Hoy 24 de Junio Día del Paramédico (Socorrista)
Juan Gómez Franco
Un hombre de edad mayor salió de su casa que se ubica en la avenida Independencia, más arriba de la calle Terrazas, en colonia Santa Rosa de la ciudad de Chihuahua.
Su sentido del oído no funcionaba muy bien y cruzó la calle hacia el otro extremo, sin fijarse que por esa avenida bajan los vehículos a muy alta velocidad.
Uno de los conductores había salido del bar “Las Tres Piedras”, a unas tres cuadras de distancia a la casa del anciano; con la mente y vista distorsionada por el exceso de bebidas etílicas que corrían por su sangre.
Encendió un cigarro y prendió su carro, bajó de inmediato por la avenida, pero al mismo tiempo sacó del bolsillo de su chamarra, un pañuelo para limpiar los lentes sucios manchados por el vapor que desprenden las calles negras calientes y húmedas de la lluvia que había caído durante la tarde.
Ya los mínimos rayos de luz solar se desprendían de los cerros en el horizonte, visibles a altura de la avenida Independencia, pero era la hora en que ni luz del sol ni la oscuridad de la noche dominan.
En un instante, el embriagado conductor sintió un fuerte golpe que estremeció su cerebro afectado por los alcoholes. La cabeza del anciano golpeó el parabrisas y su cuerpo cayó estrepitosamente por el duro impacto.
La hija del anciano oyó el golpe al unísono con el rechinido de las llantas sobre el asfalto mojado, y de inmediato recordó a su padre que salió a tomar el fresco a la banqueta de su casa.
El señor cruzó la calle porque lo saludó de la acera de enfrente un viejo amigo que no veía hace ya varios años.
El impacto severo fracturó varios huesos y provocó lesiones de gravedad. Su cabeza chocó con el parabrisas donde se marcó una abolladura hacia dentro del vidrio.
–¡¿Papá, papá qué te pasó, que te pasó!? gritaba su hija llorando ante la estremecedora imagen de su progenitor que yacía inconsciente tirado en el suelo húmedo y caliente del verano de junio.
De inmediato se empezó a llenar de personas a su alrededor. Unos hasta alcohol le untaban al anciano para hacerlo despertar, pero ninguno sabía qué hacer para atender al adulto mayor que todavía estaba vivo.
Una de las fracturas con mayor riesgo y que requería de urgente atención se encontraba en el craneo y las cervicales.
La hija, como amada de su padre, corrió a la casa, trajo una cobija y una almohada y se las puso a su papá. Solo quería que su padre sufriera menos. Los vecinos también querían lo mismo.
Cuando los paramédicos llegaron, el anciano ya estaba muerto. La gravedad de los golpes sufridos propició y la edad del señor apresuraron su deceso, pero la almohada puesta en su cabeza y la acción de los vecinos al frotarle con rigor alcohol en su nuca y cuello para estimularlo a que despertara fue fatal.
La hija y sus vecinos desconocían la gravedad de las fracturas en la nuca y cervicales, los cuales cuando no se saben atender ocasionan parálisis corporal o la muerte.
Por más amor que se tenga a una persona, siempre es mejor esperar la ayuda profesional y evitar agravar lesiones. Eso nunca se debe olvidar.
Al final, una sábana blanca cobijó el cuerpo entero del anciano.








