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domingo, marzo 15, 2026
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La narrativa Trump

Controversial…

La narrativa Trump
Del fascismo de Hitler al fascismo de Trump

Por: Raúl Sabido

En medio de la tensión que sacude a Los Ángeles tras los recientes brotes de violencia, la derecha Trumpista ha desplegado una narrativa tan vieja como eficaz, el convertir al migrante en chivo expiatorio.

Estratégicamente a través de gráficas cuidadosamente distribuidas mediáticamente en plataformas afines donde aparecen la bandera de México, el símbolo comunista y la imagen genérica de un supuesto migrante violento buscando instalar la idea de que la culpa no es del racismo estructural de la derecha norteamericana, o de la desigualdad o de la falta de oportunidades, sino del migrante latino que es identificado por Trump como el terrorista, el narcotraficante, el criminal violento, el invasor.

La narrativa que no requiere precisión

Donald Trump ha sabido jugar esta carta mediática en momentos estratégicos desde su campaña política por su segundo mandato. Su narrativa no requiere precisión, solo necesita repetición. En discursos y entrevistas ha calificado las protestas en California como disturbios organizados por “grupos radicales respaldados desde el exterior”, omitiendo el hecho contundente de que la gran mayoría de los detenidos no solo eran residentes legales, sino ciudadanos estadounidenses.

La estrategia de Trump es más que clara

La aparición de los tres símbolos, la bandera mexicana, la comunista y el rostro del migrante violento, no es casual, sino son construcciones simbólicas que condensan la retórica del miedo y el fantasma del comunismo que es usada para agitar las aguas del nacionalismo paranoico tal como lo ha hecho la derecha en México, utilizando al comunismo como narrativa fantasmal de miedo, un fantasma que solo existe ya en sus mentes enfurecidas, intoxicadas por el odio.

La vos de la presidenta Sheinbaum

Mientras tanto, el gobierno mexicano ha elevado su voz en foros diplomáticos y a través de sus consulados, exigiendo respeto y protección para sus connacionales. Pero las embestidas de Trump no buscan diálogo, sino polarización y justificación para erradicar al migrante de los Estados Unidos. Trump siempre apuntará sus complejos contra los más vulnerables porque sabe que es más fácil ganar votos con miedo que con propuestas y, en el vulnerable, la respuesta será más lenta y descoordinada, sin capacidad de daño político…. Hasta ahora.

Esta narrativa no debe tomarse a la ligera

No se trata solo de discursos, sino de acciones inhumanas que se ejecutan en redadas, detenciones arbitrarias, separación de familias y leyes que criminalizan la migración, es por eso que desmontar esa narrativa no es solo un ejercicio interno, sino una urgencia ética y humanista de alcance global, porque el latino, y el mundo, están sido afectados por los complejos y perversidades de Trump.

Porque detrás de cada símbolo exhibido hay mensajes de odio, de racismo y fascismo en práctica por la supuesta nación exportadora de democracia y de libertades, el orgullo de la derecha, “el candil de la calle, con oscuridad en su casa”.

Del fascismo de Hitler al fascismo de Trump

Cuando Donald Trump reapareció en la escena política con una retórica más agresiva, muchos lo vieron como una anomalía pero, para quienes conocen la historia del siglo XX, su discurso no suena nuevo, les suena peligrosamente familiar.

El fascismo de Adolf Hitler no comenzó con campos de concentración, sino con palabras. Con la construcción de un enemigo interno, con la exaltación de una identidad nacional “pura” y con la promesa de restaurar una grandeza perdida. Trump ha seguido ese libreto con precisión quirúrgica ya que ha señalado a los migrantes como invasores, ha demonizado a los medios como “enemigos del pueblo” y ha promovido una lealtad personal por encima de las instituciones democráticas, Trump cultiva el culto a su egocentrismo exacerbado, exactamente como lo hizo Adolf Hitler.

Ambos líderes utilizaron el miedo como combustible

Hitler hablaba del “judío internacional”; Trump del “ilegales que infectan nuestra nación”. Ambos construyeron movimientos centrados en su figura, cultivando un culto a la personalidad que desdibuja la línea entre líder y salvador. Y ambos despreciaron los contrapesos democráticos, recordemos que Hitler disolvió el Reichstag y Trump intentó deslegitimar elecciones y presionó a jueces y funcionarios para que se alinearan con su causa en su momento cuando perdió ante Biden.

Por supuesto, las diferencias son claras, Trump no ha desatado una guerra mundial ni ha cometido genocidio pero, el fascismo no se mide solo por sus consecuencias extremas, sino por sus métodos. La manipulación del lenguaje, la creación de enemigos imaginarios, la exaltación del líder y la erosión sistemática de la verdad marcan el proceder y el objetivo.

Hoy, cuando vemos en Los Ángeles una narrativa que mezcla banderas mexicanas, símbolos comunistas y rostros de migrantes como si fueran sinónimos de violencia, no estamos ante una simple campaña política mediática, estamos ante una estrategia de narrativa propagandista que recuerda los peores capítulos de la era Nazi.

Cuando proteger se convierte en delito

La amenaza lanzada por Donald Trump y su “zar de la frontera”, Tom Homan, de arrestar al gobernador de California y a la alcaldesa de Los Ángeles por “excederse” en la protección de migrantes, marca un punto de inflexión muy alarmante porque no se trata solo de una disputa política sino que es un intento de criminalizar la compasión y de castigar al opositor.

Gavin Newsom y Karen Bass (ambos Demócratas) no han hecho otra cosa más que cumplir con su deber, proteger a sus comunidades, garantizar derechos y resistir la militarización de sus ciudades pero, en la lógica autoritaria de Trump, eso equivale a comunismo y traición a las libertades.

La amenaza de arresto no es solo una advertencia legal, es un mensaje político donde nadie está a salvo si se interpone en la narrativa y la cruzada facciosa de Trump.

La estética del poder no es inocente
Los regímenes autoritarios del siglo XX entendieron que la imagen podía ser más poderosa que la palabra. Los desfiles de Hitler no eran simples celebraciones, eran coreografías de obediencia, demostraciones de fuerza, y rituales de culto a la personalidad.
Hoy, en pleno 2025, vemos cómo se organiza un desfile militar en Washington D.C. el 14 de junio, coincidiendo con el cumpleaños del presidente Donald Trump. Más de 6,000 soldados, tanques, aviones de combate, y una narrativa de grandeza nacional se despliegan en las calles de la capital estadounidense.
¿Es solo una coincidencia? ¿O estamos presenciando una puesta en escena cuidadosamente diseñada para proyectar vanidad, egocentrismo, poder, unidad y control?
La historia puede repetirse y a veces rima, y cuando el espectáculo se convierte en doctrina, conviene mirar con atención lo que se celebra… y lo que se silencia.