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martes, marzo 17, 2026
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Instituto Científico y Literario, formador de estudiantes chihuahuenses luego de la Independencia.

Juan Gómez Franco

El Instituto Científico y Literario inició en 1827. Si bien el término “científico” se añadió a su nombre hasta 1881, cuando se promovía el positivismo bajo el concepto de que los estudios debían tener una aplicación práctica con visión de los problemas de la vida cotidiana, desde sus inicios se constituyó como formador de ideólogos, proyectistas, visionarios en lo educativo, lo social, lo político y lo pedagógico.

En su inicio tenía 21 estudiantes, entre los años 1827 y 1900 alrededor de 996 personas recibieron educación en sus aulas.

Las primeras clases del Instituto Científico y Literario en 1827 se instruyeron en una de las habitaciones de la casa Irigoyen, probablemente daba a la esquina de las calles Juárez e Independencia.

Sin embargo, el lugar en el que oficialmente comienza fue entre las calles Cuarta y Victoria, donde ahora está el hotel San Francisco, detalló Guillermo Hernández Orozco, autor del libro por el 50 aniversario de la UACh.

El instituto estuvo también en el Convento de San Francisco, luego en una casa ubicada frente al templo de San Francisco, para luego trasladarse a otra que estaba sobre la calle Juárez.

Fue hasta 1847 que el gobernador provisional Laureano Muñoz planeó levantar el edificio que fuera su plantel, para lo cual se utilizaron recursos que salieron de mercancías decomisadas por haber entrado de contrabando.

La primera piedra se colocó el 28 de marzo de 1848, para posteriormente inaugurarse por el gobernador Jesús María Palacios, el 15 de septiembre de 1856.

El edificio quedó frente a la plazuela de San Felipe (hoy Plaza Hidalgo), tenía un gran patio interior y el espacio era similar al de la Rectoría de la UACh, sin embargo unos años después le fue donado el espacio contiguo, por lo que abarcó hasta lo que actualmente es la Secretaría del Trabajo, que también sería parte de la propiedad, espacio en el que estuvieron también la Escuela Normal del Estado y el gimnasio Rodrigo M. Quevedo.

Dentro del patio central se instaló el Observatorio Meteorológico de Chihuahua, pero se derrumbó cuando se construyó un nuevo edificio.

Al término de la Revolución Mexicana, se vio la necesidad de construir un nuevo edificio y en 1926 se derrumbaron los viejos muros para dar paso a la nueva obra.

Fue así que el espacio fue reedificado e inaugurado por el entonces gobernador Fernando Orozco, el 2 de octubre de 1928. Este edificio sufrió varios percances y cambios.

En 1927 la demanda de educación en el Estado fue creciendo, de tal manera que muchos alumnos tuvieron que salir de la entidad hacia la Cd. de México para realizar sus estudios y un gran número de ellos se quedaron a radicar en aquella ciudad, por tal motivo el Estado perdió con ello importantes personalidades.

Se instituyó además la instrucción preparatoria que en aquel tiempo se llamaba latinidad. En 1884 se creó la carrera de ingeniero topógrafo e hidromensor.

La carrera de teología desaparece luego de 1857, y derecho hasta 1892, éste último cuando el gobernador del estado, Miguel Ahumada, suprimió la educación superior porque se consideró que no era obligación del estado impartirla.

En 1904 se le dio de nuevo el carácter superior, pero posteriormente se le quitó otra vez. Dos años más tarde dentro del instituto nació la Normal de Estado, y permaneció así hasta 1937, cuando se convierte en una escuela independiente.

La escuela normal de educadoras nació también como parte de la organización en el año de 1929, posteriormente, en 1932 se creó la carrera de ingeniero mecánico y electricista, y tres años después, ingeniero en minas.

Su papel educativo fue trascendental, convirtiéndose indiscutiblemente en la organización más importante y casi única en educación superior en la entidad.

Desde 1827 y gracias al decidido impulso de Antonio Cipriano Irigoyen, diseñador académico y fomentador del proyecto formador de la institución, se funda el incipiente Instituto, cuyo primer director fue José María Bear, nombrado por José Joaquín Calvo, Gobernador del Estado y cuya currícula, entre otras materias incluía Latín y Metafísica, divididos en cursos llamados “mínimos”, “medianos” y “máximos”.

Para 1837 se incluyó la enseñanza del francés y las Matemáticas, y para 1838 Lógica y Ortología. Hacia 1856 se agregó Jurisprudencia y entre 1881 y 1882 Gramática Española, Historia Antigua, Cosmografía e italiano.

Las cátedras de Matemáticas, francés e inglés llamaban la atención, porque aparentemente se enfocaban a la adquisición de cultura, aunque simultáneamente eran indispensables para incrementar las relaciones comerciales y culturales con Inglaterra y Francia, que en gran medida suplían a España, y al mismo tiempo, la importancia política que implicaba el trato con Estados Unidos, país con el que México había sostenido conflictos bélicos.

En Chihuahua la educación formal y pública empezó a palparse con más claridad. La formación y capacitación de maestros, sobre todo bajo el sistema lancasteriano, caracterizado por la formación de “preceptores” que primero observaban al maestro y a los que posteriormente se les asignaba la tarea de dar instrucciones a los estudiantes.

Hacia 1829 en la entidad funcionaban solo 11 escuelas municipales y alrededor de 39 subsidiadas por el gobierno estatal. Para 1830, y a pesar del gasto sin precedentes del erario público para el ramo educativo, los 60 planteles todavía resultaban insuficientes.

Aún en este difícil entorno el Instituto se constituyó en ariete y “gran formador”, en un Chihuahua de incipiente, pero floreciente cultura, que en gran medida imitaba las tendencias educativas mundiales (la ilustración y luego el positivismo francés).

La necesidad de aprender idiomas como inglés, francés, italiano y latín era enorme, debido al abundante tránsito de personas y mercancías entre México y Santa Fe, que también era idóneo para la comunicación y transmisión del conocimiento de otros países y latitudes.

A pesar de todo, la educación superior nombrada “para todos” en el discurso, en los hechos era clasista y solo alcanzable para una pequeña elite. Mucho de lo planteado e idealizado no se concretaba, manteniendo el esquema básico de latinidad y filosofía del currículo en lo esencial.

El 8 de diciembre de 1954 se fundó la Universidad Autónoma de Chihuahua, cuyo compromiso social, cultural y educativo es ejemplo para las generaciones actuales y futuras, al transformar en materia de uso cotidiano lo que en ella se aprende, aplicándolo para el mejor servicio de la comunidad.