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sábado, marzo 14, 2026
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La farsa de la “guerra contra el narcoterrorismo”

Controversial…

La farsa de la “guerra contra el narcoterrorismo”

Un indulto que exhibe la hipocresía, la falsedad, la omnipotencia

Por: Raúl Sabido

“Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, fue indultado por Donald Trump en este diciembre 2025 en un movimiento directamente vinculado al proceso electoral hondureño. Sus huestes políticas, el Partido Nacional y sus operadores mediáticos, jugaron un papel clave apoyando al candidato oficialista Nasry Asfura, lo que convirtió el indulto en una moneda de cambio político en plena contienda electoral”

La reciente liberación de Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras condenado en Estados Unidos por narcotráfico, es un golpe directo a la credibilidad de la llamada “guerra contra el narcoterrorismo”. Tras haber sido sentenciado a 45 años de prisión por convertir a su país en un NARCOESTADO, según la justicia de los Estados Unidos que lo condenó, Hernández quedó en libertad gracias a un indulto presidencial firmado por Donald Trump.

El mensaje es inequívoco y, lo verdaderamente alarmante, es que la justicia estadounidense termina subordinada a la conveniencia política de un solo hombre, quedando reducida a la impotencia frente a una decisión de la Casa Blanca tan cuestionada, controvertida y corrupta.

El discurso y la realidad

Durante años, Washington ha vendido la narrativa de una lucha implacable contra el crimen organizado y el terrorismo. Sin embargo, esa retórica se desmorona cuando se observa que la ofensiva se concentra en figuras extranjeras, presidentes, capos, carteles, mientras se ignora el corazón del problema que son las redes de distribución y lavado de dinero dentro de Estados Unidos. Los narcotraficantes que abastecen directamente a los consumidores norteamericanos siguen operando sin que exista un plan real para contrarrestarlos. El sistema financiero estadounidense continúa recibiendo miles de millones de dólares provenientes del narcotráfico, sin que haya un intento serio por cortar esos flujos.

Las alianzas incómodas

La contradicción no se limita a América Latina. En Medio Oriente, la administración Trump tejió alianzas con actores que en otros momentos fueron señalados como extremistas y terroristas o responsables de crímenes de guerra, el presidente Sirio hoy aliado de Trump, calificados así por los mismos Estados Unidos. La política exterior estadounidense ha demostrado que la etiqueta de “terrorista” puede borrarse cuando conviene a los intereses geopolíticos, es errática y convenenciera y no es ni ética, ni honorable ni coherente.

El caso del fentanilo y China

Otro ejemplo revelador es la negociación con China. Mientras se declaraba una guerra contra el fentanilo, el opioide que mata a decenas de miles de estadounidenses cada año, Washington presionaba a Pekín para eliminar restricciones a la exportación de los químicos que sirven como materia prima para producirlo. En otras palabras, se facilitó el acceso a las sustancias que alimentan la crisis de sobredosis, priorizando intereses comerciales sobre la salud pública, el pretexto fue la materia prima para la Industria farmacéutica.

Doble rasero y simulación

La liberación de Juan Orlando Hernández y las negociaciones con China muestran que la “guerra contra el narcoterrorismo” es más un espejismo retórico que una política coherente. Se castiga a unos para exhibir fuerza, se perdona a otros por conveniencia política, y se negocia con quienes proveen los insumos que matan a ciudadanos norteamericanos como así los habían catalogado las mismas autoridades de la administración Trump.

La contradicción es brutal

Estados Unidos exige cooperación internacional para combatir el narcoterrorismo, pero tolera que las redes internas sigan asesinando a su propia población y que el dinero sucio se mezcle con su sistema financiero. La liberación de Juan Orlando Hernández no es un hecho aislado, sino el símbolo de una política que ha convertido la “guerra contra el narcoterrorismo” en una farsa hipócrita, donde la justicia y la seguridad se subordinan a los intereses económicos y políticos del momento.

¿Quién es Juan Orlando Hernández?

Presidente de Honduras entre 2014 y 2022, señalado, y sentenciado, por la justicia estadounidense de haber convertido a Honduras en un NARCOESTADO.

Fue condenado en 2024 a 45 años de prisión en EE. UU. por conspiración para importar cocaína, posesión de armas y vínculos con carteles como el de Joaquín “El Chapo” Guzmán, que era su socio en Honduras y se lo comprobaron.

Su figura concentra un enorme peso político y mediático en Honduras porque controla estructuras partidarias, medios afines y redes clientelares que aún operan en el país.

El peso político y criminal

Juan Orlando Hernández no es un actor aislado, su influencia se mantiene a través del Partido Nacional, que gobernó bajo su liderazgo y sigue siendo una fuerza electoral importante.

Su red política está vinculada a operadores mediáticos y empresariales que defienden su legado y buscan mantener cuotas de poder.

En el plano criminal, su condena en EE. UU. lo retrata como un engranaje central en el tráfico de drogas hacia Norteamérica, lo que le da un perfil de figura bisagra entre política y crimen organizado, es un NARCOTERRORISTA según las leyes norteamericanas y, la firma de un solo hombre, lo indulta y lo deja libre.

La Fiscalía estadounidense presentó pruebas contundentes vs Juan Orlando Hernández de que bajo su mandato se facilitaron más de 400 toneladas de cocaína hacia EE. UU. Testigos en el proceso judicial en Nueva York afirmaron que Hernández decía frases como: “Vamos a meterle cocaína hasta por la nariz a los gringos”, reflejando su compromiso con el narcotráfico y, aún con ello, Trump lo indulta.

Juan Orlando Hernández no fue un socio menor del narcotráfico, su papel como presidente convirtió a Honduras en un narcoestado institucionalizado, donde las estructuras del gobierno servían para proteger y facilitar el tráfico.

Su alianza con “El chapo” Guzmán lo colocó como un actor clave en la cadena internacional del narcotráfico, con influencia política, mediática y criminal.

Mensaje implícito

La liberación de juan Orlando Hernández no fue un acto aislado de clemencia, sino un instrumento electoral que buscó inclinar la balanza en forma fraudulenta en Honduras.

“La libertad de Juan Orlando Hernández no es el fin de una condena, sino el inicio de una negociación política que desnuda la hipocresía de la guerra contra el narcoterrorismo donde se castiga a los enemigos, pero se perdona a los aliados cuando conviene a las urnas, sin importar nada que esos perdonados envenenaron a sus ciudadanos

Mientras tanto, en el Caribe se despliega todo un espectáculo bélico con submarinos nucleares, buques de guerra y operaciones que cierran espacios marítimos y aéreos de países soberanos.

La justicia y las leyes en manos de la voluntad de un solo hombre

Lo más grave es cómo queda la justicia de Estados Unidos ante la voluntad de un solo hombre. El indulto destruyó no solo la aplicación de sus propias leyes, sino también la credibilidad de su sistema judicial. La exhibió como incompetente, y sometida al capricho político y, además, reducida a un instrumento que se encuentra por debajo del poder presidencial.

La paradoja es brutal: se hunden lanchitas para la foto, mientras las rutas reales en el pacífico siguen abiertas y protegidas.

“Make America Great Again”