SERGIO ARMANDO López-Castillo
Algunos pensadores modernos, han definido este momento de la historia de la humanidad, en el que se han desvanecido historias sólidas, como aquellos principios que signaban los matrimonios para siempre, el trabajo para toda la vida, hacer carrera en un solo lugar o ahorrar para tener algo sólido en el futuro.
Hoy estamos inmersos en un mundo más veloz y ansioso por las novedades, más precario respecto a la estabilidad de las cosas, vertiginoso en cambios y transformaciones, y agotador por el estrés que significa adaptarse rápidamente.
Frente a esto, a veces, de pronto todo parece haber vuelto a la tranquilidad, y ¡zas!: Aparece algo que rompe nuevamente con el ansiado equilibrio. Las cosas cambian y aumentan en su tipo, tales como en crudeza, velocidad, tamaño, cantidad.
También aparecen las turbulencias mientras el mundo intenta asentarse por un rato. Por ejemplo, los cambios de paradigmas, rupturas de creencias globales, la tecnología que avanza más velozmente que su implementación a nivel mundial; el desequilibrio del ecosistema y las economías, contribuyen a estos cimbronazos.
Posiblemente percibas que hay una sensación de caos, que nos sume en una incertidumbre tal, que jamás sabemos cómo van a resultar las cosas.
La gestión de la incertidumbre es ahora un tema de conversación, ya que las personas, empresas y organizaciones de cualquier tipo, necesitamos aprender a convivir con ella permanentemente: Ya no hay nada completamente seguro, ni lo habrá.
Estamos en un entorno donde hay más interrogantes que respuestas, porque se han multiplicado las variables que escapan totalmente de nuestro control.
la realidad indica que hasta con las mejores intenciones, casi todas las cosas tienen un “rulo”, una vuelta que aún no le encontramos del todo. Es posible que ese tiempo que dedicamos a buscarle el sentido a lo complejo, nos haga perder de vista de que, -en el caso de que lo hallemos- ya estará desactualizado y habremos perdido el tiempo.
En la complejidad necesitamos a veces desarmar toda la estructura y empezar de nuevo. Esa maraña de dificultades es también un signo de confusión, de sentido errático de las cosas, de falta de conexión entre lo que hacíamos antes, con la forma de encararlo ahora.
Los viejos modelos ya no funcionan, ni lo harán: De allí que muchas empresas están sucumbiendo en el momento actual, porque no lograron adaptarse al vertiginoso cambio para sobrevivir.
Además, lo ambiguo está producido por la complejidad, la incertidumbre y la volatilidad de todo: Esto es el fenómeno VICA. Las cosas han adquirido múltiples y confusos significados.
Sin ir más lejos, los códigos de palabra, ya casi han dejado de existir; las personas se vinculan a distancia a través de medios tecnológicos, casi asépticamente (como para no tocarse y ver qué sienten), y se llega a niveles en que, en cualquier lugar del mundo, todo puede explotar y cambiar radicalmente en un segundo.
Curiosa y saludablemente, hay cada vez más personas que adoptan mascotas, que cambian su dieta, que, literalmente, luchan por reequilibrarse. En este marco de ambigüedad surgen también las brechas de opinión, las posturas sumamente radicalizadas y hasta violencias incontenibles, ya que la irracionalidad del mundo hace que los asuntos estallen de cualquier forma, sin importar las consecuencias.
Para afrontar este entorno conocido como VICA, es posible plantearnos otros escenarios y estrategias que nos permita seguir adelante. Sin dejar de considerar que se trata de transformaciones globales que abarcan a todo el mundo.
Sin embargo, hay recursos humanos, personales, que pueden funcionar para adaptarnos mejor a este VICA (y no querer huir) de lo que ya estamos viviendo.
VICA no significa solamente amigarse con la tecnología, tener flexibilidad para los cambios y apertura frente a lo diferente o disruptivo, aunque la inercia nos lleve a adaptarnos a ello, sin remedio.
Lo que en verdad hace falta es trabajar más profundamente en uno. Auto conocernos mejor; afianzar el desarrollo humano como eje del desarrollo laboral, social y familiar, a seguir existiendo de la mejor manera.
También crear conexiones valiosas en los distintos niveles en los que nos desenvolvemos. En un contrasentido, es posible que esto nos lleve a estar más selectivos con los vínculos, incluso a alejarnos de personas muy cercanas del pasado, para abrir nuevas puertas hacia otros y, esencialmente, hacia uno mismo.
Es justo en ese cuadrante de visión, introspección, conocimiento y adaptación (Nuestro propio VICA de reacción), donde se guardan las herramientas para enfrentar el VICA opuesto de la Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y de la Ambigüedad.
No es necesario meterse en un bunker antinuclear: podemos seguir de pie en libertad y desplazamiento público, privado o social, usando ese otro VICA como una potente batería de recursos a nuestro favor.
“Lo que escriba y diga, será la verdad”








