15.6 C
Chihuahua
domingo, marzo 15, 2026
- Publicidad -

Luz Estela “Lucha Castro”

¿Y esa foto que me mandaste, eh? Y en la que abajo escribiste :
“Pasen y vean al nuevo presidente de la Corte, feliz de la vida con quien quería subvertir el orden constitucional. Hugo Héctor Aguilar en sus tiempos de asesor del subcomandante Marcos.”
¿Y qué hiciste con la otra foto?
¿La de esa señora que “ella decía que era indígena”, a quien alababas porque una indígena “podría llegar a ser Presidenta de México”?
¿Apenas hubo un cambio de foto y ya olvidaste?
No te justifiques. Eso se llama racismo y clasismo de ocasión.
Luego, para colmo, la crítica viene con su explicación para descalificarlo por estar con un ex guerrillero.
Me acordé, de cuando llegaban los abogados de los bancos y yo, junto con Alma Gómez otra ex guerrillera y con su esposo Gabino Gómez , impedimos cientos de desalojos.
¿Sabes qué decían esas “buenas conciencias”?
Al rasgarse las vestiduras, citando la ley:
“¿Cómo puede una abogada romper el Estado de Derecho y no respetar la sentencia de un juez?”
¡Ay, las buenas conciencias!
Las que van a misa diario,
las que no sueltan el rosario,
pero no les tiembla la lengua para burlarse de un indígena que será presidente de la Corte.
Dicen: “¡Pasen y vean al nuevo presidente! ¡Miren nomás, si hasta fue asesor de un ex guerrillero!”
Y a mí me suena a cuando decían:
“¿No es este el hijo del carpintero?” (Mateo 13, 55)
“¿No es este el que anda con prostitutas y pecadores?” (Lucas 7, 34)
Sí, justo así se burlaban de Jesús.
No eran ateos ni paganos,
eran los fariseos, los del templo, los cumplidores de la Ley,
los que creían tener la exclusiva de la decencia.
Y ahora, los descendientes modernos de esos fariseos
se escandalizan porque un hombre de origen indígena —que además ha estado del lado de los pobres y los excluidos—
llegue a un lugar de poder.
¿Será que les molesta que la justicia ya no se vista solo de cuello blanco?
¿Será que el color de piel y la historia de lucha les quitan el sueño?
Porque claro, cuando la justicia se parece a ellos, a sus apellidos, a su tono de voz, les parece confiable.
Pero si la justicia toma el rostro de un hombre del sur, si habla con dignidad morena y memoria insurgente,
entonces se asustan, se burlan, se santiguan.
Pues que se incomoden.
Porque no venimos a pedir permiso,
venimos a recordarles que también nosotros/as somos hijas e hijos de Dios.
Y que, como dijo Jesús:
“Los últimos serán los primeros.” (Mateo 20, 16)
Y que la historia no la escriben solo los jueces de saco y corbata,
también la escriben los que caminaron descalzos la sierra,
los que resistieron con el alma,
y los que hoy —con toga o sin ella—
se atreven a soñar justicia desde abajo.