Este manifiesto es la piedra de sol sobre la que se ha construido toda mi obra poética a lo largo de más de 30 años de creación literaria. Muchas veces me han preguntado cómo se debe leer o entender mi poesía. Hace más de veinte años la definían como “poesía filosófica” o “poesía compleja” relacionándola a la teoría del pensamiento complejo de Morín y eso fue apenas una aproximación.
Esta poesía no se conecta con las corrientes contemporáneas de los últimos cuarenta años de poesía mundial. Todo mi esfuerzo se ha enfocado en remar contra corriente. No asombre pues que mi trabajo no encuentre lugar en los premios literarios de poesía, porque allí se reconoce lo que se re-conoce. Remar contra corriente tiene sus consecuencias pero el precio es bajo comparado con el objetivo que logran sus hallazgos. Dichos hallazgos son apenas la punta del iceberg: la búsqueda de una poesía trascendental, literalmente hablando trascendental. No porque trascienda en el stablishment de los aparadores donde se encumbran nombres y se lanzan títulos para la historia. No. Me refiero a trascendental en el sentido de que trasciende para nacer esos límites del lenguaje, esos límites de la conciencia, ese punto límite en el que el pensar ya no da abasto, a ése límite me refiero. Trascendental porque trasciende en un esfuerzo esos límites para mirar más arriba de lo que la conciencia cotidiana nos permite, para abrir un portal en el aire y ver qué es lo que hay del otro lado.
Como yo entiendo la creación poética, la poesía debe innovar para ser verdaderamente creativa, un aporte y un avance de la conciencia artística global. La poesía es un reto y una herramienta para que la humanidad se ilumine. La poesía debe ser la luz que se levanta a pleno día en la carta del ermitaño.
Este manifiesto nace en medio de la desesperación como han nacido todos los manifiestos, en todos los tiempos desesperados.
No es un manual ni una piedra lapidaria que diga lo que es y lo que no es la poesía. No. Es un faro, una brújula para entender o intuir, para inspirarnos a ver más allá de lo que tenemos ante los ojos y comprender que la poesía puede ir mucho más allá de la experiencia tridimensional y mundana. Que el lenguaje tiene posibilidades revolucionarias para la conciencia como decía Burroughs, el lenguaje es un virus.
Para entender mi poesía o “explicar” mi poesía, es mucho más fácil entender que la poesía no debe ser entendida. Cuando nos desprendemos de la burda y primitiva idea de que la poesía debe “entenderse” es cuando la poesía misma se nos revela y realmente empezamos a comprenderla.
Mi viaje con la poesía cuántica mexicana aún no ha terminado, todo lo contrario, apenas está comenzando.
Casi toda mi obra cuántica del “periodo de la totalidad” se puede encontrar libremente en internet en los vínculos que se encuentran en mi página de Wikipedia.








