SERGIO ARMANDO López-Castillo
Una recomendación política de antaño, de los tiempos priístas en el poder, parece estar cobrando vigencia por estos días, en momentos claves de la sucesión presidencial en México.
Muchos políticos la han comentado, retomado, y recomendado, y me ha tocado escucharla recientemente en mesas de café, reuniones partidistas y en la jerga cotidiana de los corrillos públicos, de personajes de Chihuahua capital, Ciudad Juárez, Hidalgo del Parral, Delicias y Cuauhtémoc, principalmente.
Esa frase es la que el otrora partidazo tricolor, y el mismo Presidente de la República en turno, en aquellos tiempos de la “dictadura perfecta” mexicana que acuñó Mario Vargas Lliosa, es la que le siempre le recomendaban a sus candidatos: “Pongan sus cosas en orden”.
Ello implicaba limpiar expedientes, ocultar la basura debajo de la alfombra y mantener el control del currículum, porque la oposición y la prensa íbamos a buscar los llamados “esqueletos en el clóset”.
Al respecto, encontré que en la política estadounidense, existe un axioma que a veces llega a ser fundamental, si quieres conocer el pasado oculto de una persona, hazlo candidato, después, la oposición y los medios de comunicación, le desenterrarán a sus muertos.
En este colofón, la presunta candidatura de la senadora panista –que no es panista- surgió del impulso iniciado en Palacio Nacional, para crear una adversaria a modo, luego, los grupos de la oposición cayeron en la trampa, y prácticamente adoptaron a la mujer de las gelatinas foxista, para lanzarla al ruedo; pero sin “poner sus cosas en orden”.
Sus mecenas y titiriteros, confiaron en que cualquier denuncia en contra de la aspirante, sería abanicada con el argumento ridículo e inexplicable de que “le tendrían miedo y se pondrían a templar”, en el lado oficial de la denominada cuarta transformación morenista.
Como es sabido por los actores, espectadores y finaciadores, en política existen diversas reglas del debate mediático. Y hoy día, en ese escenario, a la senadora X. Gálvez, le están saliendo muchos esqueletos de sus clósets.
La casa roja, los videos donde ella en persona y con marro en las manos demolió departamentos y construcciones presuntamente irregulares, y ahora, lo más reciente, esta semana, circula profusamente en la opinión pública, la inflada y apócrifa carrera académica de ingeniera en computación, de ésta, la próxima candidata opositora.
Ahora que se puso en entredicho la legalidad del título universitario de la señora X. (Xóchitl), me vino a la memoria cuando mucha de la “intelectualidad” activa anti López-Obrador y anti-Morena, ensalzaba la cultura del esfuerzo, en la figura de la senadora Gálvez, destacando de manera sobresaliente su carrera profesional y su título como ingeniera.
Ante los datos probados de la realidad en su titulación automática UNAM, la futura candidata del Frente Amplio opositor, se ha llevado chasco en ese asunto, y ya conocen que ese documento de titulación, no fue producto de un proceso académico regular, sino del mecanismo de titulación tardío con base en experiencia, obtenido de un trabajo superficial – Hoy sabemos, que fue plagiado-, en un proceso hecho apenas en 2010, en el que está involucrada la sospecha de algún favoritismo por parte del ex rector José Narro Robles, debido a cierta afinidad política con ella.
El debate sobre la titulación de la señora de las gelatinas, Gálvez Ruiz, es político, pero además de tipo profesional, y tiene como referente, la forma en que se quiso cruzar la titulación de la hidalguense no panista, con aquel, también, tardío egreso universitario del presidente López-Obrador, de la licenciatura en ciencias políticas por la UNAM.
En todo caso, lo que destaca de este incidente es la manipulación del perfil social de la señora Gálvez, por parte nada menos, que de la intelectualidad más rigurosa, según ellos (as) compuesta por el escritor y activista, Héctor Aguilar Camín; y el historiador Enrique Krauze, y otros tantos, quienes no regatearon adjetivos ni exaltaciones para destacar el “empeño” de la senadora opositora, todo eso, para presentar una figura construida alrededor de elogios que no se habían visto en esa cauda de intelectuales mexicana, en los últimos 50 años.
Los puntos que ameritan mayor investigación sobre el pasado público de la eventual candidata Gálvez, son muy concretos: Lo que no hizo por los pueblos indígenas en el foxismo racista, los beneficios irregulares obtenidos de su cargo como alcaldesa en Miguel Hidalgo, la adquisición de la famosa casa roja que oculta las mismas irregularidades que la Casa Blanca de Peña Nieto.
También los negocios que derivó como jefe delegacional o alcaldesa, a sus propios negocios familiares de empresas suyas, y las indagatorias a otros beneficios empresariales, obtenidos por su cónyuge, como parte de la actividad pública de la hoy prospecta candidata del PAN-PRI-PRD.
La indagatoria sobre irregularidades en las actividades públicas de la senadora y señora X , apenas está comenzando y nadie de sus asesores, colaboradores y cercanos priístas, con los que se ha aliado, con mucho cayo en aplicar aquella célebre frase, ha sido capaz de decirle que, por favor “Ponga sus cosas en orden”…








