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martes, marzo 17, 2026
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La maestra que venció al soberbio grupo Atlacomulco

SERGIO ARMANDO López-Castillo

Delfina Gómez Álvarez es un nombre que los mexiquenses de Edomex y allende de sus límites territoriales, comenzará a escuchar recurrentemente en las próximas semanas, días, meses y años; es el de la maestra de primaria que el pasado domingo hizo historia: Derrotó al dinosaurio priista de Atlacomulco que llevaba casi un siglo de ostentar el poder en esa entidad.

No hace mucho, colegas periodistas de distintos medios del Estado de México, a quienes tuve el gusto de tratar hace tiempo por medio de una amiga – Ya fallecida- de los medios de comunicación de allá, me dieron buenas señas de esta mentora, sencilla, afable, organizada y disciplinada, como toda buena profesora en este, nuestro México.

Por ellos (as) supe de una Delfina niña, que en su momento le enseñaba a leer y a escribir a su mamá, doña Catalina Álvarez. Y de que prácticamente su vida empezaba con la muerte de cuna de su hermana Beatriz Gómez, suceso que, entre algunos otros, debió haber marcado a Gómez Álvarez para la formación de su carácter y temple.

La información de la maestra Delfina que en aquella oportunidad me dieron los comunicadores y reporteros mexiquenses, despertaron cierto interés de este redactor por saber más de la entonces incipiente trayectoria de esta mujer y su destino que la política le deparaba. Fue como un gancho para presentar los orígenes de hoy hija predilecta de Texcoco, Estado de México,

Es decir, para seguir indagando y conociendo su vida y obra, así como de algunos de los suyos en la familia, como el caso de las andanzas de su padre, José Guadalupe Gómez, de oficio albañil. Para poder saber y hablar, también, de su abuelo Delfino Gómez y sus leyendas de fantasmas que contaba en la oscuridad, con una vela encendida en la casa paterna.

O bien, para hablar de Arteaga 48, una casa en el centro de Texcoco, construida a tabique pelón, donde hace 60 años, una partera ayudó a que naciera la beba Delfina,  quien ya en la etapa de niñez, en la maravillosa infancia, la maestra en ciernes, contaba a sus amigos y cercanos (as), de cuando jugaba con las hormigas, o de la ocasión en la que un herrero le regaló un columpio, o cuando lloró en su primer día de escuela.

También, cuando acompañaba a sus familiares a vender pan en un triciclo o cuando caminaba hasta La Villa. Porque si algo le gusta a la maestra Gómez, es caminar harto, lo cual se demostró, para sorpresa de propios y extraños, ahora en las recientes dos campañas por la gubernatura de su estado, la primera en 2017, y ésta, la “buena”, la efectiva del 2023.

Por lo mismo, pienso, que le tiene sin cuidado no saber manejar un auto, lo cual también es verdad, aunque poco o nada le harán falta cuando comience a gobernar el Edomex, donde no le faltará la ayudantía d algún miembro de los siervos de la nación o del pueblo bueno, de esa demarcación.

De acuerdo a mis interlocutores informantes, en los archivos que desaparecieron por culpa de un virus de antaño – No del moderno Covid del 2019-, se contaba, además, la muerte de don Delfino y la vez, sobre de que su padre le dijo que ya no tenía dinero para que ella siguiera estudiando.

En ese entonces, Delfina tendría 13 o 14 años, y cursaba la secundaria y, a la vez, era catequista.

Que ya no hubiera dinero en casa para estudiar, forzó a Delfina a buscar trabajo. Encontró un empleo en la Óptica Dorantes, lugar donde su labor consistía en cuidar de los niños, llevarlos a natación y ayudarles a hacer la tarea.

Aunque era muy jovencita, le decían Mami Delfis. Así, impartiendo clases particulares a otros chicos, obtenía el dinero que le faltaba para sacar las copias de libros y para comprarse zapatos.

Me contaron que también trabajó en una farmacia. De lo que no hay error, es, de que en el archivo que se perdió Delfina, fue que era la estrella del equipo de básquet femenil de la escuela Normal del Estado de México.

De ese modo, a la joven Delfina Gómez, se veía compitiendo en torneos más profesionales. Fue entonces que le detectaron un problema auditivo, y aunque la operaron de eso en la Clínica 25 y sorteó muy bien la convalecencia, el médico le sugirió hacer una vida más sedentaria.

Fue así, que para bien, sustituyó el deporte con más estudio.

Más tarde, cuando se convirtió en profesora, y que no invitó a nadie a su examen profesional, justificaba su actitud con la confesión de que: “Me dio miedo reprobar”. Así le dijo Delfina en una ocasión a varios de los colegas que la entrevistarían en aquel confuso y difícil año político 2017, cuando abría la brecha al morenismo del Edomex, y tal vez sin proponérselo, al Movimiento de Regeneración Nacional de Andrés Manuel López-Obrador, para el siguiente paso, como fue la contienda presidencial histórica del año siguiente (2018).

En una de las libretas de la reportera amiga citada líneas arriba, donde la mujer hizo anotaciones, leí que la maestra Delfina con sus primeros sueldos del magisterio, fue que ella contrató y pagó la línea telefónica en la casa familiar.

En esas libretas están también, apuntes sobre la muerte de su padre por enfisema pulmonar. Está, igualmente, la muerte de su madre, siete años después, por depresión; está asimismo, la vez que perdió su equipaje en Cuba y que estaba esa mañana en una iglesia de Mérida, cuando Delfina se quedó hablando con una desconocida que necesitaba consuelo urgente.

Más adelante se puede encontrar, también, los nombres de los perros callejeros que la maestra había adoptado a lo largo de los años: “Democracia”, “Gremlin”, “el Canelo”, “Duvalín”, “La Ónix”, “Tobías”, “Rudy” o “El Oso”, y un “Alaska” que ha sido el único, comprado.

De igual forma, en esos archivos reporteriles, rescatados, nos enteramos de datos sobre la invitación que Higinio Martínez y Horacio Duarte le hicieron a Delfina Gómez, para que fuera candidata a la alcaldía de Texcoco, más atrás.

Todo empezó cuando la maestra le pidió ayuda a Martínez para un niño que sufría una enfermedad incurable. La amistad creció entre Delfina y el jefe político del Grupo Texcoco. “El doctor me invitó a la política, pero nunca pensé que quería que fuera para alcaldesa”, confesó para esos apuntes.

El archivo incluía diferentes crónicas de campaña. En ellas, los mexiquenses describían los problemas que los aquejan todavía hoy —feminicidio, inseguridad, extorsiones, falta de agua, pavimentación, drenaje, transporte—, y también, cómo se le acercaban los habitantes de esa demarcación a Delfina, para tocarla, tomarse una selfie o regalarle muñecos de peluche y estampitas religiosas.

En fin. Esa mujer, la del fleco pintado y sonrisa franca. La que compró un carro por financiamiento en una agencia automotriz, pero que nunca aprendió a manejar. A la que no le gusta traer escoltas. La cinéfila que tiene a ‘La vida es bella’ entre sus películas favoritas, es la maestra Delfina Gómez Álvarez, de quien en un mediano y largo plazos, habrán de escribirse muchas cosas más.