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sábado, marzo 14, 2026
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La prudencia como victoria silenciosa

Controversial…

La prudencia como victoria silenciosa

El prudente silencio que desnudó a la derecha mexicana

Por: Raúl Sabido

Sin masas no hay mártires, solo ridículo

La Ciudad de México amaneció hoy con dos convocatorias que prometían ser el despertar de una generación inconforme, decían. Una, organizada por “GenZ Mx” en la Universidad Nacional Autónoma de México; la otra, impulsada desde los medios de comunicación, comentaristas, conductores, columnistas de Ricardo Salinas Pliego, con punto de partida en el Ángel de la Independencia, con la intención declarada de llegar al Zócalo. Ambas terminaron en lo mismo: el vacío, el desprecio.

En la UNAM, ni un alma se presentó. En el Ángel, apenas un puñado de menos de doscientas personas se congregó, insuficiente para sostener la narrativa de una movilización masiva. El fracaso fue tan evidente, pero más allá de la anécdota numérica, lo que merece atención es el significado político de la ausencia.

Los jóvenes, tantas veces acusados de apatía, hoy demostraron algo extremadamente distinto: prudencia. Rehusaron convertirse en carne de cañón de agendas ajenas, se negaron a ser instrumentalizados por organizadores que no lograron articular un proyecto claro ni convincente. La decisión de no asistir fue, en sí misma, un acto político.

En tiempos donde la protesta suele medirse por el número de asistentes y la espectacularidad de las imágenes, el silencio y la ausencia pueden ser más elocuentes que cualquier consigna. Una parte de la juventud mexicana, al darle la espalda a estas convocatorias que apoyaron el 15n, envió un mensaje: no basta con gritar, hay que saber por qué y para quién se grita, y ya hoy lo saben, al parecer les quedó mas que claro.

El fracaso de estas marchas no es solo de quienes las promovieron, sino también una advertencia para quienes creen que las nuevas generaciones son fácilmente manipulables. La prudencia, esa virtud tantas veces subestimada, se convirtió hoy en la forma más contundente de resistencia.

El cálculo político detrás del fracaso

Cabe precisar que, por lógica, los jóvenes habrían sido quienes acudieran a la convocatoria en la UNAM. Sin embargo, la ausencia total confirma que esa generación optó por la prudencia y se negó a ser utilizada. En contraste, la marcha que partió del Ángel de la Independencia reunió a un grupo no tan joven, lo que revela que el verdadero músculo de la convocatoria no estaba en la juventud, sino en sectores más maduros que respondieron a la insistencia mediática del empresario Ricardo Salinas Pliego.

La decisión de iniciar la marcha en el Ángel y dirigirla hacia el Zócalo no es un detalle menor. Se trataba de un gesto cargado de simbolismo y de cálculo político. El Ángel, emblema de las grandes movilizaciones ciudadanas, es un punto de partida que busca legitimidad histórica. El Zócalo, por su parte, es el corazón del poder político y militar, donde Salinas Pliego sabía que se encontrarían con las fuerzas armadas bajo el mando de la presidenta de la República.

Desde un punto de vista político, la estrategia parecía orientada a provocar un enfrentamiento: medir fuerzas, tensionar el espacio público y exhibir al Estado como represor en caso de que hubiera una respuesta contundente por parte del ejército. Desde un ángulo psicológico, la insistencia revela una pulsión de desafío, una necesidad de confrontar directamente al poder presidencial, incluso a costa de arriesgar a los asistentes, pero eso no le importa a Salinas Pliego, siempre ha manifestado desprecio hacia los que considera menos que él, incluso hacia sus mismos clientes de sus empresas.

El fracaso de la convocatoria, sin embargo, desnudó la fragilidad de ese cálculo. Sin masas que lo respaldaran, el intento quedó reducido a un gesto vacío. La ausencia de jóvenes fue decisiva: ellos comprendieron que no había causa legítima que justificara exponerse a un choque con las fuerzas armadas. La prudencia juvenil se convirtió en el límite infranqueable de la estrategia empresarial.

