A principios del siglo XX, nuestro país vivía una situación política, social y económica crítica, pues Porfirio Díaz se había perpetuado en el poder; la mayoría de la población era pobre y analfabeta; y la riqueza estaba concentrada en unas cuantas manos.
En consecuencia, estalló la Revolución Mexicana, un movimiento armado que representó la lucha campesina y obrera del país por condiciones de vida y trabajo más equitativas.
Asimismo, entre los grupos revolucionarios destacaron principalmente los villistas y zapatistas, quienes abogaban por la restitución de la tierra.
Igualmente, esta consigna, la de darle tierra a los desposeídos, fue condición indispensable para la pacificación del país y el restablecimiento de un gobierno nacional, encarnado por el entonces presidente Venustiano Carranza, quien promulgaría en 1915 la Ley Agraria, restituyendo tierras y aguas a campesinos, ejidatarios y comuneros a lo largo y ancho del territorio nacional, haciendo realidad la Reforma agraria.
Dos años más tarde, se plasmarían, en el artículo 27 de la Constitución de 1917, las bases de la Reforma agraria en México, estableciendo que a la nación le correspondía el dominio territorial y era ésta quien concedía la propiedad a los particulares.
Posteriormente, en 1934, en el mandato de Abelardo L. Rodríguez, se reformó dicho artículo creando el ejido y estableciéndose el procedimiento para el reparto agrario.
Ese mismo año, con la llegada del general Lázaro Cárdenas a la presidencia, se marcó un hito en el reparto agrario, pues se beneficiaron a más de 51 mil 400 campesinos con 18 millones de hectáreas de tierra.
A más de un siglo de la restitución y repartición de tierras, expertos señalan que no se logró del todo el objetivo de impulsar el desarrollo del campo mexicano por varias razones.
Una de las más importantes fue que los campesinos se toparon con la dificultad de sumarse a las nuevas exigencias del mercado capitalista, compitiendo en franca desventaja con los empresarios agrícolas.
Por último, el desarrollo rural fue marginado de la industrialización que experimentó el país en el siglo XX.
Y fue así como consecuencia de la Revolución Mexicana, la Reforma agraria repartió tierras a campesinos de todo el país a partir de la Ley Agraria de 1915.








