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lunes, marzo 16, 2026
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Irán

Controversial…

Irán
Tierra, Memoria y Resistencia
Parte 2/5

Por: Raúl Sabido

“Esta es la historia del pueblo iraní, no para temerlo ni idealizarlo, sino para comprenderlo. Porque solo conociendo su historia compuesta de imperios, revoluciones, espiritualidad y orgullo, podremos entender también las tensiones que hoy cruzan Oriente y Occidente.”

Hay civilizaciones que escribieron su nombre en piedra, otras en poesía, y algunas más en la médula de los pueblos que sobrevivieron al tiempo. Irán pertenece a esta última estirpe, es un legado que respira bajo la arena, en los versos de Hafez, en las ruinas de Persépolis, y en los sueños de los que aún llaman hogar a una tierra de contradicciones milenarias.

Su historia comienza como la de pocos

Con Ciro el Grande, fundador del Imperio Aqueménida, cuyo decreto de tolerancia religiosa es hoy considerado una de las primeras declaraciones de derechos humanos. De ahí emergió no solo un reino, sino una visión del mundo naciendo Persia como faro de conocimiento, arte y ciencia que irradiaba desde el corazón de Asia hasta las riberas del Nilo.

Con la llegada del islam en el siglo VII, Persia no desapareció, se transformó, adoptando la fe del Islam cubriéndola con su propio ropaje, el chiismo duodecimano, que más allá de lo teológico, moldeó su identidad política, sus ritos y su relación con el poder logrando una conversión que no diluyó su esencia, sino que le otorgó un nuevo significado.

Irán resistió invasiones árabes, mongolas y turcas

Cayó y resurgió una y otra vez siempre, fue imperio bajo los safávidas y mosaico bajo los Qajares pero en cada etapa dejó huella en la arquitectura de Isfahán, en la caligrafía coránica, en los bazares donde la historia aún se negocia entre aromas de azafrán y cúrcuma.

En el siglo XX, la historia de Irán dio un giro profundo con el golpe de Estado de 1953 con la participación de Estados Unidos y Reino Unido, instalando la dictadura del Shah Mohammad Reza Pahlavi quien detonó el auge petrolero supeditado a los intereses de Estados Unidos quien además reprimió a su pueblo, fue derrocado con la revolución islámica de 1979 que no solo transformó su sistema político sino que cambió su destino. El Ayatolá Jomeiní instauró la República Islámica donde religión y el estado se entrelazan en una tensión permanente entre tradición y modernidad.

Desde entonces, Irán ha sido señalado, temido, resistido y admirado. Ha enfrentado sanciones, guerras, sabotajes y aislamiento, pero también ha cultivado una identidad que rehúye la sumisión. Su programa nuclear, al centro del escenario geopolítico, es símbolo tanto de su afán de soberanía como del temor que genera en otros.

La rivalidad con Israel es una lucha narrativa, espiritual y estratégica, es una pugna por definir el futuro de la región, donde cada paso diplomático o militar se carga de siglos de historia no contada. Acusaciones cruzadas, conflictos en terceros países y discursos incendiarios dibujan un conflicto que desafía toda predicción.

Y sin embargo, Irán no es solo un Estado, es un milenario pueblo. Uno que recita poesía como quien reza, que se aferra a su lengua, al orgullo de su pasado imperial y a la búsqueda constante de su significado espiritual. En sus plazas y universidades laten voces que piden apertura, reformas, libertad, resistencia.

Irán es un palimpsesto (regrabado) que bajo cada capa de conflicto, hay otra de creación, leerlo exige más que análisis político, exige escuchar la música de un setar, oler el pan horneado al amanecer en Yazd, perderse en las calles de Shiraz o caminar el silencio de Qom.

Porque Irán no es solo un país, es una herencia milenaria viva que mientras exista quien recuerde, quien cante, quien cuestione y quien imagine un futuro, esa memoria seguirá escribiéndose por su pueblo.