Colaboración de Juan de Dios Olivas
La familia LeBarón exhibió ayer vínculos del presidente municipal de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, con el crimen organizado tras cobijar en las filas de la policía municipal a uno de los sicarios que disparó más de mil 700 balazos contra mujeres y niños en Bavispe, además de dar el tiro de gracia a las sobrevivientes y prenderles fuego.
El asesino apodado El Moster, no es cualquiera, fue escolta del mismo Caro Quintero y también soldado de los Gueritos que ahorita mandan en la La Maña, estos últimos para quienes seguía trabajando seguramente.
En esas condiciones fue incorporado a la policía crucista en dos ocasiones y fue ahí donde fue arrestado hace una semana por las fuerzas federales, aun con el uniforme puesto. Por eso ayer en su cara y de frente, le exigieron al alcalde renunciar.
Cruz recurrió a la vieja estrategia de querer verles la cara a quienes por décadas han luchado contra el crimen organizado y culpó a las pruebas de confianza de que su jefe de la policía municipal, César Omar Muñoz Morales, haya contratado al sicario que trabajaba para grupos delictivos del viejo Cartel de Juárez.
También su diezmado aparato de fake news se activó, pero ni humo sacó. Nadie le creyó, ni sus paleros.
Los LeBarón hicieron visible a los ojos de las autoridades de Estados Unidos y México, que participan en el esclarecimiento de la masacre de Bavispe, la protección que Pérez Cuéllar le dio al Moster.
Claro, no debió ser gratis esa protección, menos cuando se tiene una ambición tan grande en la política y, al estilo maquiavélico, se consigue un padrino como Juan Carlos Saldivar y se regalan más de 144 millones de pesos en campaña por todo el estado que hasta ahorita no explica de donde salieron, si de aportaciones de mecenas esplendidos con el pueblo, de las arcas públicas, o de nexos como los que le reclamaron ayer.
El costo ha sido muy alto; ya no es secreto que Cruz es investigado por su presunta complicidad con los grupos criminales, quienes no han parado de bañar de sangre a Ciudad Juárez, dejando 1200 muertos por año, mientras que el alcalde contradice la brutal realidad que viven y enluta a miles de familias juarenses.
Para muestra, el mes pasado, cuando durante los ajustes de cuentas que entre el 9 y 10 de julio dejaron decenas de ejecutados, el alcalde prefirió salir de vacaciones a España en vez de ponerse a elaborar un plan municipal de vigilancia o prevención.
Ninguna acción de la policía municipal fue ejecutada mientras el suroriente vivía horas de terror. El mes terminó registrando un centenar de muertes y Juárez se convirtió en la frontera más violenta del mundo, mientras que Pérez Cuéllar guardó silencio y empacó sus maletas para disfrutar al modo fifi de días de ocio.
Le valió madre y eso solo refleja complicidad, como se lo dijo en su cara Adrián LeBarón, padre y abuelo de las víctimas de Bavispe.








