Francisco Ortiz Bello
La vida está llena de ciclos. Periodos de tiempo y acontecimientos que se suceden, inician y concluyen, una y otra vez permanentemente, y que nos hacen avanzar, detenernos, aprender, reflexionar, los ciclos forman parte necesaria de la vida misma y constituyen la estructura de la experiencia.
Cumpleaños, aniversarios de todo tipo, el paso de un año a otro, son algunos de los ciclos que más nos marcan en la vida, pero también los ciclos escolares. Esos, donde la formación académica influye para siempre en el destino de cada uno.
Precisamente estamos ante el inicio de un nuevo ciclo escolar, esos que tanta nostalgia nos traen a los que rebasamos las 5 o 6 decenas de años, pero que a los niños y jóvenes de hoy les generan inquietud, desazón y hasta aversión en algunos casos, pero que llenaron de anécdotas de todo tipo nuestros recuerdos.
En lo personal, al que esto escribe, la escuela siempre fue un espacio anhelado, querido, buscado, aunque sé bien que no fue así para todos, pero yo siempre encontré en las aulas, en los patios, en los pasillos de la escuela el confort y seguridad a mis ansiedades de niño y adolescente.
Sin embargo, sea cual haya sido la percepción como estudiante, ya como padre de familia siempre se unifica. Cada nuevo ciclo escolar la ansiedad y esfuerzo por el pago de inscripciones, cuotas, uniformes y útiles escolares, es igual para cada padre o madre de familia, sin importar el nivel socioeconómico porque, hasta eso, el gasto siempre es proporcional e igual de impactante en cada nivel.
Obviamente, la carga económica es mucho mayor para quienes menos tienen, y estoy hablando de quienes llevan a sus hijos a escuelas públicas o de gobierno, en donde, se supone, la educación debe ser totalmente gratuita pero nunca es así.
El texto constitucional es muy claro: “Toda persona tiene derecho a la educación. El Estado -Federación, Estados, Ciudad de México y Municipios- impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior. La educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, conforman la educación básica; ésta y la media superior serán obligatorias, la educación superior lo será en términos de la fracción X del presente artículo. La educación inicial es un derecho de la niñez y será responsabilidad del Estado concientizar sobre su importancia.”
Lo que dice nuestra Carta Magna es muy claro, sin lugar a indefiniciones o interpretaciones distintas, “…el Estado -Federación, Estados, Ciudad de México y Municipios- impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior”, es decir, nuestro gobierno debe asegurarse de que todo niño, adolescente y joven mexicano reciba la educación en forma gratuita, sin restricción alguna.
Lamentablemente, en la realidad, esto no ocurre así. Aún en las escuelas públicas, primarias, secundarias y preparatorias se cometen actos graves de discriminación hacia estudiantes que no pueden cubrir algunos gastos que les exigen, y todavía se dan el lujo, los directivos de escuelas, de condicionar el acceso a las instalaciones de la escuela si no se pagan esos gastos.
Y se cometen precisamente al inicio de cada nuevo ciclo escolar, hablando de ciclos de la vida. Sin posibilidad alguna de defensa para los padres de familia, en la mayoría de los casos, que no les queda de otra que buscar la forma de conseguir el dinero para cubrir esos gastos, la mayoría de las veces innecesarios y en otras muchas, hasta abusivos e ilegales.
¿Por qué razón una escuela pública cobra cantidades de dinero por algún concepto? No existe razón legal alguna para eso. La Constitución claramente lo dice. Sin embargo, en la realidad sí ocurre.
Inscripción, cuota para la sociedad de padres, útiles escolares y uniformes son los conceptos más socorridos para estos cobros ilegales y abusivos en escuelas públicas, no tanto por su origen sino por la forma en que son requeridos.
El mandato constitucional es muy claro y determinante: “…el Estado impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior”, no hay lugar a dudas e interpretaciones, la educación es un derecho de cada mexicano y el gobierno está obligado legalmente a impartirla sin restricción alguna.
