
Arquitectos, licenciados, mecánicos, abogados, maquileros, albañiles e incluso un juez etc. Se unen cada domingo con un propósito común: jugar fútbol.
Aquí no hay lugar para diferencias ideológicas, profesionales, personales o de grupo, en la cancha todos son iguales, corriendo entre la tierra y las piedras que, en más de una ocasión, han dejado su marca en forma de cicatriz.
Pero eso no importa, porque su amor por el deporte y su pasión por el juego los impulsa hacia un objetivo mayor: ganar y convivir. Y si pierde, tampoco pasa nada, porque el verdadero propósito es disfrutar el domingo jugando.
En el corazón del populoso tianguis de La Villa, justo detrás del Conalep I, se respira la pasión de esta peculiar liga de fútbol.
Es admirable cómo cada jugador, sin importar su ocupación o posición social, da todo en la cancha. José Santos, portero de uno de los 12 equipos que conforman la liga, lo resume perfectamente: “No importa que sea cancha de tierra y piedras; lo importante es divertirnos, sentir la pasión del juego, aquí tengo amigos de todos lados, y aunque a veces la emoción se desborda, todo queda en la cancha, nada se hace personal.”
Así transcurre cada partido: intenso, competitivo y lleno de momentos memorables.
Al final, sea victoria o derrota, la jornada termina con una celebración entre amigos, acompañada, como es tradición, de un elixir de cebada bien frío para refrescar el alma y cerrar el día con broche de oro.
Y yo después de ver el juego, aprovecho para ir a mirar chácharas en el tianguis.