En suma, lo que se pretendía como una demostración de fuerza terminó siendo una radiografía de intenciones. El perfil de la decisión de Salinas Pliego muestra un afán de protagonismo político y un impulso de confrontación psicológica con el poder, pero también evidencia que, sin legitimidad social, cualquier intento de movilización está condenado al fracaso.

El silencio de los fósiles políticos

Lo más llamativo de esta jornada fue la ausencia de los viejos actores de siempre, esos fósiles políticos que acostumbran a aparecer en cada concentración multitudinaria de la derecha para posar en la foto. Esta vez, ni de locos, se acercaron a alguno de los puntos de convocatoria.

La memoria reciente pesa demasiado. En la marcha del 15N, pese a contar con un respaldo de poco más de 17,000 participantes, terminaron retirándose antes de llegar al Zócalo. Sabían lo que sucedería, conocían el libreto de la obra violenta que se intentaba montar. Los propios marchistas se dieron cuenta de la cobardía de esos dirigentes de la derecha, observaron que estaban siendo manipulados y conducidos como carne de cañón hacia un escenario de confrontación.

La ausencia de hoy no fue casualidad, fue cálculo. Los fósiles políticos entendieron que repetir el ridículo sería insostenible y prefirieron mantenerse al margen. Su silencio, más que prudencia, fue la confirmación de que la narrativa de la derecha carece de fuerza real y depende de la manipulación y el sacrificio ajeno para sostenerse.

Con ese antecedente, era evidente que no iban a arriesgarse al ridículo de aparecer en una movilización que desde el inicio mostraba signos de fracaso. Su expectativa era clara: esperar que se detonara un enfrentamiento, que surgieran mártires, que el choque con las fuerzas armadas diera combustible a su narrativa. Pero nada de eso ocurrió.

El resultado es contundente

Quedó demostrado el verdadero alcance de la derecha. Las expectativas eran muchas, las necesidades de confrontación estaban a flor de piel, pero al final se quedaron chiflando en la loma, con las ganas de un conflicto que nunca llegó.

La ausencia de los liderazgos de la derecha no fue casualidad, fue cálculo obligado. Y ese cálculo revela que se dieron cuenta que la legitimidad no se construye con provocaciones, ni manipulaciones con mentiras, y mucho menos con la esperanza de que otros pongan el cuerpo para su causa.

¡Lástima Margaritos!

“GenZ Mx” nunca existió como movimiento auténtico: el contrato de 2.175 millones de pesos anuales pagados a Edson Andrade por el PAN, promovente del movimiento, exhibido por Luisa María Alcalde, es la prueba irrefutable de que detrás de esa máscara juvenil no había convicciones, sino dinero y manipulación.

Este hecho es clave en el fracaso de la convocatoria porque desmonta la narrativa de “GenZ Mx” como un movimiento juvenil “espontáneo”. La evidencia muestra que se trataba de un membrete fabricado, financiado directamente por el PAN, y con Andrade como rostro visible. La denuncia de Alcalde no solo expuso el contrato, sino que también puso en entredicho la autenticidad de la convocatoria que se intentó presentar como genuina.

Al descubierto la trama del membrete

Desde un ángulo político, un pago millonario revela la estrategia de la oposición: invertir grandes sumas en figuras juveniles para simular legitimidad social. Y también desde un ángulo psicológico, exhibe la fragilidad de ese intento puntualizando que sin respaldo real en las calles, el dinero no logra sustituir la convicción ni la credibilidad.

Al joven Edson Andrade, la vergüenza de haber sido descubierto lo obligó, según sus propias palabras, a salir del país. La mentira y la máscara con las que intentó manipular a jóvenes como él se derrumbaron, y con ello quedó al desnudo el PAN, exhibido en su estrategia de disfrazar intereses partidistas como causas juveniles.

Una vez mas al descubierto como MENTIROSOS.