Francisco Ortiz Bello
Sin duda alguna que los cinco años de gobierno de Javier Corral Jurado han quedado registrados como los peores en la historia de Chihuahua, ya que la gestión del paseño acusó una gran deficiencia e ineficiencia en cuanto a habilidades para la administración pública, para administrar y manejar el poder político y para alcanzar, ni siquiera medianamente, los resultados que un estado como Chihuahua requiere de sus gobernantes. Un verdadero y total fracaso como gobernador.
En cinco años, Corral no pudo mejorar las condiciones financieras del estado, no pudo renegociar adecuadamente la deuda pública y obtener mejores condiciones para el pago de capital e intereses. Tampoco pudo controlar la criminalidad, que no solo se mantuvo en niveles altos de homicidios dolosos, sino que aumentaron al menos en un 27 por ciento.
Cinco años no le fueron suficientes para resolver el grave problema del transporte urbano en esta frontera, tampoco pudo resolver el desabasto de medicamentos y de atención médica en Pensiones Civiles, ni en los servicios estatales de salud.
La falta de obra pública durante sus primeros tres años no solo fue evidente, sino que se convirtió en el sello de la casa para luego, casi al final de su gestión, atropellada y apresuradamente, sin idea ni planeación adecuada, iniciar con lo que él mismo llamó su “maratón de obras” en distintas ciudades del estado, incluyendo esta frontera.
“Maratón de obras” que solo sirvió para ejecutar licitaciones y contratos en los que seguramente existían compromisos o intereses personales del exgobernador, porque en la realidad solo fueron una serie de proyectos sin pies ni cabeza, en algunos casos hasta sin proyectos ejecutivos o permisos de construcción.
En nuestra ciudad, una serie de puentes, gazas viales y el BRT 2, así como la pretroncal de la Gómez Morín, pusieron literalmente de cabeza la vialidad, al iniciar todas esas obras casi al mismo tiempo.
En el caso de los puentes y las gazas viales, debido a la premura con que se iniciaron las obras y a la falta de una adecuada planeación, se cometieron graves errores, tales como no construir retornos o vueltas adecuadas. Incluso alguno de esos puentes debió rediseñarse y reconstruirlo, ya que vehículos grandes no cabían en él.
En la llamada curva de San Lorenzo, inexplicablemente se construyó una barda en ambos lados de la calle que hacía muy difícil la circulación vehicular, sin que tuviera justificación alguna su construcción.
Total, lo que pretendió ser un “maratón de obras” se convirtió en el dolor de cabeza más grande para los juarenses, del cual incluso hoy aún no terminamos de salir. Bueno, ni siquiera pudo cumplir con una asistencia constante y dentro de los horarios adecuados en su oficina de Palacio de Gobierno, mostrándose como un burócrata perezoso e ineficiente.
De talante colérico e intolerante a la crítica, convirtió en revancha personal lo que debió ser siempre un asunto estrictamente legal y de justicia, los llamados expediente “X” integrados en su pomposamente llamada “Justicia para Chihuahua”, en donde varios de los procesados han acusado la tortura a la que fueron sometidos, tanto física como psicológica, y en algunos casos hasta de extorsión económica.
Y esa quizá sea la parte más fea de Javier Corral como persona, como ser humano, porque ser flojo, incapaz de realizar tareas exitosamente, ineficiente, incluso bilioso y altanero, no dejan de ser características de la condición humana, y se entienden en la medida que no existe la perfección, pero hay una enorme diferencia entre estos “vicios” o “errores” humanos, que cualquiera de nosotros puede tener, a ser una mala persona. Un mundo de diferencia.
Ya cuando hablamos de maldad, de perversidad, estamos ante una condición extrema en los vicios de la conducta humana, estamos hablando de mala entraña, como se dice coloquialmente, hablamos de alguien que es capaz de infringir daño a otros deliberadamente, incluso con premeditación y planeación de por medio, sin que un ápice de conciencia o escrúpulos lo puedan contener.
Estamos hablando de verdaderos sociópatas, entendido este término como el trastorno de personalidad antisocial, a veces llamado sociopatía, es una perturbación mental en el cual una persona no demuestra discernimiento entre bien y mal e ignora los derechos y sentimientos de los demás.
