El Sol es una estrella de tipo espectral G2V, una enana amarilla, y representa solo un punto intermedio en la diversidad estelar del universo. Su masa es suficiente para mantener la vida en la Tierra gracias a la energía que emite mediante la fusión nuclear de hidrógeno, pero en términos astronómicos, no es ni especialmente grande ni particularmente brillante.
Existen estrellas mucho más masivas, como las supergigantes rojas (por ejemplo, Betelgeuse) o las hipergigantes azules (como R136a1), que pueden tener hasta 300 veces la masa del Sol y un volumen tan descomunal que podrían engullir la órbita de Júpiter. Estas estrellas son raras y viven mucho menos tiempo debido a su rápido consumo de combustible nuclear.
En el extremo opuesto, hay estrellas enanas rojas, mucho más pequeñas y frías que el Sol, cuya masa puede ser apenas una décima parte de la solar. Algunas de estas enanas pueden ser solo ligeramente más grandes que Júpiter. A pesar de su tamaño, son las estrellas más abundantes del universo y pueden vivir billones de años.








