Controversial …
¿mexicanos al grito de guerra?
La tormenta perfecta: conjura de sombras y mártires fabricados.
Por: Raúl Sabido
La nueva convocatoria:
La convocatoria del 20 de noviembre no surge de partidos ni de estructuras tradicionales. Al igual que el 15, es la Generación Z la que toma la iniciativa, difundiendo el llamado desde sus propias redes y lenguajes juveniles. Pero esa independencia no los protege del acecho político: la derecha mexicana e internacional ha visto en esta movilización una oportunidad única para infiltrarse, manipular y convertir a los jóvenes en carne de cañón, como intentó hacerlo en la anterior.
Desde una de las cuentas oficiales de la Generación Z apareció una advertencia directa contra la presidenta Claudia Sheinbaum: exigen la liberación de todos los detenidos antes del 20 de noviembre. Con ello, los tambores de violencia aumentan cada día sus ritmos y tonos. Y conste: es la propia Generación Z la que lanza la amenaza y, con ello, y con toda claridad, asume un peligrosísima responsabilidad.
La marcha es juvenil en su origen y pacífica en su intención, pero la advertencia introduce un riesgo implícito: el de quienes necesitan fatalidades para sostener su narrativa del “Estado opresor”.
El antecedente inmediato:
La marcha del 15 de noviembre mostró la fuerza relativa de la Generación Z en las calles. Cientos de jóvenes se movilizaron con energía y convicción, acompañados por un “mix generacional” que amplió el volumen de participación. Aunque hubo enfrentamientos y violencia, no se registraron fatalidades. Ese hecho, que debería ser motivo de alivio, se convirtió en frustración para quienes esperaban un desenlace sangriento que sirviera como bandera política.
El organigrama de la conjura:
El mapa de convocantes, organizadores, promoventes, patrocinadores, inversores, mediáticos, granjeros cibernéticos y agitadores violentos está perfectamente sincronizado e identificado. Al frente de esta conjura aparece el empresario deudor del SAT, acompañado de sus empresas de comunicación y de toda su servidumbre informativa como columnistas, editorialistas y comentaristas que operan como correa de transmisión de una narrativa sincronizada falaz y distorsionada, como si el guion ya estuviera escrito.
No se trata únicamente de propaganda porque esta conjura apunta a un golpe de Estado, utilizando medios concesionados por el propio Estado, atentando contra la seguridad nacional y contra la integridad de las personas.
La lotería de la fatalidad:
El riesgo no es abstracto. Quien marche el 20 de noviembre se enfrentará a una lotería macabra: la fatalidad se escogerá al azar, como si se tratara de un boleto marcado de antemano. No importa quién sea, lo que importa es que exista una víctima, o varias, que puedan ser convertidas en símbolo.
La derecha está furiosa porque no logró acreditar el “Estado represor” el 15 de noviembre. El empresario televisivo promovente, más preocupado por su cartera que por las consecuencias humanas, invierte fuertes cantidades de dinero para evitar pagar impuestos que le reclaman desde hace 15 años. En esa lógica, utilizará a quien sea con tal de proteger sus intereses.
Necesitan esa imagen, ese mártir, para sostener su narrativa de represión y autoritarismo. Lo que no lograron el 15 de noviembre, ahora lo buscan con mayor desesperación.
Carne de cañón en la tormenta perfecta:
El 15 de noviembre la derecha mexicana, e internacional, no consiguió lo que buscaba, lograr una fatalidad que pudiera convertirse en símbolo de represión. Los choques, los heridos y los detenidos no bastaron para alimentar la narrativa del “Estado opresor”. Por eso, la marcha del 20 de noviembre se perfila como un escenario distinto, mucho más peligroso por ensayado y calculado y la “Generación Z mx” lo sabe, y se estaría prestando a ello, o de plano son en extremo “inocentes”.
Ahora, los marchistas y la Generación Z no son simplemente participantes de una protesta porque se han convertido en carne de cañón, totalmente sacrificables. La fatalidad ya no es posibilidad: es objetivo. Se persigue con frialdad, porque la derecha ha concluido que la tormenta perfecta está en proceso y que se les ha abierto una ventana de oportunidad para obtener las víctimas que tanto necesitan para sus narrativas de destrucción mediática.
La lógica del sacrificio:
La derecha ha demostrado que “el fin justifica los medios”. Hoy, esa lógica se extiende hacia quienes marchan pacíficamente. No importa quién sea, lo que importa es que exista una víctima que pueda ser convertida en mártir.
La fatalidad se escogerá al azar, como en una lotería cruel. Cualquiera puede ser el elegido, cualquiera puede ser el rostro que alimente la narrativa del “Estado represor”. Esa es la crudeza del momento, los marchistas son el objetivo en el instante preciso, y si fuera un joven, sería lo mejor para ellos.
La tormenta perfecta:
La derecha mexicana e internacional considera que las condiciones están dadas: un gobierno que insiste en la vía pacífica, una juventud que se moviliza y un contexto simbólico, el aniversario de la Revolución Mexicana, que multiplicaría el impacto de cualquier desenlace.
En esa combinación de factores, la derecha ve la tormenta perfecta. Una oportunidad única para fabricar mártires y sostener su discurso de represión. No buscan diálogo, no buscan propuestas: buscan sangre.
La advertencia final:
El 20 de noviembre no será solo una marcha. Será un campo de disputa donde la vida de los marchistas está en riesgo porque la fatalidad se ha convertido en meta política. La Generación Z marcha por futuro, pero la derecha apuesta por muerte.
La advertencia es clara: los marchistas volverán a ser carne de cañón en una estrategia que ya no oculta su objetivo. Y si el país no lo entiende, la tragedia será presentada como prueba de un “Estado opresor”, cuando en realidad será el resultado de una operación calculada desde la derecha, y fabricada por los derechistas Trompistas.
No son tiempos para sutilezas. El gobierno federal deberá decidir si actúa preventivamente, con firmeza y determinación, o si cede la pauta que la derecha necesita para desestabilizar al país desde dentro y desde fuera. La Constitución y las leyes están del lado de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Se sabe con precisión quiénes están detrás de la fabricación de estos eventos. Son un grupo de conjurados minoritarios, con alto poder económico y subsidiados por extranjeros derechistas de los Estados Unidos, estarían buscando desestabilizar el país, buscando poner en alto riesgo la seguridad nacional.
Los conjurados carecen de fuerza política y de respaldo ciudadano real, pero poseen la maquinaria mediática suficiente para detonar percepciones que distorsionan y tergiversan la realidad mexicana.
La derecha internacional Trumpista dicta y supervisa; en México, su servidumbre política obedece y ejecuta.








