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sábado, marzo 14, 2026
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Incautar, confiscar y robar

Controversial…

Incautar, confiscar y robar

La farisea justicia, y selectiva, del poder con garrote.

Por: Raúl Sabido

“La incautación de un buque ruso, con petróleo venezolano, por parte de Estados Unidos muestra cómo la frontera entre incautar, confiscar y robar no es solo jurídica, sino política y moral. Depende de la legitimidad de las instituciones y de la percepción social. Washington se exhibe como guardián de la legalidad cuando se trata de Venezuela, pero guarda silencio frente al robo de petróleo mexicano, que durante años ha sido procesado en refinerías estadounidenses y vendido en el mercado internacional sin verbo que lo describa”

Lo que camufla el verbo robar

En el lenguaje jurídico, los verbos incautar, confiscar y robar parecen claros. Incautar es retener provisionalmente, confiscar es privar de manera definitiva y robar es apropiarse de lo ajeno sin autoridad. Sin embargo, en la práctica política, esas fronteras se difuminan y se convierten en armas narrativas para justificar o encubrir actos de poder.

La PIRATERIA en el Caribe

Un ejemplo reciente es la incautación del buque ruso con petróleo venezolano por parte de Estados Unidos, presentada como “un acto legítimo” contra redes ilícitas de comercio energético. Donald Trump lo describió como “el más grande jamás incautado”, y dejó entrever que el petróleo quedaría en manos estadounidenses, se lo robaron. Para Washington, fue incautación; para Caracas, fue robo. La diferencia no está en el diccionario, sino en la confianza, legitimidad y coherencia de las instituciones que ejecutan la acción.

Se ha resucitado con esta acción de “incautación” la figura del pirata inglés con patente de corso, Francis Drake, quien entregaba a la Corona gran parte de lo que saqueaba como oro, plata, especias y mercancías, y recibía a cambio recompensa y legitimidad. Hoy, esa misma lógica se repite, el petróleo incautado será entregado a alguna refinería estadounidense, cómplice del nuevo gran pirata del Caribe”, Donald Trump.

La analogía mexicana

Robo, huachicol y silencio cómplice.

Si trasladamos esta discusión al caso mexicano, la paradoja se vuelve más evidente. Durante años, petróleo robado en México, extraído ilegalmente de ductos, buques, terminales, plataformas por operaciones clandestinas, ha terminado en refinerías estadounidenses, donde se procesa y regresa a México como combustibles introducidos de forma ilegal. Además, dealers norteamericanos han colocado crudo mexicano robado en el mercado internacional como petróleo estadounidense muy a pesar de que hay diferencias importantes entre el petróleo extraído en México y el de Estados Unidos, principalmente en el tipo de crudo y su calidad.

Derivado de esta enorme diferencia es como se ha podido detectar, y comprobar, que hay partidas exportadas por Dealers petroleros de los Estados Unidos que no corresponden a su tipo de petróleo extraído.

Y ante esto no hubo verbo que lo describiera nunca. No se habló de incautación, ni de confiscación, ni siquiera de robo. Hubo silencio. Y ese silencio raya en la complicidad por la ausencia de acción por parte del gobierno estadounidense, especialmente bajo administraciones republicanas, sugiere una sociedad tácita con los intereses económicos que financian campañas políticas.

Mientras se exhibe “fuerza y legalidad” al incautar un buque ruso con petróleo venezolano, se tolera, cuando no se aprovecha para la geopolítica, el flujo de petróleo robado desde México. La selectividad es evidente porque se actúa con contundencia cuando conviene, pero se calla cuando el negocio beneficia a patrocinadores internos.

La confianza como frontera

La analogía revela que la diferencia entre incautar y robar no depende solo de la ley, sino de la credibilidad y coherencia de las instituciones.

“Cuando Estados Unidos incauta un buque ruso con petróleo venezolano, lo presenta como justicia internacional. Cuando permite que petróleo robado de México se procese en sus refinerías, o se venda en mercado internacional, la omisión se convierte en complicidad”

La confianza se erosiona cuando la legalidad se aplica de manera selectiva. Y sin confianza, incluso las incautaciones más justificadas, se perciben como robo.

La hipocresía del poder

Incautar, confiscar y robar

La incautación de un buque muestra cómo la frontera entre incautar, confiscar y robar no es solo jurídica, sino política y moral: depende de la legitimidad de las instituciones y de la percepción social. Washington se exhibe como guardián de la legalidad cuando se trata de Venezuela, pero calla frente al robo sistemático de petróleo mexicano, sin verbo que lo describa, sin incautación ni confiscación, solo silencio.

Ese contraste revela la hipocresía norteamericana porque se actúa con fuerza y discurso moralizador cuando conviene geopolíticamente, pero se tolera cuando no se aprovecha el flujo ilegal de combustibles que beneficia a intereses económicos internos. La hipocresía, entonces, no es un detalle retórico, sino el verdadero contexto que desnuda la selectividad del poder, lo que se llama incautación en un caso, se convierte en complicidad en otro.

Reflexión final

El caso venezolano y el caso mexicano muestran la integralidad consecuencial de los verbos que hemos analizado. Incautar puede ser visto como proteger, confiscar como sancionar, y robar como despojar. Pero cuando el poder actúa con doble rasero, los verbos se vacían de sentido y lo que queda es la percepción de injusticia.

La justicia selectiva no es justicia sino simplemente política disfrazada de legalidad. Y en ese disfraz, lo que se llama incautación puede ser, en realidad, complicidad con el robo.

La Cancillería venezolana declaró: “han quedado finalmente al descubierto las verdaderas razones de la agresión prolongada contra Venezuela”.

“No es la migración, no es el narcotráfico, no es la democracia, no son los derechos humanos, siempre se trató de nuestras riquezas naturales, de nuestro petróleo, de nuestra energía, de los recursos que pertenecen exclusivamente al pueblo venezolano”,

“Cuando la legalidad se aplica con doble rasero, la incautación se convierte en robo, y la justicia farisea.”

PD- La traición al pueblo de Venezuela. Corina Machado, la dirigente que llegó a prometer a Donald Trump todo lo que exigiera de Venezuela a cambio de una eventual invasión que la instalara en el poder, ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz. Una paradoja que refleja el mundo al revés: quien ofreció el país como moneda de cambio en un juego geopolítico aparece hoy revestida con el símbolo máximo de la paz.