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lunes, marzo 16, 2026
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Manipulación mediática fallida

Controversial…

Por: Raúl Sabido

La dinámica de ciertos comunicadores y medios de comunicación refleja una falta de coherencia que pone en duda su credibilidad y honestidad al comunicar. Existen medios donde, en el pasado, se prohibía cualquier publicación sobre un personaje político, relegándolo al silencio mediático en el medio. Sin embargo hoy, esos mismos comunicadores, publican elogios con notas positivas y adulaciones hacia ese mismo personaje. Este cambio abrupto no solo evidencia una “susceptibilidad” y al chantaje, sino también una disposición a moldear la narrativa según las conveniencias del momento, sacrificando la objetividad y la ética periodística.

En el contexto político actual de Chihuahua, rumbo a los eventos electorales del 2027, se ha desatado una estrategia que pone en evidencia el temor de quienes ostentan el poder. Las carteras con recursos públicos se han abierto para financiar campañas mediáticas dirigidas a demoler posibles candidaturas que, según los sondeos de opinión, representan una amenaza real para la continuidad de su control político. Estas campañas, lejos de ser sutiles, han caído en una guerra sucia tan obvia que, en lugar de debilitar a los aspirantes, los está fortaleciendo. El miedo de sus detractores no solo los delata, sino que engrandece a los agredidos al intentar desacreditarlos.

En este escenario, los comunicadores y administradores de espacios políticos han jugado un papel clave. Algunos, que en el pasado prohibían cualquier mención de ciertos personajes, hoy se deshacen en elogios y publican notas positivas sobre ellos. Esta falta de coherencia no solo pone en duda su ética profesional, sino que también los expone como actores que moldean la narrativa según las conveniencias del momento, sacrificando la verdad en favor de intereses particulares y utilizando su creatividad para construir mentiras.

La mezquindad de estas campañas es evidente. Se lanzan acusaciones infundadas, como la de una supuesta relación entre dos senadores, mientras quienes promueven estas narrativas han protagonizado escándalos similares en el pasado. Este doble estándar refleja la falta de escrúpulos en la lucha por el poder y la disposición de ciertos actores a manipular la percepción pública a cualquier costo pero, por supuesto, con recursos públicos.

Sin embargo, esta estrategia podría estar teniendo el efecto contrario al deseado. Los ataques, en lugar de debilitar, están fortaleciendo a los aspirantes, quienes emergen como figuras más resilientes y auténticas ante los intentos de desacreditación. La ciudadanía, cada vez más crítica y analítica, comienza a cuestionar la veracidad de estas campañas y la ética de quienes las promueven. A los mensajeros los observan con recelo y desconfianza porque su conducción “variante a modo” ha quedado más que evidenciada. Ya no son viables ni fiables, por lo que sus patrocinadores deberían preguntarse:

¿Por qué no cuajan las campañas estratégicas sucias?

El panorama político de Chihuahua se encuentra en un punto de inflexión. La guerra sucia, impulsada por el miedo y la desesperación, podría terminar siendo el catalizador que fortalezca a las candidaturas atacadas, mientras expone las debilidades y la hipocresía de quienes recurren a estas tácticas. Por lo tanto, la pregunta que queda es:

¿Hasta dónde están dispuestos a llegar quienes desde hoy ya ven perdido el poder en Chihuahua?

El gran dilema de los creadores y patrocinadores de las campañas mezquinas radica en su incapacidad para trascender más allá de un círculo sumamente estático en ecos de comunicación. El despilfarro de recursos públicos, destinado a alimentar estrategias mediáticas, no está generando el impacto esperado. En lugar de expandir su influencia, estas campañas permanecen atrapadas en los mismos grupos y medios de siempre, cuya credibilidad se encuentra en declive debido a la baja calidad moral de los mensajes y la falta de confianza en los mensajeros utilizados.

Este torbellino de ecos de comunicación estático no solo refleja la desesperación de quienes lo promueven, sino también su desconexión con una ciudadanía cada vez más crítica y menos susceptible a manipulaciones evidentes. Las preferencias políticas que intentan impulsar no avanzan; por el contrario, muestran una tendencia decreciente que pone en evidencia el fracaso de sus tácticas. En este contexto, las campañas mezquinas no solo están desperdiciando recursos públicos, sino también debilitando la posición de quienes las patrocinan. Están atrapados en una estrategia que no les lleva a ningún lado.

La verdadera fuerza de un señalamiento radica en su contenido, no en los nombres que la acompañan. Al omitir nombres (que los hay), se evita caer en el mismo juego de manipulación y ataque personal que se señala. Esto no solo preserva la ética del mensaje, sino que también refuerza su credibilidad al centrarse en los hechos y no en las figuras. La verdad, cuando se expone con integridad, tiene un impacto mucho más poderoso que cualquier señalamiento individual.

Y, para poder entenderlo, se tiene que ser éticos y coherentes. La denostación y la construcción de las mentiras son su vicio comunicante y carecen de la habilidad de entender a los ciudadanos con enormes capacidades de crítica analítica y menos, pero mucho menos, susceptibles a manipulaciones mediáticas, y ante esto, sencillamente no están preparados para poder afrontarlo, no saben cómo hacerlo y por ello están fracasando.