Evidentemente, para cumplir el mandato constitucional, el Estado debe asignar los recursos suficientes al tema de la educación. Operación y mantenimiento de escuelas, en condiciones dignas, salario de maestros y administrativos en las escuelas, así como todo el material que se requiera. Eso dice la constitución, eso debería de ser.
La realidad es todo lo contrario. ¿Por qué piden cuota las sociedades de padres de familia? Para darle mantenimiento a las escuelas, para cubrir gastos básicos que no les llegan mediante presupuesto oficial, el problema es que, siendo una ayuda voluntaria de los padres, se convierta luego en un medio de extorsión para aceptar o no a un alumno.
Si el gobierno no es capaz de mantener financieramente el sistema educativo del país (sin razón o justificante alguno para eso), y los padres de familia se organizan en forma voluntaria para contribuir en la educación de sus hijos ¿Por qué razón se convierte en obligación lo que en principio es una ayuda?
No todos los padres de familia pueden destinar recursos adicionales a la educación de sus hijos, la precariedad económica es toda una realidad en muchas zonas y ciudades del país, esa es precisamente la causa y el origen constitucionales para declarar que la educación en nuestro país debe ser obligatoria y gratuita. Por eso resulta inexplicable e indignante que se le impida a un estudiante ingresar a su escuela, solo porque no lleva los útiles escolares que pidieron o el uniforme.
El Estado no tiene pretexto válido alguno para incumplir con su obligación constitucional de garantizar la educación para todos los mexicanos, si se destinan miles de millones de pesos a obras faraónicas, inservibles y totalmente inviables ¿Por qué no se destina el recurso suficiente a la educación?
La educación debe ser la prioridad absoluta de cualquier gobierno, o una de sus prioridades absolutas, porque ese es el único, verdadero y efectivo camino de la superación como sociedad y como país. No hay otro.
Es muy triste e indignante ver escuelas en Juárez sin clima, sin luz, sin baños adecuados, sin agua, con salones viejos y mobiliario desvencijado, claro que eso duele, y claro que eso explica por qué los mismos padres de familia deciden intervenir aportando recursos adicionales, pero eso no debería de ser, eso debería ser vergüenza para el gobierno.
Y más vergüenza aún, permitir que esas cuotas voluntarias se conviertan en motivo de sanción y hasta extorsión para aceptar a los alumnos en clase, porque se derivan claramente de una incapacidad gubernamental para garantizar adecuadamente la educación ¿Qué culpa tienen de eso los estudiantes?
En estos momentos, el Colegio de Bachilleres en Chihuahua, mantiene una férrea amenaza sobre los estudiantes de nuevo ingreso. Cada estudiante debe pagar poco más de 4 mil pesos, entre inscripción, cuota de sociedad de padres, uniformes y otros conceptos, solo para tener acceso a clases. ¡4 mil pesos! Y la amenaza es tajante: si no los pagan, no podrán ingresar a las instalaciones el primer día de clases.
¿Cuota de inscripción? ¿Es una escuela privada o pública? ¿Uniformes? ¿Red Bachilleres? ¡Qué carajos es todo eso! Un total y absoluto abuso hacia estudiantes y padres de familia, quienes ya batallan con la inflación galopante que vivimos, como para todavía sumarles más cargas financieras absurdas e ilegales. Y luego nos preguntamos por qué el nivel de escolaridad en México es tan bajo.
Además, en el Colegio de Bachilleres cambiaron las políticas en cuanto al uniforme, ahora ya no solo será la playera como antes, sino todo un paquete de vestimenta que incluye pantalonera, chamarra deportiva, playera polo y dos playeras deportivas distintas y todo eso solo puede ser adquirido en el Cobach, en ningún otro lado, además obligatoriamente, más de 2 mil pesos el costo del uniforme ¿De quién es tan jugoso negocio?
Definitivamente no se vale extorsionar así a los padres de familia, y afectar tanto la educación de los alumnos condicionando, ilegalmente, su acceso a la misma a cosas tan superfluas como un uniforme. Simplemente no se vale.
Francisco Ortiz Bello







