Después de mandar un emisario a avisar a Hidalgo y Allende que habían sido descubiertos, Josefa estuvo presa por unos 5 días al igual que su marido. Al poco tiempo pudieron continuar con sus labores y conspiraciones hasta que en 1814 los delataron nuevamente, ahora había sido el bibliofilo José Mariano de Beristain y Souza, quien los denunció como peligrosos conspiradores. En su acusación se refirió así de la Corregidora: “Es una verdadera Ana Bolena, que ha tenido valor para seducirme a mí mismo, aunque ingeniosa y cautelosamente” (Ni aguantaba nada el señor).
A partir de entonces estuvo recluida en un convento y le inventaron que estaba loca, con el diagnóstico de Enajenación Mental. Gracias a que el Virrey en 1817 se apiadó del Corregidor, quien pidió dejara a su esposa volver a casa, porque necesitaba ayuda para cuidar a sus 14 hijos y que el también estaba enfermo y necesitaba ayuda. (¿si ven la ironía?).
Josefa Ortíz de Domínguez vivió para conocer la Independencia, vivió lo suficiente para morir como mexicana. Cuando Iturbide se proclamó emperador su esposa invitó a Doña Josefa a ser parte de su corte y ni lenta, ni perezosa que le manda decir “La que es soberana en su casa, no puede ser dama de una emperatriz”. #uncachitodehistoira #casasolamexico








