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sábado, marzo 14, 2026
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 El mundo al revés

Controversial…

 El mundo al revés

Donde el cinismo es virtud y la hipocresía, medalla de honor

Por: Raúl Sabido

El circo:

Bienvenidos al circo global, donde los trapecistas son ladrones, los payasos dictan leyes y los domadores de la verdad son devorados por las fieras del poder mediático. Aquí, en este mundo al revés, no se premia la virtud: se castiga. No se celebra la honestidad: se ridiculiza. Y si alguien osa mejorar las reglas para beneficio colectivo, prepárese, porque será crucificado en horario estelar.

La hipocresía como espectáculo:

Los criminales ya no se esconden. Se maquillan de salvadores, se visten de traje y corbata, y se suben al podio con discursos que harían llorar a un cactus. Roban con una mano y reparten migajas con la otra. Van a misa los domingos y expían sus culpas mientras los medios los aplauden como si fueran héroes de Marvel. ¿Y los que denuncian? A esos se les llama “radicales”, “problemáticos”, “enemigos del progreso”, “Izquierdosos “. Porque en este circo mediático, las trapacerías se venden como progreso, aunque sea ficticio y a precio inflado.

La pobreza como negocio:

En México, ciertos medios han contribuido a convertir la miseria en una mina de oro. Políticos que deberían rendir cuentas se enriquecieron vendiendo soluciones que nunca llegaron. Gestionaban carencias que ellos mismos provocaban. Hoy, siguen siendo expertos en administrar la desesperanza. Cada lágrima ajena les suma puntos en la bolsa de valores de la impunidad. Según datos del INEGI, más de 40% de la población vive en pobreza, mientras algunos medios lucran con esa estadística, sin cuestionar a quienes la detonaron.

La verdad, censurada por rating:

Lo bueno se transforma en malo con un par de titulares. Basta que alguien proponga justicia o equidad para que lo tilden de peligroso. Si el liderazgo es auténtico y toca fibras, se activa la maquinaria: escándalos fabricados, ataques a la familia, al pasado, al perro si es necesario. Todo vale para destruir lo que ya no pueden controlar. En 2023, más de 60% de los mexicanos declararon no confiar en los medios tradicionales. La credibilidad se desploma, pero el espectáculo continúa porque se lo siguen vendiendo muy caro a los opositores.

Los que rompen las reglas, reciben medallas:

En este mundo invertido, el que roba con estilo es admirado. El que miente con carisma, es reelegido. El que pisotea derechos, es llamado “visionario”. Y el que defiende causas justas, es perseguido como si fuera el villano. Para algunos medios, la ética es un estorbo y la coherencia, una amenaza. No es casualidad: durante años, el presupuesto público alimentó redacciones que ladraban solo cuando el amo lo ordenaba.

 ¿Y nosotros?

Nos entrenaron durante bastante tiempo para aplaudir al verdugo y desconfiar del que nos quería liberar. Nos enseñaron que el éxito se mide en millones, aunque estén manchados de hambre y sangre ajena. Nos domesticaron con entretenimiento hueco, vulgar, novelesco, amarillezco  mientras nos robaban el futuro con guante blanco, mientras vendían la patria y aumentaban sus fortunas en paraísos fiscales y en economías de fuerte secreto bancario como Suiza, Andorra.

El ocaso de los medios mercenarios:

TV Azteca, Televisa. Reforma, Universal, Latinus, etc.

 Durante décadas, el verdadero poder no estuvo en los palacios, sino en las redacciones. No informaban: deformaban. No cuestionaban: encubrían. Pero el tiempo cambió. La conciencia ciudadana despertó y les cerró la puerta en 2018, y lo reafirmó en 2024. Hoy mastican los polvos del desprecio ciudadano sin presupuesto, sin influencia, sin credibilidad. Treinta estados les han retirado el plato, y el gobierno federal ya no los acaricia. Están en estado de inanición, y la transformación política los terminará de aniquilar, sobreviven de los opositores vendiéndoles espejitos, vanidades y adulaciones para encubrir que los están llevando al fracaso.

 El telón cae:

 Y así, en este teatro de lo absurdo, donde los villanos se visten de héroes y los medios se arrodillan ante el poder del dinero, solo queda una certeza: el pueblo ya no compra el espectáculo. La función terminó, los telones caen, y los aplausos se han extinguido. Lo que antes fue un imperio de manipulación hoy es un eco hueco que rebota en la conciencia despierta de millones. Porque cuando la verdad se abre paso entre las ruinas del cinismo, ni el maquillaje más costoso puede ocultar el rostro de la decadencia.

El circo mediático en decadencia se desmantela, y esta vez, los domadores no volverán a tener látigo.