Eduardo Arredondo. Periodista especializado en evolución musical en el género rock, metal y rock progresivo.
¿Cuántas veces se retiró Ozzy Osbourne? Lo hizo en una gira Ultimate Tour (1986) con un telonero extraordinario para el momentos: Metallica, quienes locos y sedientos por el dinero cambiaron a la muerte de Cliff Burton en Suecia en 1986.
Lo cierto es que son artimañas que hacen los artistas, representantes y hasta records levels, con la finalidad de recaudar todo lo que se puede en una periodo corto. Son estrategias ficticias que han prolongado la carrera de Kiss, Ozzy Osbourne, Slayer, Iron Maiden y otros que vendieron sus almas a la industria musical ya muy abollada
Los fans han erigido a sus ídolos sin ponerlos en tela de juicio, sin una postura crítica que podría ayudar a entender un poco más a los músicos, en una industria desproporcionada e ilusoria. Porque para ellos, para los mercaderes, todo tiene precio.
Sin embargo la deshonestidad de esos ídolos es capitalizada para darle sentido a esa industria. Sin Fans no hay ídolos.
Hace unos años, Slayer anunció su retiro de los escenarios después de 37 años de fundación. Una vez más ese “retiro” será otra estrategia más. Seguramente en corto tiempo buscarán una justificación para el regreso y hasta ser manipulados por una firma de cerveza o hasta un almacén de prestigio. Sucede. ¡Qué se lo pregunten a Zz Top!
Lo anunciaron con bombo y platillo, despidiéndose en Los Ángeles, California en el Forum en Inglewood, sin su estrella, el baterista Dave Lombardo, quien ahora prolonga la vida de Testamente luego de la salida de Gene Hoglan- un baterista autodidacta, quien a su vez escribiera paginas memorables con Dark Angel.
Scorpions regresó en menos de tres años, justificando errores y calamidades en el seno de los teutones. Sin olvidar los pleitos de los hermanos Schenker. Ya la telenovela de quienes y como se grabó Lovedrive (1979), quedó como una mancha para la banda.
En una entrevista para guitarworld.com, ya Rudolf Schenker mencionaba la posibilidad de volver a reunirse con su hermano menor, pero eso será al tiempo cuando los sentimientos cambien o las ofertas de dinero sean más jugosas.
Kiss, la inmundicia de la música contemporánea es parte de ese pervertido show, y que gracias a sus extraordinarias estrategias de mercadotecnia han prosperado. La maquinaria no se puede detener, pero si ser observada.
Probablemente el grupo de microwave (microondas), Kiss sea el más hábil, quienes con poco talento conquistaron los corazones de los jóvenes de la década de los setenta, cuando había una autentica lucha por los derechos humanos y una trastocada y manoseada guerra de Vietnam que había dado inicio a mediados de los cincuenta y culminar veinte años después.
La meta es vender, capitalizar y obtener fama. Quienes están involucrados en los procesos de una industria colapsada (que quiere adaptarse a los tiempos) lo saben. Pocos están inspirados en la calidad de sus productos, y es quizás la razón de un pequeño número artista, real consecuente con su tiempo, con su historia.
Y los medios masivos de comunicación en su mayoría, estrictamente títeres de los cambios y de la payola, un instrumento de pago a los artistas de forma clandestina.
Esos retiros tienen poca validez, especialmente porque han sido un vehículo útil de la mercadotecnia práctica para quienes desean incrementar ganancias a corto plazo.
Deberíamos de buscar artistas y no productos mercadológicos.
Las ilusiones y la nostalgia también son parte de la memorabilia y más con tiburones que crearon y siguen creando formas de vender música.
¿Con calidad? Eso no importa para una industria que no perdona. Para efectos practicos, lágrimas incluso de Gene Simmons de Kiss tendrían precio en amazon.com o ebay.com.