Solo así se puede explicar que Corral haya podido abusar de una mujer adulta mayor, para literalmente despojarla de su casa, en una pretendida operación de compra-venta que ha quedado debidamente documentada en las páginas de El Diario, ubicada en esta frontera en la esquina de Costa Rica e Ignacio de la Peña. Definitivamente se requiere de mala entraña y cero escrúpulos para hacer algo así.
Pero en ese terreno hay mucho más que decir de Javier Corral, y El Diario lo ha documentado ampliamente en días recientes. Se trata de las denuncias públicas y judiciales que ha presentado el empresario Eduardo Almeida.
En la nota “Realizó Corral 19 auditorías a Almeida” de mi compañero Miguel Silva () se consigna la feroz persecución que inició Corral contra Almeida en cuanto llegó a la gubernatura. Diecinueve auditorías a sus empresas ¡Diecinueve! Sin que encontrara nada en ellas.
Pero eso no fue todo. El 13 de octubre El Diario de Chihuahua publicó la nota “Recibió Corral 15 hectáreas de empresario” (), en la que se detalla la forma en la que, en 2009, Almeida ayudó a Corral “prestándole” un terreno para que pudiera levantar el embargo que tenía sobre su casa de la capital, producto de su deuda con Televisa en la campaña a la gubernatura en 2004.
Financiamiento para cuatro campañas electorales, intervenciones quirúrgicas, tratamientos dentales y una larga lista de apoyos económicos que Almeida proporcionó a su compadre Javier Corral a lo largo de varios años de relación. Sí, porque son compadres de grado, como se dice dentro de la grey católica.
Para los que profesamos la fe católica, el compadrazgo es un tema profundo y muy respetable, se trata nada más y nada menos de la figura mediante la cual se resguarda uno de los Sacramentos de la religión católica, el bautismo. Es pues una figura que trasciende el plano terrenal y lleva una relación de amistad a algo más serio y sagrado.
A Corral nada le ha importado deshonrar la figura del compadrazgo. Ha roto cualquier promesa ante el altar, atacando con inusitada violencia y agresividad, primero a su otro compadre, el actual alcalde de esta frontera, Cruz Pérez Cuéllar, a quien lo llevó hasta la renuncia al PAN, luego de la elección al senado en 2012, y en la que lo acusó de toda clase de actos ilegales.
Y ahora, recientemente, a su compadre Eduardo Almeida. Por eso es fácil sacar ahí una conclusión basada en los hechos: alguien que, profesando la fe católica, es capaz de dañar deliberadamente a un compadre, definitivamente no puede ser una buena persona. Algo dentro de él está muy podrido y huele muy mal.
Pero, además, esa conclusión se refuerza con todo lo demás que se acumula en torno a él. El despojo de su casa a la señora Yolanda Miranda, con toda la premeditación y abuso de poder de que puede ser capaz alguien, lo pinta de cuerpo entero, como un hombre perverso, de mala entraña, autoritario y abusador. Ese es Javier Corral Jurado.
El ex gobernador del estado acumula hoy varias denuncias en su contra, incluso algunas de juicio político, quizá la más grave sea sobre su nacionalidad porque, habiendo nacido en El Paso, Texas, como él mismo lo declara en la denuncia que inició en esa ciudad contra esta casa editora, ha mentido recurrentemente ante la autoridad electoral de nuestro país, afirmando que es mexicano por nacimiento, condición necesaria para haber ocupado el cargo de gobernador de Chihuahua.
Mentiroso, perezoso, autoritario, prepotente, ineficiente, pero sobre todo, de muy mala entraña, de una perversidad sin límites, Corral se pasea hoy por las calles de la capital como si nada debiera, como si fuera un ciudadano más con la conciencia y el alma en paz, cuando todos sabemos de lo que es y ha sido capaz.
Ojalá que la justicia pronto alcance al ex gobernador Corral, sin duda alguna tiene muchas cuentas que pagar con la justicia de los hombres, pero también con la del cielo y de esa, de esa nadie escapa.
Francisco Ortiz Bello







