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Chihuahua
lunes, marzo 16, 2026
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Mujeres fuertes

Por Raúl Gómez Franco

SEGUNDA PARTE

Cada vez que camino por en medio de un espectacular cañón, además de extasiarme con la vista me pregunto qué eventos cataclísmicos tuvieron que haber ocurrido para que esas enormes moles de roca se dispusieran como están ahora. Y, claro, pienso en la paciente labor erosiva del río, en este caso del Urique, para cincelar durante miles o millones de años esta particular geomorfología que es el Cañón de Urique, enclavado en lo profundo de nuestra Sierra Tarahumara.

Pero también reflexiono –y me maravillo, mientras caminamos por la orilla del Río Urique–, en la fortaleza de las mujeres, en cómo el senderismo que se practica en Chihuahua no sería el mismo sin estas aguerridas amazonas que andan por todos los cerros y senderos aportando su valiosa presencia, poniendo el ejemplo a muchos varones que ni siquiera se atreven a subir un montículo.

Por lo que he podido observar en los diversos grupos de senderismo, las mujeres abundan y creo –puedo equivocarme, claro–, que son más féminas que hombres las que practican esta actividad por estos días en nuestra ciudad. Para no ir tan lejos, en el grupo de 14 que avanzamos hacia Doble Herradura, nueve son mujeres por solo cinco hombres.

Pienso en lo anterior mientras observo –como dije, maravillado– a mi amiga Adriana Amaro, quien camina con paso firme dos o tres metros por delante de mí con su menudita pero muy resistente figura, cargando un mochilón casi tan grande como ella. Un poco más allá, bordeando el río o metiéndose de lleno en el agua con todo y ropa y botas para cruzar a la otra orilla, también observo a la indomable Cindy Ortega con una mochila aún más grande, al igual que a la chispeante Fabi Velázquez y a la fuertísima –ya le está cayendo el veinte de que en realidad sí es muy fuerte– Mane Legarreta.

Y así también el par de Angie Gaytán y Sol López, quienes a pesar de traer una dolencia en sus rodillas avanzan sorteando piedras, arbustos y hasta cabras con sus mochilones. Las nueve mujeres (junto con Luz Almanza, Ana Lucía Cárdenas y Karina) son unas guerreras del sendero, quienes además de darle cohesión al grupo que avanza, le aportan fortaleza y colorido (no obstante que se les pidió que fueran vestidas de manera discreta para pasar desapercibidas en una zona donde dos grupos de ya saben quiénes, se disputan territorio).

Cuando comenzamos a cruzar el río para vadearlo por donde estuviera más caminable, yo cometí el error de quitarme mis botas para no mojarlas y continuar con unas zapatillas de esas que se usan para entrar al agua. Si bien salvé a mis botas caras de morir ahogadas, mis pies tuvieron que soportar kilómetros de puntiagudas piedras, y solo descansaba (relativamente) cuando pasábamos por las playitas de arena que se forman en algunos tramos del río Urique.

Así, después de unas tres horas de caminar bajo un inclemente sol (que solo se atemperaba cuando cruzábamos o marchábamos dentro del fresco río), llegamos al principio de la primera herradura. Un lugar imponente dominado por enormes paredes verticales. Guarecidos por la sombra de una de esas laderas, nos detuvimos a comer. Faltaba relativamente poco para llegar a nuestro destino.