Juan Gómez Franco
Es el tema del documental creado por un grupo de jóvenes talentosos entre los que destacan los hermanos Coitza y Témoris Grecko, nacidos en esta tierra norteña de Chihuahua, Chihuahua, pero adoptados por escolaridad y profesión en el viejo Distrito Federal hoy Ciudad de México.
Es un extraordinario trabajo de quienes integran las agrupaciones “Ojos de Perro contra la Impunidad, A.C, y Cuadernos Doble Raya”, organizaciones afines que realizan una investigación transformada al cine documental de la realidad que vivimos los mexicanos.
En esta ocasión presentan las imágenes y testimonios de los habitantes de Iguala, Guerrero que manifiestan con sus testimonios la desesperanza, la impotencia y desesperación de un pueblo que vive las desapariciones de personas desde hace más de 50 años y rodeado de cerros y montañas convertidas en cementerios clandestinos.
“El horror de Iguala no comenzó la noche del 26 de septiembre de 2014. La búsqueda de 43 desaparecidos destapó la realidad. No solo eran 43, sino cientos de personas que faltaban en la ciudad y el estado”.
Comenta Témoris, productor del documental:
La proyección del documental Mirar Morir. El Ejército en la noche de Iguala, estrenado durante el 10º Festival Internacional de Cine Documental del Distrito Federal (DocsDF) en el estacionamiento 4 del Centro Cultural Universitario, en Ciudad Universitaria, el martes 20 de octubre de 2015.
“Estamos mostrando una serie de evidencias, de testigos y especialistas para que la gente se forme su propia opinión. Desmontar esa verdad histórica a partir de testimonios, donde mucha de la gente se ha informado solo con la televisión abierta”, señala.
Y aclara de inmediato: “No somos activistas, somos periodistas, nuestro objetivo es proveer de información… Los medios de comunicación, o no quieren investigar o no quieren mostrar por intereses políticos o económicos”
EL DOCUMENTAL
El documental empieza donde los ciudadanos de Iguala van a los cerros para, si tienen suerte, encontrar a sus seres queridos, buscándolos en otro contexto a la de los desparecidos luego del ataque a los 43 estudiantes.
Con un fondo musical que acompaña todo el tráiler del documental, se escucha un rutinario toque de tambores militares que marcar el paso con imágenes de los soldados marchando, en una cadencia al unísono que genera una melodía castrense que impone fuerza y poder, cuyo fondo musical acompaña tres declaraciones:
-“En el cumplimiento de nuestro deber, no hay una sola razón para amedrentarnos con juicios injustos”, dice tajante el Secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos Zepeda.
El marcaje de los tambores militares continúa, lo acompaña otra declaración que, a según de las familias afectadas, cayó en el cinismo: es el ex procurador General de la República Jesús Murillo Karam: -“No hay una sola evidencia de que intervino el ejército. Ninguna; ni una sola”.
Enrique Peña Nieto, presidente de la República.: “La honorabilidad de nuestras fuerzas armadas, está por encima de cualquier sospecha”.
Coizta hace un agregado al documental: – “el 43 por ciento de la amapola que se siembra en el país, se genera en Guerrero, donde el ejército controla la zona de El Pentágono, donde la siembra de la mariguana no es negocio como la amapola”.
El equipo acudió a grabar en los lugares donde se vivió la balacera la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando los 43 estudiantes fueron escoltados en un convoy custodiado por elementos del ejército, policía federal y estatal, cuyas imágenes del Centro Operaciones (C4) muestran en el documental.
–“Los estudiantes fueron vigilados por las cámaras de seguridad donde pasan los camiones que vienen de Chilpancingo hasta Iguala por parte de la policía federal y estatal, quienes sabían que eran estudiantes de la Normal de Ayotzinapa”—denuncia el testimonio de un investigador con acento español.
Tras la bocina del teléfono, Coizta Grecko, director del documental, narra lo siguiente: “-Los cerros de Iguala es un cementerio clandestino desde la “Guerra Sucia” en la década de los 70, época de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, quienes fueron estudiantes de la Normal de Ayotzinapa”.
