SERGIO ARMANDO López-Castillo
No cabe duda que el tabasqueño, hoy Presidente de la nación, Andrés Manuel López-Obrador, es un auténtico y orgánico ´animal político´. Pero no solo eso, también ideólogo y humanista consumado.
En el Zócalo de la Ciudad de México, el jefe del Ejecutivo presentó 110 acciones el pasado domingo, y logros de la administración que encabeza, guiada por principios políticos, económicos y sociales a los que denominó ‘Humanismo Mexicano’.
Aun cuando lo fundamental son los hechos, no deja de importar cómo definir, en el terreno teórico, el modelo de gobierno que ha estado aplicando.
La propuesta sería llamarle: ‘Humanismo Mexicano’, no solo por la frase atribuida al literato romano Publio Terencio, de que: ‘nada humano nos es ajeno’, sino porque, nutriéndose de ideas universales, lo esencial de su proyecto proviene de la grandeza cultural milenaria y de una excepcional y fecunda historia política, que nadie podemos negar, y sí debemos hasta presumir.
Tras encabezar la marcha, que inició a las 9:00 horas en el Ángel de la Independencia, afirmó que la nueva política económica, moral y social consiste en fomentar el progreso con justicia; es decir, la distribución equitativa del ingreso y la riqueza.
Con eso, tal vez sin proponérselo, desde hace cuatro años, le arrebató uno de los principales postulados al PRI, como es el de la “Justicia Social”.
Porque es menester entender que el fin último de un Estado, es crear las condiciones para que la gente pueda vivir mejor (Felices, dice el Presidente) y libres de miserias y temores.
(…) El aumento al salario, el reparto de utilidades y los programas para el Bienestar, se han convertido en nuevos y eficaces medios para la distribución más justa de la riqueza”, aseveró.
Más allá del crecimiento económico –el cual aumentará 3.5 por ciento este año y para 2023 y 2024 se prevé que será del mismo porcentaje–, es fundamental desterrar la corrupción y los privilegios para destinar lo obtenido y ahorrado, en beneficio de la mayoría del pueblo, particularmente de los más pobres y marginados.
Por el bien de todos, primero los pobres, ha sido una de las frases más machacadas en este gobierno. Y cómo no?, si esa frase debiera ser la esencia de la actividad política, porque es sinónimo de humanismo y una forma distinta de entender la importancia del poder, cuyo ejercicio, como se ha dicho, adquiere verdadera relevancia y se convierte en virtud, cuando se pone al servicio de los demás. Lo suscribo.
Durante su mensaje al pueblo que lo arropó con creces, al arribar a la Plaza de la Constitución, alrededor de las 15:00 horas, el Presidente destacó que el Plan de Austeridad Republicana, por ejemplo, ha permitido ahorrar 574 mil millones de pesos y la reducción del gasto en publicidad del gobierno, generó 42 mil millones de pesos extra que no se gastaron.
Esos recursos, acotó, se destinan a la población, a través de obras de infraestructura y programas para el Bienestar, que actualmente llegan a 30 millones de familias del país, es decir, al 85 por ciento de los hogares mexicanos.
Muy a su estilo y coloquios que su gente le entiende y le respaldan bien, AMLO está cierto de que atender a los más pobres, es también ir a la segura para contar con el apoyo de muchos, cuando se busca transformar una realidad de opresión o desigualdad, para alcanzar el ideal de vivir en una sociedad mejor, más justa, igualitaria y fraterna.
Retomando los ideales de personajes históricos como Miguel Hidalgo y Francisco Indalecio Madero, el mandatario refrendó que la Cuarta Transformación no acepta el derrotismo, y apuesta por las libertades; además, defiende la democracia y tiene un profundo amor al pueblo.
“¿Quién defiende realmente a un gobierno democrático? El pueblo. (…) ¿Quién respalda la a esta Cuarta Transformación?… El pueblo. Por eso, reiteró López-Obrador, visiblemente deshidratado por las 5 horas de caminata, que nunca jamás va a traicionar al pueblo. (…) Algo básico y esencial: Nada se logra sin amor al pueblo”, remató.
Antes de concluir su mensaje, envió una reflexión a toda persona que desee aspirar a cargos de elección popular, y afirmó que ya pasaron las épocas en las que los políticos podían simular para ganar la simpatía de los votantes.
Aseguró que ahora “lo principal es tenerle amor al pueblo. (…) Sin ese sincero sentimiento, nada bueno se puede hacer en la vida y menos en la política. (…)
La auténtica política es profundamente humana, en su fundamento y esencia, sobre todo, cuando se practica en bien de todos, y de los más pobres en especial.
Tómenla, quienes deban tomarla…








