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domingo, marzo 15, 2026
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El fantasma de la Contraloría

USA, Iowa, Grimes

Juan Gómez Franco

Incontables son los testimonios de gente que ve fantasmas y aparecidos en viejas construcciones o donde una persona haya muerto.

Pero muertos han sido muchos y por todos lados a través de la historia de la humanidad.

En el antiguo edificio de la Contraloría estatal, también existe una historia.

Este se ubica en la avenida Victoria, cerca de Palacio de Gobierno, junto al Instituto de la Vivienda, donde hoy despacha el contador público.

Cierta tarde Socorrito Martínez trabajaba hasta después de la tres de la tarde.

Sentada frente a su computadora donde realizaba trámites burocráticos relacionados con su labor. Solo estaba ella y uno que otro compañero en otras oficinas.

Ella laboraba en el segundo piso, donde se remodelaban sus interiores. Su oficina se encuentra a la izquierda hasta el fondo del pasillo que va dividendo a las otras de lado a lado.

Concentrada en un trámite engorroso, de pronto llegó una niña de escasos seis años y se sentó en la silla frontal a donde ella estaba.

–Con quien vienes mija que andas tan solita—le habló con cariño a la hermosa menor. En ese momento se agachó a su cajonera para buscar un dulce que le hiciera el rato más agradable a la niña.

En instantes, al voltear con la paletita de dulce para entregársela, la niña no estaba. Sin ruido alguno había desaparecido en segundos.

Se daba la costumbre de algunas compañeras trabajadoras que se quedaban hasta tarde a terminar algún trabajo pendiente, sus niños esperaban por ahí tratando de jugar para hacer más corto el tiempo. No era esta la ocasión.

Socorrito se quedó con la gran incógnita y empezó a buscar entre las oficinas, tanto a la niña, como a preguntar con sus escasos compañeros en esa tarde.

Incluso, se fue hasta la entrada para preguntar a la compañera que la resguardaba, si sabía quién llevaba a una niñita a las oficinas, y esta le respondió que no había entrado ni salido ninguna niña.

Su semblante cambio al amarillo. No podía creer lo que vio.

-Qué pasa Socorrito se quedó muy asombrada y medio amarilla—le preguntó su compañera. Solo negó con su cabeza mientras pensaba lo sucedido.

Socorrito, después de lo que pasó cada vez que tenía que ir en las tardes a la oficina, le pedía a otro compañero que la acompañara.

En otra ocasión, cumplía años un compañero y se adornó la oficina con globos y serpentinas para dar más un ambiente festivo. Se partió el pastel, los abrazos… y cada quien volvió a sus labores.

Luego de las tres de la tarde, pero en esta ocasión, a Leticia y a Héctor les tocó algo parecido al quedarse solos a seguir trabajando.

La tranquilidad de las oficinas llega a ser de mucho silencio. Cualquier un sonido se llega a escuchar: Los globos de la fiesta se empezaron  a mover y su sonido al golpetearse. Lety salió de su oficina casi al igual que Héctor que estaba en la suya, porque oyeron el mismo sonido.

-Oíste lo mismo que yo- se preguntaban- sí pero en esta ocasión se oía claramente las sonrisas de unos niños que corrían, al igual de cuando juegan y se divierten en una fiesta infantil. Vieron cómo se movían de su lugar los globos.

Asustados por lo que veían y escuchaban, sus cuerpos se estremecieron de arriba hacia abajo, como un temblor que recorre del cerebro a los pies.

Las labores ya no fueron igual en las oficinas de la Contraloría.

Los nuevos funcionarios desconocen esta aparición. Quizá no les ha tocado.

¿Ha visto usted algo en su oficina?