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martes, marzo 17, 2026
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Israel: tierra, memoria y resistencia

Controversial…

* Israel*
Tierra, Memoria y Resistencia
Parte 1/5

Por: Raúl Sabido

“Esta es la historia del pueblo de Israel, no para exaltarlo ni idealizarlo, sino para comprenderlo. Porque solo conociendo su trayectoria, hecha de fe, exilio, renacimiento y conflicto, podremos entender también a los pueblos involucrados en una crisis que hoy mantiene al mundo en vilo.”

Hay historias que se escriben con tinta, y otras con sangre, plegarias y memoria. La del pueblo de Israel pertenece a esta última categoría, una travesía milenaria que desafía el olvido y se reinventa en cada generación. No es solo una historia de supervivencia, sino de propósito, de pertenencia, de identidad.

Todo comenzó con una promesa en el corazón del desierto cuando Abraham, figura central en las tres grandes religiones monoteístas, escuchó un llamado que prometía, a su descendencia, una tierra donde establecerse. Esa promesa arraigó una conexión espiritual profunda con Canaán, tierra que sería habitada por las doce tribus que darían forma a un pueblo con leyes, lengua y fe propias.

Años después, esclavizados en Egipto, los hebreos emprendieron un éxodo que aún resuena en la conciencia colectiva de la humanidad. Y fue en la tierra prometida donde se erigió Jerusalén, donde David unificó el reino, y donde Salomón levantó el Primer Templo, siendo epicentro religioso y símbolo de soberanía pero la gloria fue seguida por la división y el exilio.

Y aún lejos de su tierra, Israel no dejó de ser

El judaísmo se convirtió en hogar portátil, en textos, rituales, lengua y liturgia, desde Córdoba hasta Kiev, desde Marruecos hasta Lituania, el pueblo judío resistió sobreviviendo inquisiciones, masacres y marginación, pero también iluminó las artes, la ciencia y el pensamiento de cada tierra en que posó raíces temporales.

En este mismo territorio bíblico nació Jesús de Nazaret, un judío cuya vida y enseñanza originaron el cristianismo cuyo ejemplo fue un mensaje íntimo que se volvió universal, y con él nació una nueva fe que, con el tiempo, se distanció de su matriz judía. Entre ambas religiones surgieron tensiones tanto espirituales como políticas que recorrerían los siglos, alimentando incomprensiones, pero también encuentros.

El siglo XX trajo consigo la noche más oscura
El Holocausto.

Seis millones de judíos fueron exterminados por el régimen nazi y, lo que algunos consideraban una tragedia histórica, para el pueblo judío fue un colapso existencial. Pero de esa herida nació un acto de afirmación, fue el 14 de mayo de 1948 cuando David Ben-Gurión anunció en Tel Aviv la creación del Estado de Israel, basándose en la resolución 181 de la ONU. Aquello fue más que una fundación política, fue por fin la materialización de dos mil años de anhelo y búsqueda de una patria, de un hogar, de un punto de retorno.

Desde entonces, Israel ha vivido entre la tensión constante de la guerra y el deseo profundo de paz. Ha enfrentado conflictos con sus vecinos, desafíos internos y el complejo, y rivalizado, dilema palestino. Sin embargo, también se ha convertido en referente mundial en tecnología, agricultura, medicina y cultura porque en cada innovación late la memoria de los que no pudieron regresar a la tierra prometida por Abraham.

El sionismo, motor de este renacimiento, ha tenido impacto más allá de las fronteras de Israel porque ha promovido una identidad global compartida entre judíos de todo el mundo, y ha generado debates sobre poder, diplomacia, pertenencia e influencia. Algunos lo celebran como ejemplo de resiliencia histórica mientras otros lo critican con sospecha pero lo cierto es que su peso en la escena internacional es innegable.

En la actualidad, la rivalidad con Irán reconfigura la geopolítica del Medio Oriente, acusaciones cruzadas de amenaza existencial, operaciones militares, espionaje y tensiones nucleares dibujan un escenario de muy alta peligrosidad. Aunque no existe intención abierta y explícita de ocupación territorial por parte de Israel, sí hay una lucha por influencia, seguridad y supremacía estratégica que escapa a simples etiquetas.

La historia de Israel, de su pueblo, más allá de sus fronteras, es la historia de una fe que no se rompe, de una identidad que se renueva y leerla no es suficiente, hay que escucharla, olerla en los olivares del Mediterráneo, sentirla en las sinagogas de Praga, y en los muros agrietados de Jerusalén.

Porque Israel no es solo un país, Israel es una memoria viva y mientras exista quien recuerde, quien enseñe, quien cuestione y quien reconstruya, esa memoria seguirá escribiéndose siempre.

Algo de Israel estará en cualquier cultura, en cualquier país, en cualquier credo o religión, en cualquier parte del mundo.