Un hombre de edad madura, con el pelo y bigote blancos por las canas narra a las cámaras con firme convicción: “El primero de marzo de 2010, el ejército mexicano nos arrebató a seis muchachos, de entre ellos mi hijo. Una mujer que lo acompaña, vestida de blusa azul, denuncia que su primo desapareció de un retén militar.
Mira Morir presenta los testimonios de personas que han perdido a sus familiares a manos del ejército; de investigadores, tanto nacionales como extranjeros; de mujeres que dejaron el quehacer del hogar para unirse en la búsqueda y la lucha.
Mujeres que se enfrentaron a la presencia de los militares afuera de las instalaciones del 27o batallón de Infantería en el municipio de Iguala de la Independencia, Guerrero; cargando la fotografía de sus hijos desaparecidos con cámaras de video caseras, graban y exigen a sus desaparecidos a un oficial de infantería.
Hablando un tono de voz que muestra desesperanza e impotencia, recuerda una mujer el momento: “…en aquel entonces nosotros no sabíamos lo que había ocurrido. Estábamos desesperados, lo que hicimos es salir a buscarlos. Fuimos a preguntar ahí (al cuartel militar) porque pensamos que ahí los podrían tener”.
Tajante y con la seguridad que le da su investigación, un académico participa con su declaración para el documental: “Servirle de guardia pretoriano a una clase política corrupta, e íntimamente vinculada a grupos criminales, termina fragmentando al ejército y la poca credibilidad que le queda”.
Grecko, explica que el documental es una contribución entre un grupo de periodistas para ayudar a conseguir un país mejor, sin corrupción.
Se podrá? Pregunta el reportero: un silencio de incredulidad se escucha del otro lado del teléfono.
“Lo que quiere el gobierno hacer creer que fueron los policías municipales los responsables, y esto no es así. El ejército y la policía federal tienen mucho que ver. Si la Secretaría de Gobernación quisiera haría todo por resolver el asunto y poner en evidencia qué fue lo que ocurrió. Ellos se enteraron en el momento por medio de las imágenes que les llegan directamente”, reclama Coizta insistente.
Y agrega con tenacidad: “No se está investigando de dónde venía el dinero y adónde iba. A las campañas políticas a las que contribuía Abarca (José Luis ex alcalde de Iguala, detenido) quién le daba protección. Quién ponía a los jefes policíacos que atacaron a los estudiantes”.
“Lo que nosotros presentamos son hechos, no ficciones, no estamos intentando venderles la historia de lo que no sabemos qué pasó. Declaraciones de gente que estuvo ahí y nos cuentan qué pasó”, afirma.
Sobrevivientes de la noche trágica, aceptaron acompañarlos a Iguala, era la primera vez que hablaban y contaban su experiencia en el sitio, de cómo fueron los ataques y la violencia que ejercieron policías y militares.
Uriel Alonso estudiante sobreviviente de la noche de Iguala: “si yo pudiera regresar el tiempo, lo haría con tal de que no hubieran desaparecido mis compañeros; con tal de no ver a las 43 familias destrozadas y a todo el país indignado y evitar que Iguala fuera un sótano de cadáveres.
“Hay noches en las que no podemos dormir y nos han estado extorsionando y amenazando de que si seguimos también nos van a desaparecer¸ Una vez me levantaron en Acapulco, no me hicieron nada, no sé si eran sicarios o policías, pero nos advirtieron a mí y a mis compañeros que somos voceros, pero me dijeron que si seguíamos hablando nos iban a desparecer en lo que recibieran las órdenes de los de arriba, lo iban a hacer”.
Gracias a ustedes nos dan esperanza de seguir luchando cuando nosotros sentimos que ya no podemos y en eventos como estos donde hay participación, su apoyo moral que es lo que más nos llena de fortaleza”.
“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”
Coitza termina su plática interesante diciendo que próximamente estarán en Chihuahua para que más personas conozcan sobre su documental.








