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lunes, marzo 16, 2026
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Gabriela Borunda

Vivir la muerte de un ser querido es doloroso, es un luto difícil de resolver, pero vivir la desaparición de un ser querido es un camino que no lleva a ningún lado. Gabriel García Márquez escribió los “12 Cuentos Peregrinos” tras haber perdido los cuentos que originalmente entregaría a su editor, buscó los archivos, llamó a varias personas, buscó entre cada papel, entonces entendió lo que era despedirse para siempre.

El registro Nacional de Personas Desaparecidas, el oficial, estima que en el México contemporáneo hay más de 100,000 desapariciones, pero nosotros sabemos que son más. Esta noche póngase a contar estrellas y cuando llegue a 100,000 se detiene.

El pasado 25 de julio se cumplieron doce años de la desaparición de Pamela Leticia Portillo Hernández, y algunos, tercos, demasiado sentimentales quizá, nos negamos a pensar si ella fue la número 99,000 o la 99,001, de esta larga lista de desapariciones. Pensamos en encontrarla sin lograrlo, recurriendo a los archivos de las células mixtas (¿policías y delincuentes?) que la detuvieron a las 3 de la mañana en el centro de la ciudad, ahí donde desaparecen tantos sueños.

México es un buen lugar para desaparecer. De acuerdo con el documento presentado por elPrograma de Búsqueda de Personas Migrantes Desaparecidas del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), una organización de derechos humanos en América Latina, los reportes de extranjeros desaparecidos crecieron en un 292%, de 89 a 349 episodios los últimos años, amén que existe un subregistro significativo en las desapariciones de personas en situación de migración, que se agrava al no existir información articulada entre las instituciones de gobierno responsables de dar seguimiento a las acciones de búsqueda.

Descartemos de esta cuenta a las personas que son víctimas del desplazamiento forzado.

El Centro de la ciudad de Chihuahua es un lugar incierto, hay ciertas calles imposibles de transitar y por la noche el peligro siempre acecha. Lo sabemos desde que se denunció a una desaparecida escuela de computación llamada ECO, lo sabemos por jovencitas desaparecidas en la calle Libertad o en la parada de un Bowí.

La LXIII legislatura federal de diputados ha manifestado que “la desaparición de personas es un crimen de lesa humanidad que se ha presentado a lo largo de la historia, pues se trata de una práctica implementada como mecanismo de represión o anulación de personas de oposición por parte de gobiernos autoritarios. En México la desaparición forzada fue una práctica que se incrementó durante las décadas de 1960 y 1970. Pero el fenómeno de la desaparición de personas no ha cesado, en la actualidad la desaparición en México es una práctica empleada por parte del crimen organizado, otros criminales en lo particular, así como por algunas autoridades del estado”. Y con las bellas palabras anteriores hacen patente su apoyo a todas las víctimas, sólo faltan los aplausos grabados.

A un muerto lo olvidas, a un desaparecido, en cambio, estás obligado a recordarlo cada día y no dejar que lo olviden y que lo conviertan en número.

Pamela, está noche voy a encontrarte, se me van a olvidar todos los números, menos tus 23 años rotos. Te acuerdas cuando te subiste a bailar a los sillones y tu mami en lugar de regañarte se puso a cantar y bailar contigo, estabas bailando en los sillones ¡Te encontré! También estabas jugando con tu hermanito, y estabas sentada en las gradas riéndote con tus amigas, estabas enamorada.

Ya te vi, antes de decirle a nadie que estabas embarazada por primera vez y te mirabas al espejo y te daba risa imaginar tu figura, y te veías tan hermosa que tuviste dos niñas igual de bellas que tú, Dana y Vania, te vi en el trabajo, te vi cuidando a tus hijas, te vi en todos los bailes, delgada, morena, hermosa y de cabello largo, te vi por última vez en la pupila de la noche.

Pero te encuentro en los arreglos de navidad que sólo tú ponías, y las flores que colgabas y te encuentro hasta en el polvo que se ha quedado quieto sobre la sonrisa. En tus cuadernos, en tu almohada, en tus vestidos que te esperan, en los objetos que todavía delatan, tu paso, tu existencia, tu presencia en el mundo.

Ya te vi, eres como un gorrión, como en la canción de Serrat, que no te gusta la jaula del canario ni envidias al halcón. Estás en la voz de tu mamá cantando “Hoy te quiero contar mi pequeña Pamela que he visto un caracol escaleras arriba preguntando por ti. Y he visto una muñeca que dormía y era igual que tú”.

Por eso, porque no son números, son personas, sólo hoy olvide las reglas, los disgustos, el deber ser, porque nada es como debería; y abrace a su familia, dígales cuánto los ama y no contenga su emoción.

Nada ni nadie desaparece sin dejar rastro, se queda su presencia adherida a nosotros.