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sábado, marzo 14, 2026
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La tentación opositora por la invasión

Controversial…

La tentación opositora por la invasión

“Destino Manifesto” – “Make America Great Again”

Por: Raúl Sabido

México ya sabe lo que significa ser invadido: perder tierra, perder dignidad, perder futuro. La invasión estadounidense de 1846–1848, que nos arrebató más de la mitad del territorio, es una de esas heridas que no cicatrizan. Aquella experiencia dejó claro lo que significa perder soberanía: propiedades confiscadas, negocios desplazados, ciudadanos reducidos a extranjeros en su propia tierra. Fue un despojo que marcó generaciones.

El Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), donde México “cedió” más de la mitad de su territorio (California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de Colorado y Wyoming) con un intercambio de 15 millones de dólares, fue negociado por los conservadores Luis Gonzaga Cuevas, Bernardo Couto y Miguel de Atristain, nombrados por el presidente mexicano, pragmático liberal moderado, José Joaquín de Herrera. No fue únicamente la fuerza extranjera, fueron también los apátridas de entonces quienes, disfrazados de negociadores, entregaron lo que no les pertenecía.

La invasión estadounidense de México en 1846–1848 se debió principalmente al expansionismo de Estados Unidos bajo la doctrina del “Destino Manifiesto” y al conflicto por la anexión de Texas en 1845, que México nunca reconoció. El objetivo era apoderarse de territorios como California y Nuevo México, que Washington ya había intentado apropiarse mediante el chantaje y la indigna opción de compra.

La analogía de la historia en el presente

“Make America Great Again” (MAGA)

Hoy, una minoría de mexicanos parece añorar ese escenario. No se trata únicamente de reclamar privilegios perdidos, como ellos sublimemente lo manifiestan. Lo que buscan es mucho más grave: pretenden que se les entregue el poder que no han podido ganar, ni ganarán, en las urnas, a cambio de nuestra soberanía y de nuestras riquezas naturales. Ejemplifican lo que recientemente los opositores venezolanos le ofrecieron a Trump: la invasión de su país a cambio del poder para ellos, para María Corina Machado, Edmundo González Urrutia, Leopoldo López, Juan Guaidó y Henrique Capriles Radonski, y la entrega de su riqueza petrolera, la reserva de petróleo más grande del mundo.

La gravedad del anhelo conservador

Restituir privilegios sería ya un retroceso, pero lo que está en juego es la intencionalidad de la entrega del poder político y económico a quienes no cuentan con respaldo democrático. Los conservadores mexicanos, PRI-PAN, han ofrecido abrir la riqueza natural de México, algo que para Trump y los Estados Unidos es en extremo prioritario para su expansionismo. Los Estados Unidos lo necesitan para mantener su hegemonía y los conservadores mexicanos lo ofrecieron.

Atajo antidemocrático

Al invocar la idea de una intervención extranjera, estos grupos buscan saltarse el veredicto ciudadano, que una, y otra vez, les ha negado el acceso al gobierno desde que fueron expulsados de él en 2018.

Consecuencias inevitables para los ciudadanos

Una invasión no distingue entre aliados y opositores. Todos los ciudadanos sufrirían la pérdida de derechos, de patrimonio y de voz política.

La analogía contundente

Aceptar la invasión sería como abrir la puerta de tu hogar a un ladrón: no solo se lleva tus muebles (privilegios), sino que se sienta en tu mesa y dicta las reglas (poder). Tú, el dueño legítimo, quedas relegado a obedecer órdenes en tu propio hogar. Y lo más grave: ya no puedes decidir ni siquiera sobre tu futuro, porque otro lo hará por ti.

Reflexión obligada

La democracia mexicana, con todos sus defectos, es el único mecanismo legítimo para acceder al poder. Quienes sueñan con una invasión extranjera, como los conservadores derechistas del PRI y del PAN, no buscan justicia ni restitución, lo que buscan un atajo antidemocrático que les entregue lo que el pueblo les ha negado y, en ese camino, ponen en riesgo no solo la soberanía, sino la dignidad y el patrimonio de millones de mexicanos que, por cierto, poco les ha importado mientras han incrementado el suyo.

El espejismo de los apátridas

La historia de México nos recuerda que las invasiones nunca traen justicia ni prosperidad, sino despojo y humillación. La guerra de 1846–1848 con Estados Unidos nos arrebató más de la mitad del territorio y convirtió a miles de mexicanos en extranjeros en su propia tierra. Fue una lección brutal: cuando un país entrega su soberanía, pierde también su dignidad, la historia nos lo recuerda.

Hoy, una minoría de mexicanos apátridas, conservadores de la derecha y ultraderecha, serviles al poder expansionista de los Estados Unidos, pretende repetir la tragedia. No se conforman con reclamar privilegios caducos: quieren el poder que no han podido ganar, ni ganarán, en las urnas.

La soberanía no se negocia. Se defiende. Y quienes sueñan con entregarla no son opositores: son traidores a la patria y, quienes sirven a estos son servidumbre  de ignorantes útiles.

La historia mexicana ha sido implacable con quienes son vistos como traidores a la patria. Los apátridas de hoy corren el mismo destino que los traidores de ayer: nunca logran consolidar poder y quedan marcados por la, y la sociedad los repudia.