15.6 C
Chihuahua
sábado, marzo 14, 2026
- Publicidad -

¿Estamos en guerra o no?

En la circunstancia mexicana actual la verdad jugará un papel fundamental. No se entiende esta sin la información pertinente que muestre la realidad que tiene hoy nuestro país.

Los sucesos de Tapalpa, Jalisco, el abatimiento del capo principal del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la secuela de violencia que se extendió por buena parte de la república, han sido las piezas de los diversos discursos políticos que se produjeron como reacción. El Poder Ejecutivo federal pone el acento en que hemos regresado a la normalidad, si por tal se entiende la que existía el sábado pasado.

A su vez, no pocos analistas se han acogido –para aplaudir esta acción del Estado– a la máxima de que no importa que el gato sea blanco o negro, con tal de que cace ratones, olvidándose del resto de las piezas para una aproximación veraz y que explique dónde estamos parados, bajo el discurso de que bueno que la presidenta se decidió a dar ese paso, para luego añadir que lo principal es su ruptura con la política de “abrazos y no balazos” de Andrés Manuel López Obrador. No interesa tanto la situación como el acomodo de las fuerzas al interior del propio oficialismo.

Es altamente preocupante, porque tiene anclaje en la realidad, que en buena parte de la población la lectura del suceso se entienda como producto de la presión del gobierno norteamericano, desentendiéndose de la retórica presidencial de una soberanía mexicana por encima de todo.

Acaso, nos preguntamos, ¿no sería normal, conforme a la Constitución y de las responsabilidades de quienes encabezan el Estado, hacer por motu proprio y por deber lo que les mandata la ley, precisamente para que suene a verdad que existe la “indubitable fortaleza del Estado mexicano”?

Robustece esta versión el hecho de que se haya reconocido recientemente –el domingo mismo– que las “instituciones” norteamericanas de inteligencia habían participado en este caso específico, lo que quiere decir que hay una injerencia que se reprueba en el discurso y otro que se oculta pero se acepta, quizás a querer y no.

La secuencia inmediata anterior de la información habla claro: agentes de la DEA, y seguramente de otras agencias militares de los Estados Unidos, estuvieron en México con autorización nacional y con objetivos precisos que no pueden ser otros que los que derivaron en la caída de el Mencho.

Todo eso ha impregnado la atmósfera de la buena y mala información, de la conversación cotidiana, de la comentocracia y hasta de la prensa vendida.

Pero menos reconocer que estamos en medio de una guerra, llámese civil, hibrida o especial, o hasta configurándose una nueva categoría. Pensadores clásicos sobre la materia, cuando han analizado situaciones semejantes, nos hablan de una “niebla” que impide ver la realidad del conflicto, armado o no. En otros términos, la complejidad favorece muy poco el conocimiento, y ante la ausencia de una auténtica información por parte del Estado, el problema crece exponencialmente.

Cuando uno escucha a la presidenta Claudia Sheinbaum puede entender que su preocupación esencial es comunicar que todo ha vuelto a la normalidad, que la violencia está focalizada en una parte del país, aunque sea la mitad, y que se trabaja para una paz que no se alcanza a ver en el horizonte.

Hay, sin duda, un momento de inflexión: para encarar al más importante cártel se dejó atrás un discurso conciliador con el crimen que no sirvió sino para deslindarse de una respuesta bélica como la de Calderón, que golpeó el avispero y desató hechos de sangre por todo el país.

Ahora se recurre a las armas, pero se omite decir que hay un deslinde porque al bloque oficialista simple y llanamente no le conviene alterar el discurso, y eso no contribuye a ver dónde estamos parados y generar una alternativa compartida para las mejores respuestas.

Quienes niegan que estamos en medio de una guerra, que nos expliquen el porqué de las sumas enormes de muertos que se acumularon durante los siete años pasados y que tiene un corte de caja con los sucesos del domingo 22 de febrero y las bajas militares y policiacas que le quebraron la voz al general secretario de Defensa, Ricardo Trevilla.

Por lo pronto, hablar de guerra, de situación de guerra y de la niebla que le acompaña, tiene un gran asidero en la realidad, y comprenderla es dar un paso adelante porque es explicarnos lo que nos pasa como país.

Y nunca olvidemos que quienes más padecen la guerra es la población civil.