la gran mayoría de los de a pie.
Para lograr esa tarea, López-Obrador se convirtió, además de dirigente popular, crítico y aguerrido, en un efectivo jefe de Estado-comunicador, y casi pedagogo social y político, a través de lo que, con el pasar del tiempo serán, las memorables conferencias mañaneras, que se convirtieron en una potente tribuna pública que ha calado hondo en muchas conciencias, a las que antes, durante el presidencialismo priísta-panista, jamás se dirigía un mandatario de la nación, al menos, no todos los días.
Sus principales críticos, los anti López-obradoristas más rabiosos, se han dado cuenta de ese éxito del todavía Presidente mexicano, al grado que han tratado, por todos los medios posibles, de boicotear y restringir ese espacio de televisión pública, que para él ha sido y es, una eficaz y excelente ventana de sinergia con el pueblo mexicano.
Esos mismos opositores a AMLO, han admitido que nadie como él, conoce mejor el poder de los mensajes ahí lanzados, todos los días, así como de las políticas sociales que instrumentó, para ganar, poco a poco, la voluntad de los que menos tienen, convirtiendo de forma exitosa la entrega de apoyos presupuestales en una tremenda estrategia, cuyo uno de sus propósitos es, sin duda, hacer que la candidata Claudia Sheinbaum, se convierta, ya pronto en beneficiaria indirecta del espíritu de Humanismo Mexicano, que al final de cuentas, la haga, su sucesora.
Analistas políticos, inclusive contrarios al Presidente y a la candidata presidencial de Morena, hacen ya referencia, a la reciente encuesta del periódico El Financiero, que revela que el 64% de quienes son beneficiarios de algún programa social, votaría por Sheinbaum Pardo, contra apenas un 21% de los beneficiarios, que quizá daría su voto a Xóchitl Gálvez Ruíz, la cómica candidata de la oposición.
Y sí. La dispersión masiva de recursos, junto con la narrativa permanente del tabasqueño López Obrador, ha sido un arma electoral muy devastadora para el Frente Amplio PRI-PANISTA, y aunque no es algo nuevo en nuestro país, el Presidente la ha llevado a niveles muy superiores, por su profundidad y sensibilidad, hacia la gente común.
Si bien López Obrador empezó la entrega de recursos por convicción, sin ningún otro interés, en aquellas comunidades indígenas a finales de los setenta, cuando dirigió al desaparecido Instituto Nacional Indigenista, como delegado en Tabasco, poco a poco eso fue cambiando, conforme iba subiendo en su carrera política extraordinaria.
Lo que empezó con convicción un día por allá en el trópico mexicano, evolucionó hacia una estrategia política muy eficiente, en la medida que fue avanzando en su plan de “primero los pobres”, hasta que llegó a la Presidencia de México en 2018, y llevó la entrega directa del recurso, a estadios masivos, como sucede ahora.
Por esa visión y alcance que ha tenido su política social, AMLO ha conseguido el éxito, al menos en los resultados de las encuestas, sin embargo, no será hasta las elecciones del 2 de junio venidero, cuando se sepa bien a bien, el verdadero impacto en los votantes, si en verdad el Presidente logró coronar esa revolución de las conciencias del denominado pueblo sabio.
El diseño de esos programas sociales para los pobres, no es exclusivo de este gobierno, ni tampoco su uso con lógicos fines electorales. Sin embargo, se advierte que el presidente Andrés Manuel López Obrador, logró cambiar la dinámica de las políticas sociales, haciendo parecer que es él mismo quien da los apoyos, y no el gobierno.
Los programas sociales quedaron estampados, como quien dice, con el rostro y nombre del Presidente, y el agradecimiento no ha sido del todo para ese gobierno, sino para el propio López Obrador, lo cual se puede corroborar, cuando hablando con algún adulto mayor o un joven estudiante de bachiller, becado, ellos solos te indican, que reciben la pensión de “Obrador” o de AMLO.
Y aunque la oposición ha denunciado desde hace meses que el Presidente y Morena están comprando votos con los programas sociales, como recientemente lo hizo Gálvez al demandar al INE, incluso a través de publicidad, combatir el uso de programas sociales para coaccionar el voto, ello no ha tenido éxito, porque en realidad la simbiosis Presidente-Gobierno-Programas Sociales, es entendible y lógica, aunque difícilmente documentable.
Incluso este año se ha adelantado la entrega de los recursos de los programas sociales, entre ellos el de los adultos mayores, para que pudieran tener los beneficiarios, es decir, el dinero en sus bolsillos, antes de la elección del 2 de junio, debido lo anterior a la veda electoral que muy pocos respetan, en los tres niveles de la administración pública.
En ese marco, y salvo que haya algún fenómeno raro, inesperado, inédito y terrible contra el instrumentador de esa “Revolución de las Conciencias” o vs su eventual heredera, uno de los segmentos más amplio de la población mexicana, estará, sin duda, respondiendo en las urnas, con aquel adagio, también utilizado y popularizado por el Presidente ya casi en retiro, de: “Amor con Amor se paga”…
“Lo que escriba y diga, será la verdad”








