(Créditos a egochihuahua)
Por: Eduardo Aredondo
Bueno, pues entre las recientes inundaciones y el ya conocido “Cenit Gate”, quedó más que claro que la administración municipal no solo navega entre la incompetencia, sino que también está varada en aguas turbias de corrupción. La barda derrumbada en MonteCenit se convirtió en el muro simbólico de todo lo que no debe ser un gobierno: omisión, mentira y negligencia. Y al frente, como piezas clave de esta tragicomedia, aparecen el alcalde Marco Bonilla y su directora de Desarrollo Urbano, Adriana Díaz Negrete.
El colapso estructural no fue solo físico. Fue institucional. Porque aquí no se cayó una barda, se desplomó la poca credibilidad que les quedaba a nuestras autoridades.
En conversación con el arquitecto Guillermo Monárrez —profesional con tres décadas de experiencia y autor de varios de los reglamentos actuales de urbanización— quedó claro que la narrativa oficial se sostiene con hilos muy delgados, cuando no con puras falsedades. Bonilla, en lugar de asumir su responsabilidad como jefe del municipio, ha preferido repartir culpas como si fueran volantes en campaña. Hasta se atrevió a culpar en privado a su mentora política, la hoy gobernadora Maru Campos, por la autorización original del fraccionamiento.
Pero el escándalo se agrava con la actuación de Adriana Díaz Negrete, quien ha demostrado, por decirlo diplomáticamente, una preocupante ignorancia técnica o una inquietante vocación por el engaño. Ella asegura que la barda no tenía permiso. Sin embargo, la documentación —y la memoria institucional— la contradicen: fue ella misma, como regidora y presidenta de la Comisión de Desarrollo Urbano en 2019, quien aprobó el paquete de urbanización que incluía precisamente ese muro.
Entonces, ¿qué es peor? ¿Que no recuerde lo que firmó? ¿Que no entienda el proceso que hoy le toca aplicar como directora? ¿O que sí lo sepa y aun así mienta con tal de proteger a su jefe y cargarle el muerto a una administración anterior?
Cualquiera de los tres escenarios es alarmante.
Y si creían que aquí termina el desorden, les tengo otro dato: Bonilla pretende usar 9 millones de pesos del dinero público para “apoyar” a los vecinos del fraccionamiento. Lo que no dice es que por ley, el desarrollador inmobiliario debió haber exhibido una garantía del 30% del valor total de la obra, precisamente para responder ante emergencias como esta. Entonces, ¿por qué no se ha hecho efectiva esa garantía? ¿Se perdonó? ¿Nunca existió? ¿Se desvió?
Todo esto huele mal. Y ya no se puede esconder bajo la alfombra.. Y como era de esperarse, Marco Bonilla salió a hacer lo que mejor sabe: echar culpas y no dar la cara. A todos culpa: a otros funcionarios, a la administración pasada, ¡hasta a su propia jefa política, Maru Campos! Eso sí, siempre en privado, para que no lo regañen.
La ciudadanía merece respuestas, pero sobre todo merece justicia. No se trata solo de una barda ni de un fraccionamiento. Se trata de un patrón sistemático de encubrimientos, complicidades y simulación. De un gobierno que, como la barda de MonteCenit, se vino abajo porque estaba hueco por dentro.
Y eso, más que un derrumbe, es una tragedia anunciada.
¿Y ahora quién responde por MonteCenit?









