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lunes, marzo 16, 2026
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La justicia secuestrada por la mentira mediática

Controversial…

La justicia secuestrada por la mentira mediática
La derecha mexicana

Por: Raul Sabido

La derecha en sintonía

En tiempos donde la verdad debería ser el pilar de la democracia, asistimos a una ofensiva mediática que la pisotea sin pudor. Desde los sectores más conservadores de la derecha mexicana, en sincronía con los republicanos ultra derechistas de Estados Unidos, se ha desplegado una campaña sistemática de señalamientos no probados contra figuras prominentes de la izquierda y fundadores del movimiento Morena. El objetivo: instalar en el imaginario colectivo la idea de un “narco gobierno” y de una supuesta red de “huachicoleros” incrustada en las entrañas del poder.

Para acusar hay que sustentar la acusación.

Pero ¿dónde están las pruebas? ¿Dónde los expedientes, las investigaciones, los testimonios que sustenten tales acusaciones? No existen. Lo que sí existe es una maquinaria de difamación que opera con precisión quirúrgica: titulares escandalosos, entrevistas con “expertos” sin credenciales, y una narrativa repetida hasta el hartazgo que busca convertir la calumnia en certeza.

Esta estrategia no es nueva.
Ha sido una constante de la derecha.

Es la misma estrategia de la derecha que se ha usado históricamente para desacreditar movimientos populares, líderes progresistas y voces disidentes. Se trata de una forma de persecución política que no necesita tribunales, porque se ejecuta en los medios, en redes sociales, en columnas pagadas y en foros donde la verdad es lo de menos.

Tenemos claros ejemplos actuales cuando se utiliza el narcotráfico como excusa para denigrar, asesinar o invadir un país, o como LAWFARE en persecuciones jurídicas sin sustento legal establecido.

Quienes promueven esta táctica merecen ser llamados por lo que son: inquisidores modernos, prevaricadores mediáticos, persecutores sin causa. No buscan justicia, buscan venganza. No les interesa el Estado de Derecho, sino el control del relato. Y en ese afán, están dispuestos a encarcelar reputaciones, destruir trayectorias y sembrar el miedo entre las mayorías que creen, y luchan, en la transformación del país.

La ciudadanía debe estar alerta. Porque cuando se normaliza el juicio sin pruebas, se abre la puerta al autoritarismo, y esto es lo que supuestamente están en contra los opositores de la derecha mexicana. Porque cuando se permite que la calumnia sustituya al debate y la justicia se empobrece la democracia y el estado de derecho.

Hoy más que nunca, defender el derecho a la presunción de inocencia, exigir pruebas antes de condenas, y desenmascarar a los falsos justicieros es un acto de responsabilidad cívica. No se trata de proteger a nadie por afinidad política, sino de proteger el tejido democrático de una nación que no puede permitirse volver a los tiempos del linchamiento.

La hipocresía de la derecha mexicana.

En el teatro político mexicano, hay actores que dominan el arte de la hipocresía. La derecha conservadora, que con frecuencia lanza acusaciones sin sustento contra líderes de izquierda, se convierte en víctima autoproclamada cuando las investigaciones apuntan hacia sus propios cuadros. Basta que se abran carpetas de investigación, con pruebas, testimonios y hechos documentados, para que griten “¡persecución política!” y se envuelvan en la bandera del martirio.

Pero lo más perverso es que cuando son señalados con base legal se victimizan y deslegitiman el proceso judicial.

La izquierda, por su parte, ha demostrado una ética distinta. No acostumbra a denostar sin pruebas. Cuando señala, lo hace con sustento, con datos, con contexto. No recurre al linchamiento mediático como herramienta de poder, sino a la crítica fundamentada como ejercicio democrático. Y cuando enfrenta señalamientos, exige que se presenten pruebas, y no una narrativa fabricada en laboratorios de propaganda.

La ciudadanía debe aprender a distinguir entre la justicia y el espectáculo. Entre el juicio legal y el juicio mediático. Porque si permitimos que la mentira se disfrace de verdad, y que el culpable se escude en el grito de la persecución estaremos aceptando que la justicia la dominen los farsantes, destruyendo nuestra democracia que hoy estamos perfeccionando.

El espejismo mediático de la oposición:

En su afán por conquistar la atención pública, los políticos opositores han convertido lo mediático en su principal herramienta.

Sin embargo, lejos de fortalecer su presencia, esta estrategia los ha empujado hacia una acelerada irrelevancia. Invierten fortunas en campañas, apariciones y figuras mediáticas que brillan más que sus propuestas, mientras su discurso político se diluye entre escándalos y superficialidad. El resultado: una oposición cada vez más pequeña, más fragmentada, y más dependiente de quienes lucran con su desesperación por ser vistos. En este juego, los únicos que ganan son los mediáticos; los políticos de la derecha en cambio, caminan, y los llevan, con su ineficiencia en el marketing político, hacia el precipicio de su propia desaparición.