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miércoles, marzo 18, 2026
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Luz Estela “Lucha” Castro

Participación de Mitzy Paola Alvarado Espinoza en la audiencia pública en la Corte IDH
21 de noviembre de 2015
1. Buenas tardes, honorable corte. Mi nombre es Mitzy Paola Alvarado, soy hija de Nitza Paola Alvarado y sobrina de José Ángel y Rosio Irene Alvarado.
Estoy en este bonito lugar pidiendo justicia, pidiendo que me ayuden a encontrar a mi mamá, cuando me hubiera gustado venir de vacaciones con mi familia, víctimas de desaparición forzada por el Ejército Mexicano el 29 de diciembre del 2009 en Ejido Benito Juárez, Chihuahua.
Cuando el Ejército se lleva a mi mamá y a mis tíos, mi familia intenta alcanzarlos para quitárselos, pero como era de noche, tuvieron miedo y decidieron regresarse al pueblo. Las últimas palabras que escuché de mi mamá fueron: “Mis niñas, ahorita regreso”. Aún la estamos esperando.
Nos dimos cuenta de que las cosas no eran nada fáciles. Las autoridades decían que con el Ejército no se metían y no hacían nada. Continuamos con todas las denuncias necesarias. Fue cuando, en enero del 2010, llegamos al Centro de Derechos Humanos de las Mujeres en la ciudad de Chihuahua, donde nos recibieron Lucha Castro, Gabino Gómez y Emilia González. Ahí nos ofrecieron su ayuda y nos dimos cuenta de que había muchas personas pasando por la misma situación.
2. Empezamos a buscar a mi familia, manifestándonos, haciendo protestas y marchas para que la gente se diera cuenta de lo que estaba pasando. Nos sentíamos solas, éramos unas niñas de 14 y 11 años, y nos hacía falta mi mami, esa mujer que luchaba para que a sus hijas no les hiciera falta nada. A esa mujer que el Ejército se llevó sin justificación. Ella trabajaba dignamente, al igual que mis tíos. No tenían por qué llevárselos.
El 29 de diciembre son cinco años de impunidad, en búsqueda de justicia, en búsqueda de ellos. El Ejército Mexicano se los llevó y el gobierno no ha hecho nada. Al contrario, tuvimos que huir del estado de Chihuahua, dejando todo lo que teníamos porque empezamos a recibir amenazas y hostigamiento, toda mi familia, por parte de las autoridades. No fueron capaces de brindarnos la seguridad.
3. Mis dos hermanas, mi abuelita y yo nos fuimos a vivir al estado de Morelos con una tía que no conocíamos. Luego nos fuimos al estado de Sonora para estar todos juntos y, después de dos años, nuevamente regresamos al estado de Chihuahua. Pero el Ejército está en todo el país. Las amenazas continuaban y, el 3 de septiembre del 2013, decidimos pedir asilo político a Estados Unidos, 11 integrantes de mi familia, con ayuda del abogado Carlos Spector. Estuvimos una noche en la aduana de El Paso, todos juntos. Al día siguiente dejaron salir a los ocho: mi tía, su esposo, sus hijos y mis abuelitos, que aún están en peligro de deportación.
Mis hermanas y yo tenemos miedo de que ellos regresen a México. Nadie nos garantiza la seguridad que merecemos. A mis hermanas y a mí nos dejaron detenidas por dos días en migración porque no estaba ni papá y mamá estaba desaparecida. Nos consideraron niñas abandonadas y nos mandaron a un albergue en Phoenix, Arizona, donde estuvimos detenidas por dos meses.
Después de una semana nos pudimos comunicar con mi familia y avisarles qué había pasado con nosotras. Era una desesperación por todo lo que estábamos pasando: mis hermanas llorando y yo tratando de tranquilizarlas. Estábamos completamente solas. Éramos las únicas tres mexicanas. Había niños de Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador y Francia. Son esos niños que vienen de sus países en busca de una mejor vida. Ahí también nos dimos cuenta de que no éramos las únicas que estábamos pasando por momentos difíciles.
4. Ha sido un cambio total, principalmente porque mi mami no está con nosotras. Perdimos nuestra niñez, dejamos nuestras casas, escuelas y familia, y ahorita estamos batallando con el idioma. Estamos en un país que nos brinda la protección pero que es completamente diferente. Son nuevas costumbres, nueva escuela, nuevos amigos, donde hasta la comida es completamente diferente.
Actualmente nos encontramos exiliadas en Estados Unidos. Formamos parte de un grupo llamado Mexicanos en el Exilio, porque el Estado Mexicano ha sido incapaz de brindar seguridad a mi familia. Y al Estado Mexicano le pregunto: ¿hasta cuándo va a actuar en favor de las víctimas?
Y le exijo la presentación con vida de mi familia. Nosotros no pedimos nada que no nos puedan cumplir. Queremos a mi familia. No queremos cámaras ni cercos eléctricos, queremos un apoyo económico para la renta de una casa, porque ya no estamos allá, pero las necesidades son las mismas. Que castiguen a los militares que participaron. Simplemente buscamos JUSTICIA.
Y a la honorable corte: ¿a qué más nos tenemos que enfrentar para encontrar a mi familia, cuando ya hemos perdido nuestra patria?
5. Cada día el dolor aumenta más. La tristeza de no tener a mi mamá con nosotras y la incertidumbre.
Yo quiero preguntarles a ustedes: ¿qué más tengo que hacer para que me ayuden a encontrar a mi familia, como lo están haciendo con los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa? Mi mamá es tan importante para mí como ellos para su familia.
Hoy, en México, en el marco del 10 de mayo, cientos de niñas y niños que son invisibles siguen buscando a sus madres desaparecidas. Las palabras de AE Mitzy Paola, entonces una adolescente, siguen resonando con fuerza como un grito de amor, memoria y exigencia de justicia.@