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sábado, marzo 14, 2026
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El gran Zúñiga y el “Aeropuerto Cuu”. Sergio Armando López-Castillo

Un triste fin de año 2013, fue ése, en el que me daba cuenta, en una plática con Juan Gómez Franco, de que había muerto un compañero y amigo, correligionario de los medios, sin que muchos siquiera se enteraran.

Se trataba de José Luis Zúñiga, aquel modesto y dedicado reportero gráfico al que “todo mundo” conociéramos por la cobertura que por años hizo del Aeropuerto de Chihuahua, “Roberto Fierro”, registrando con su cámara Nikon, a todo viajero chihuahuense que bajaba de las aeronaves provenientes de la capital del país y otras partes.

Pero además, la mayoría supimos de él, en sus primeros años de “monero” – tomar fotos a personajes y acontecimientos- para el periódico “Norte” de Chihuahua, ya desaparecido.

“Luisito” Zúñiga no tuvo el acompañamiento general de quienes le apreciamos y queremos, como otros amigos reporteros (Miroslava Breach, Ernesto Araujo, Enrique Perea, José Jáuregui, David García Monroy, los javieres Salinas y Moya, etc., por citar algunos), porque sencillamente casi todos nos enteramos de su muerte, días y hasta semanas después del lamentable deceso.

Sin embargo su muerte nos lastima y nos embarga igual que la los demás condiscípulos de prensa fallecidos. Y hasta creo, particularmente, que el funeral de José Luis, debió haber sido apegado a la personalidad austera, sencilla y discreta que le caracterizó a Zúñiga siempre.

Apenas hacía unos meses departimos en una convivencia, él, Rosario Aguilar, Juanito Gómez Franco y circunstancialmente “Joss” Domínguez Castillo –el entonces calladísimo vocero municipal-, donde José Luis Zúñiga lucía preocupado, triste, decaído como señal de un aviso prematuro del impronto desenlace que se avecinaba.

Inclusive se lamentó en esa ocasión, de haber sido liquidado como empleado del Diario de Chihuahua, apenas hacía unos cuantos días, pero no en las mejores condiciones económicas y laborales.

Conocido de muchos de nosotros a través de los lustros y décadas de hacer periodismo, se supo que fue su proclividad hacia las bebidas la causa de su muerte, ya que en los penosos últimos meses de su vida, nos enteramos de que ese consumo consuetudinario se agudizó al extremo de acabar finalmente con sus días.

Con la silenciosa desaparición de Luisito Zúñiga, de la que no recuerdo esquelas, mensajes ni avisos alusivos, vino a ni mente para abonar a la pesadumbre, el deceso de un cercanísimo amigo de Luis: Rubén Alvarado, cuya muerte, en su momento, el propio Zúñiga lamentaría profundamente hacía pocos años.

Ellos dos fueron, y ahora creo que lo volverán a ser allá en el infinito, grandes camaradas, justamente a raíz de conocerse en el periódico Norte de Chihuahua, ahí en la Juárez y 11a., donde estuvo su redacción y rotativa, desde los tiempos de don Luis Fuentes Saucedo-padre de otro gran don, Luis Fuentes Molinar, y hasta los más recientes tiempos con Óscar Cantú en los años 90s.

En aquellos lluviosos días de septiembre, en los que Gómez Franco me dio la penosa noticia, ya sin poder verlos ni hablarles, la nostalgia me hizo recordarlos a ambos, buenos amigos y colegas: José Luis Zúñiga y Rubén Alvarado, el primero, ahora inmortal, al hojear viejos diarios en la sección de Aeropuerto Cuu…, que se firmaba Por José Luis Zúñiga, y a Alvarado por las notas y entrevistas profundas de tipo cultural que hizo, así como al ver una foto que conservo de él, tomada en un cerro de Creel, a donde acudimos juntos a cubrir una gira de trabajo periodístico.