*Controversial…*
Dominical
*Más pronto cae un hablador que un cojo*
Marco Rubio, el inesperado verdugo de la narrativa opositora.
Por: Raúl Sabido
*El arte de ser cínico*
Dicen que el cinismo es el arte de ver la realidad con los ojos bien cerrados y la boca bien abierta. Y vaya que los opositores mexicanos han perfeccionado ese arte como si fuera disciplina olímpica. Desde hace tiempo, nos han bombardeado con su narrativa de que Morena y la 4T son poco menos que el brazo político del narco, que Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador son los padrinos de los cárteles, y que México es un narcoestado digno de intervención militar extranjera, vaya ¡Qué nivel de delirio!
Pero como dice el sabio refrán: “más pronto cae un hablador que un cojo”. Y esta semana, el tropiezo fue monumental. El mismísimo Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, ese, al que los opositores le rezan como si fuera el arcángel de la intervención divina, salió a reconocer públicamente la cooperación ejemplar de México en la lucha contra los cárteles. No solo eso, elogió los resultados y el trabajo conjunto.
¿Cómo se digiere eso cuando llevas tiempo gritando que México es un narcoestado?
Solamente lavándose el hocico con bicarbonato y mucha vergüenza, si es que la conocieran, y ni así lo van a digerir.
Los opositores, que se manifestaron afuera del Palacio Federal pidiendo a gritos que Estados Unidos nos invadiera como si fuéramos Irak versión latinoamericana, quedaron como lo que son, unos bufones sin libreto. Habían dicho que, si México no aceptaba la intervención, era prueba de colusión. Y si Estados Unidos no intervenía, era prueba de complicidad. Pues ni una ni otra. Lo que hubo fue un TAPON DE HOCICOS con sello diplomático.
Y ahora, ¿qué harán los dolidos? ¿Acusarán a Marco Rubio de ser parte del narco también? ¿Dirán que la DEA está infiltrada por simpatizantes de la 4T? ¿O que el Pentágono recibe órdenes desde Palacio Nacional? Porque cuando la realidad no encaja en su guion, lo que hacen es escribir otro más absurdo, torpe y falaz.
La verdad incómoda es que la colusión con el crimen organizado no nació con Morena. Viene de los tiempos dorados del PRIAN, cuando los pactos se firmaban en lo oscurito y los cárteles eran tratados como socios estratégicos. Hoy, los que gritan “¡narcoestado!” son los mismos que callaron cuando el narco tenía oficinas en Los Pinos.
Así que sí, más pronto cae un hablador que un cojo. Y en este caso, los habladores se tropezaron con sus propias mentiras, se dieron un golpe de realidad y quedaron exhibidos como lo que son: profetas del apocalipsis que nunca llega.
*Guamazo diplomático con dedicatoria*
Y como si el karma tuviera agenda diplomática, el mismísimo Marco Rubio, sí, el que antes acusaba a AMLO de “entregar secciones del país a los cárteles”, ahora se planta en Palacio Nacional y declara sin titubeos:
“Jamás en la historia de ambos países ha habido el nivel de cooperación que existe en este momento”.
¡Tómala! El mismo que pedía sanciones, intervención militar y designar a los cárteles como grupos terroristas, ahora se sienta a la mesa con Claudia Sheinbaum y firma acuerdos históricos de colaboración.
¿Qué pasó con el discurso del narcoestado?
¿Se les cayó en la aduana?
Mientras tanto, López Obrador, en su estilo directo, ya había respondido a las acusaciones de Rubio con una frase que hoy resuena como profecía:
“¿Cuál es mi vinculación con el narcotráfico en México? Yo no soy Felipe Calderón, aunque no les guste”.
Y ahí está el detalle. Porque si de colusión se trata, los archivos del PRIAN tienen más páginas que una novela de García Márquez. Pero claro, los opositores prefieren mirar al presente con lupa y al pasado con amnesia selectiva.
Hoy, los que pedían intervención extranjera como si fuera Uber Eats, se quedan viendo cómo su héroe gringo les da la espalda diplomática y se toma selfies con la presidenta Sheinbaum. El “narcoestado” que pintaban con brocha gorda se les ha deslavado con una sola conferencia de prensa.
Así que sí, más pronto cae un hablador que un cojo. Y en este caso, los habladores se han tropezado con sus propias declaraciones, sus fantasías de intervención y su necesidad crónica de protagonismo. El reality político continúa, pero en esta temporada, los villanos se quedaron sin guion y con el hocico sangrante.
“*Y mientras los opositores siguen esperando la intervención gringa, Estados Unidos ya intervino… pero en sus fantasías*”








