Controversial…
La súplica al Imperio
La oposición mexicana suplica intervención para recuperar el poder.
Por: Raúl Sabido
“Cuando se pide a otro país que venga a poner orden, lo que se está confesando, y exhibiendo, no es debilidad del estado, sino la desesperación por no poder ganar en las urnas.”
En la historia de México hay episodios que laceran la dignidad de los mexicanos por su servilismo utilizado. Uno de los más infames ocurrió en el Castillo de “Miramar”, en Italia, cuando los conservadores mexicanos, derrotados y desesperados, viajaron a suplicar a Maximiliano de Habsburgo que aceptara ser emperador de México. No lo hicieron por amor a la patria, sino por odio a quienes ostentaban el poder en ese momento y al pueblo que los apoyaba.
Hoy, 161 años después, ese mismo actuar antinacional se revive cuando figuras de la oposición mexicana acuden a medios estadounidenses para implorar una intervención extranjera, disfrazada de “ayuda contra el narcotráfico”, con el mismo objetivo de entonces, retomar el poder sin pasar por las urnas.
La historia no se repite, pero a veces se disfraza. Esta vez no hay castillo, pero sí cámaras HD, micrófonos de estudio y editoriales en inglés. No hay emperador europeo, pero sí congresistas norteamericanos dispuestos a jugar al sheriff hemisférico. Y no hay telegramas, pero sí tuits, entrevistas y columnas que claman por una “acción urgente” en México.
El guion es exactamente el mismo, deslegitimar al gobierno, declarar al país como fallido y abrir la puerta a la tutela extranjera, convertirse en súbditos del imperio, y no les importa serlo a los conservadores de la derecha con tal de que les entreguen el poder.
Lo que está en juego no es el combate al narcotráfico. Si así fuera, Estados Unidos tendría que explicar por qué negocia con narcoterroristas y, además, protege a los líderes del Cártel de Sinaloa y porque albergó, con todos los beneficios, a sus familiares directos que habían sido catalogados como los más violentos y empresariales de México, los culpables de intoxicar a millones de estadounidenses, catalogados como terroristas. Lo que está en realidad en juego es la soberanía. Y lo que se está intentando por los opositores es una regresión autoritaria, disfrazada de cruzada moralista.
La estrategia del caos
La derecha internacional, siempre dispuesta a financiar narrativas desestabilizadoras, ha desplegado su logística mediática para amplificar esta campaña. No es casual que las voces opositoras más estridentes coincidan en sus apariciones en medios como Fox News, The Wall Street Journal o CNN en español en contra de México. No es coincidencia, es coordinación.
Los gritos y el silencio
Un caso paradigmático es el de la senadora Lily Téllez, quien ha fungido como vocera informal (¿) del empresario Ricardo Salinas Pliego. Pero no estamos hablando de un simple magnate con intereses mediáticos. Salinas Pliego fue uno de los patrocinadores principales del Baile Oficial de la Comunidad Hispana en Washington D.C., evento celebrado para conmemorar la toma de posesión de Donald Trump. No conforme con eso, también financió la cena de gala organizada por la American Society of México en honor al nuevo embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, un ex boina verde y exagente de la CIA. ¿Casualidad? Difícil creerlo. Lo que se perfila y exhibe es una red de influencia transnacional que conecta a la oposición mexicana con los sectores más duros del trumpismo.
¿Y qué hizo Téllez? En entrevistas recientes, denunció la supuesta “complicidad” del gobierno mexicano con el crimen organizado sin sustento alguno, mientras implícitamente pedía a Estados Unidos que “actúe” para proteger a los mexicanos. ¿Actúe cómo? ¿Con tropas? ¿Con sanciones? ¿Con tutelaje político? El mensaje es claro: si no pueden ganar en las urnas, buscarán ganar por intervención y, al estar acabados, y a punto del exterminio, están desesperados.
La hipocresía de quien suplica intervención
No deja de ser revelador que los nombres que emergen, a la opinión pública, en los escándalos por nexos con el crimen organizado provengan, en su mayoría, de las filas del PAN, una realidad que no toca la Senadora del PAN Lily Téllez, como el caso de Sergio Agustín Taboada Cortina que es gravísimo, es un caso que ha generado una fuerte controversia política, especialmente por el vínculo familiar (hermano) con Santiago Taboada (Cártel Inmobiliario), exalcalde de Benito Juárez y figura destacada del PAN, ex candidato a la jefatura de la CDMX. Además, se ha informado que Sergio Agustín Taboada enfrenta una orden de aprehensión emitida por la FGR.
¿Traición a la patria?
El artículo 123 del Código Penal Federal establece que incitar a una potencia extranjera a intervenir en los asuntos internos de México puede constituir traición a la patria. Y el artículo 39 constitucional lo deja aún más claro: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo” y no en Washington, no en Langley, no en Miami, no en Davos.
¿Estamos ante una violación flagrante? La pregunta no es retórica. Es jurídica. Y es urgente aplicar.
Porque más allá de la indignación, lo que está en juego es el principio elemental de que los problemas de México se resuelven en México, por los mexicanos, y a través de las instituciones que nos hemos dado. Hacer lo contrario es rendición.
El voto o el chantaje
La oposición sabe que no puede ganar en las urnas. Lo ha intentado y ha fracasado. Por eso ahora apuesta al chantaje internacional, a la narrativa del colapso, al espectáculo de la súplica al imperio. Pero cada vez que lo hace, revela su verdadera intención de que los impongan.
Y eso, en cualquier democracia, es inadmisible.
La historia no absuelve a los que venden la patria. No lo hizo con los conservadores que suplicaron un emperador en Miramar, y no lo hará con quienes hoy imploran a Washington que les devuelva el poder que el pueblo les negó. No hay mayor traición que disfrazar el deseo de dominación con el ropaje de la salvación. No hay mayor cobardía que pedirle al extranjero lo que se les negó en las urnas. Y no hay mayor peligro que normalizar esa súplica como si fuera legítima.
Porque quien llama a otro país para poner orden en el suyo, no está pidiendo ayuda, está entregando a la nación.
La patria no se mendiga, se defiende. Y quien la entrega, merece ser recordado no como adversario político, sino como traidor a la patria. Son una amenaza latente para el país porque hacen todo a su alcance para que a México le vaya muy mal.
Han vendido su alma y dignidad a Satanás.








