15.6 C
Chihuahua
martes, marzo 17, 2026
- Publicidad -

Entre el olvido institucional y la dignidad robada

HABLANDO Y ESCRIBIENDO

Ernesto Avilés Mercado

En las últimas semanas, Chihuahua ha sido escenario de dos hallazgos que deberían cimbrar las conciencias de autoridades y ciudadanos por igual. El crematorio Plenitud en Ciudad Juárez y el cementerio clandestino en Nuevo Casas Grandes revelan no solo fallas operativas, sino una crisis de humanidad.

En Juárez, 384 cuerpos fueron encontrados almacenados sin contar con refrigeración de mantenimiento adecuado, apilados como tablas, uno sobre otro, en condiciones indignas e inhumanas, que atentan contra la integridad y dignidad de quienes en su momento, fueron sujetos de atención, cuidado y amor por parte de sus familiares, de respeto y diligencia por parte de todos y de integración social por parte de nuestra sociedad.

La sola mención de saber que los manejan como objetos, sin respeto a lo que fueron y sin consideración a lo que son, nos hace recordar los crematorios de Auschwitz, o los entierros masivos que se hacían de cadáveres de civiles en las guerras, que desgaciadamente se encontraban en el lugar y en el momento menos adecuado.

Después de que funerarias entregaron cenizas falsas a familias que confiaron en los servicios contratados, en Nuevo Casas Grandes, más de 70 cuerpos fueron recuperados en fosas clandestinas operadas por grupos criminales. Ambos casos tienen el factor común de lo trágico e invisible: las víctimas están siendo revictimizadas.

Pero hay algo que no puede olvidarse: los cuerpos, incluso después de muertos, conservan su dignidad y fuerza moral. Como en el cantar de los cantares el Cid Campeador, Antonio Diaz de Vivar, que aún muerto inspira temor y respeto en sus enemigos, ganando batallas amarrado en su caballo; como los insurgentes de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato en 1811, cuyas cabezas colgadas en las esquinas no lograron borrar su legado. ¿Cuántos cadáveres y despojos más yacen en silencio desde Anapra o en el Cañón del Navajo, esperando justicia?

Las funerarias no pueden quedar al margen. Su deber no termina con la entrega del cuerpo: deben acompañarlo hasta su destino final, asegurando que cada paso se haga con respeto. Es urgente una reforma legislativa que regule con firmeza estos procesos, pero más urgente aún es una profunda humanización del gobierno.

José Manuel Salas, autoridad en Juárez y Cesar Jauregui Moreno fiscal general, declararon inicialmente que no había delito que perseguir, pero como dijera, una de las víctimas, su declaración no hubiera sido la misma si en los 384 estuviera alguno de sus familiares.

Cuando se trata de buscar culpables, la fiscalía siempre encuentra la forma de llevar a la cárcel a quien se requiera para pretender acallar la exigencia social de justicia.

Este momento exige más que indignación: exige acción ética. Es tiempo de que el Estado reconozca su deuda moral con las familias, que ofrezca no solo justicia, sino reparación al tejido social, que se comprometa a no olvidar, porque olvidar sería otra forma de preservar violencia.

INSEGURIDAD SIN LÍMITE

La inseguridad que se ha venido presentado en Chihuahua capital y la fronteriza Ciudad Juárez, pareciera no tener fin y la escalada mantiene una línea ascendente, a pesar de los esfuerzos de las autoridades.

Los golpes fuertes que se les ha generado a las bandas criminales que operan en la capital y la frontera, es un reflejo exacto de la ampliación de espacios de las bandas, el cambio de territorialidad y los nuevos capos que reclaman cada vez más arreglos con las instituciones, sin embargo, la resistencia se mantiene.

Se puede no estar de acuerdo con la actual situación, pero tampoco se puede negar el esfuerzo que se está realizando…

Lic. Ernesto Avilés Mercado