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miércoles, marzo 18, 2026
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Reforma electoral: El último golpe al viejo régimen

Controversial…

Reforma Electoral:
El último golpe al viejo régimen

Por: Raúl Sabido

“La verdadera razón por la que PRI, PAN rechazan la reforma electoral es que, por primera vez, se les exigiría existir por convicción, no por subsidio con recursos públicos”

La iniciativa de Reforma Electoral impulsada por la Cuarta Transformación no es solo una propuesta legislativa: es el último martillazo contra las estructuras de simulación democrática creadas durante el periodo neoliberal. Representa una redefinición profunda del poder político en México, al desmontar el andamiaje que permitía a las élites controlar el juego electoral bajo el disfraz de legalidad, hasta que sus propias reglas los ahogó.

El fin del pacto entre tecnocracia y simulación

Durante el periodo neoliberal, las reformas electorales no democratizaron, solo administraron el desgaste del viejo régimen. Cada sexenio ajustaba las reglas para permitir una alternancia sin transformación, una renovación de rostros que mantenía intacto el control político desde las cúpulas. Se sofisticaron las formas de manipulación: del acarreo al algoritmo, de los delegados al financiamiento encubierto.

La iniciativa de la 4T rompe ese patrón

La eliminación de las candidaturas plurinominales representa un corte radical al sistema de representación negociada que durante décadas ha funcionado como moneda de cambio entre partidos. Con esta reforma, se suprime el privilegio de los liderazgos partidistas de decidir quién accede al Congreso sin pasar por las urnas, desmontando prácticas de amiguismo, compadrazgo y cuotas internas.

A partir de su aprobación en el Congreso, si se lograra, solo llegarán al poder quienes obtengan el respaldo directo del electorado, en un ejercicio democrático más transparente y legítimo. Se acabaron los nombramientos por dedazo y los arreglos cupulares, la representación será producto del voto ciudadano, no de pactos entre élites.

Además, se reduciría drásticamente el financiamiento público a partidos políticos, erosionando el clientelismo disfrazado de institucionalidad.

Algo muy importante es que se propone elegir por voto directo a los consejeros del INE, quitándole a las élites la facultad exclusiva de controlar al árbitro electoral.

Comisión Presidencial
No es un comité técnico, es un instrumento de ruptura.

La Comisión Presidencial para la Reforma Electoral no busca administrar la transición. Su misión es detonar el cambio estructural con el pueblo como actor central. No se pretende negociar con los fantasmas del pasado (la derecha conservadora), sino construir desde la base una nueva institucionalidad, donde si entraría MC si decide incorporarse a la mecánica de diseñar la propuesta para iniciativa.

El impacto político no es una posibilidad, es un destino

Aceptar esta reforma implica reconocer que el México de los pactos cupulares, las concertaciones entre partidos y la democracia administrada habría llegado a su fin. No hay espacio para nostalgias del sistema anterior, porque no fue democrático: fue funcional al control.

La 4T no ofrece otra versión del mismo sistema, ofrece otra arquitectura política, donde el pueblo deja de ser espectador para convertirse en constructor de su verdadera representación.

Reforma electoral
El punto de quiebre en la alquimia del poder

La propuesta, en construcción participativa con la sociedad mayoritaria, de Reforma Electoral de la Cuarta Transformación no será un paseo legislativo. Su tránsito por el Congreso será áspero, no por la oposición (que ha quedado reducida a un coro de gritos, descalificaciones y servilismo geopolítico) sino por las tensiones internas de la propia Morena y la coalición.

La mayoría calificada
¿Fortaleza o talón de Aquiles?

Morena cuenta con una mayoría calificada en la Cámara de Diputados y está con un voto “prestado” en el Senado. Pero esa mayoría no es monolítica porque depende del Partido Verde y del PT, dos fuerzas que han sobrevivido gracias a las plurinominales, a las coaliciones estratégicas y las canonjías electorales que el sistema les ha garantizado durante décadas y alguna vez necesarios para el lavatorio de cara en la “Dictadura Perfecta”.

Ambos partidos han sido beneficiarios históricos del reparto proporcional, y aunque en la última elección lograron avanzar gracias a la maquinaria estratégica electoral de Morena, su estructura sigue dependiendo de los espacios negociados, no de una base ciudadana sólida.

El dilema de los aliados
¿Negociar o resistir?

La reforma electoral propuesta por la 4T busca eliminar las candidaturas plurinominales, reducir el financiamiento a partidos y modificar la forma en que se elige a los consejeros del INE. Esto representa una amenaza directa a la supervivencia institucional del PVEM y el PT, que podrían perder sus principales vías de acceso al Congreso y, sus propietarios, millones de pesos que reciben, por ley, del INE.

Y es aquí donde “la puerca tuerce el rabo” por lo que los partidos aliados tienen dos opciones: 1.- Negociar la propuesta con Morena para preservar ciertos privilegios, a cambio de apoyar la iniciativa de reforma. 2.- Resistirse, sabiendo que su oposición podría poner en riesgo la mayoría calificada necesaria para aprobar y, con ello, detienen el avance constitucional de la iniciativa, dando por resultado que esa realidad pondrá a prueba letal a toda la conformación de la 4T.

Esta iniciativa presidencial abriría la puerta a la posibilidad de disolución de las alianzas dentro la conformación de la 4T, mas sin embargo la presidenta Sheinbaum a decidido caminar de frente y, dentro de la 4T los que se opongan, serán auto exhibidos y pagaran las consecuencias de su decisión que pudiera ser la extinción de su partido.

Le falta mucho tiempo a la presidenta Sheinbaum que, al no poder culminar la iniciativa en ley constitucional, la realidad resultante obligaría a que Morena arrase en la próxima elección intermedia donde no solo desaparecería el PRI sino seria acompañado por el PT y en altísimo riesgo también el PVEM.

La oposición hoy, y su realidad
Son solo ruido sin trascendencia.

Mientras tanto, los partidos opositores, PAN, PRI, MC, han quedado relegados a la periferia del debate. Su crítica a la reforma se ha centrado en la defensa del INE y la supuesta amenaza al equilibrio democrático. Pero su capacidad de frenar la iniciativa es totalmente nula: no tienen los votos, ni el respaldo popular, ni la legitimidad política para influir en el proceso, solo buscarían detonar la colación de la 4T con lo que siempre han hecho en forma mediática, mentir, engañar y denostar.

Su papel se limita a generar ruido mediático, repetir narrativas dictadas desde Washington y denostar sin propuestas. La verdadera batalla no está en sus manos.

Lo que está en juego
La reforma electoral no es solo una modificación legal.

Es una reconfiguración del sistema político mexicano, donde los partidos PT y PVEM deberán decidir si se adaptan al nuevo paradigma, o desaparecen con el viejo régimen, y será una decisión transcendental para ellos que no les permitirá equivocar el cálculo.

Pero para lograr la unidad entorno a la iniciativa, la presidenta Sheinbaum y Morena deberán enfrentar el dilema interno más complejo hasta hoy presentado, convencer a sus propios aliados de renunciar a las estructuras que los han mantenido vivos.

“La posible reforma electoral sería el epitafio del viejo régimen y con ella, la clase política dejará de fingir democracia para enfrentarse, por fin, al juicio directo del pueblo, un juicio que los aterroriza”