Controversial…
Dominical
Se cae la farsa, envejecieron los jóvenes
La manifestación “Z” no fue símbolo de libertad, sino de incoherencia.
Por: Raúl Sabido
“Los jóvenes auténticos son, y siempre serán, el futuro de la patria. En ellos descansa la esperanza de renovación, la fuerza de las ideas frescas y la energía que mueve a las naciones hacia adelante. Pero lo que hemos visto en la llamada Generación “Z” en el Zócalo de la CDMX es distinto: lejos de encarnar esa promesa, se han dejado contaminar por discursos ajenos y han terminado comulgando con los violentos. La rebeldía que debería ser motor de cambio se ha convertido en espectáculo de confrontación, y la frescura que debería distinguirlos se ha diluido en la incoherencia de los señalamientos y los desmanes”
El retorno de la Marea Rosa:
Del color rosa de la marea, a pancartas multicolores con calavera y el sombrero, de filtros en Instagram a consignas en la calle. La llamada Generación “Z”, que hace apenas un tiempo se presentaba como la generación de la esperanza, hoy se muestra como un bloque de manifestantes que reclama nuevas causas con los mismos personajes, de la política neoliberal del pasado, y los mismos discursos que descubren su origen, con los mismos procederes de los membretes de Claudio X González. Pero detrás de sus gritos y sus celulares levantados, aparece una contradicción que no podemos obviar: marchan en lo que llaman dictadura, graban videos en lo que llaman dictadura, insultan al gobierno en lo que llaman dictadura, y con toda libertad.
Bonita dictadura, pues.
Una dictadura que permite desmanes, que tolera la crítica abierta, que se convierte en escenario de transmisiones en vivo y trending topics. ¿No será acaso la libertad disfrazada de opresión?
La protesta juvenil siempre ha sido motor de cambio, pero también espejo de sus propias contradicciones. Los jóvenes de hoy, que crecieron entre memes y hashtags, ahora se enfrentan a la realidad de que la rebeldía no se mide en likes, sino en coherencia. Y en esa coherencia, la farsa se derrumba, no basta con gritar “dictadura” mientras se disfruta de las libertades que esa misma, y supuesta, dictadura les permite con absoluta soltura para hacerlo.
La pregunta que queda es simple: ¿en qué momento la juventud dejó de ser símbolo de frescura y se convirtió en vocera y repetidora de viejos discursos? Quizá el verdadero envejecimiento no está en las arrugas, sino en las ideas que se reciclan, las que se enarbolan sin reflexión.
Hay un detalle que los delata con absoluta precisión y que transmite la sensación de un movimiento sin mando propio. El “pliego petitorio” de 12 puntos, difundido por la Generación “Z” en sus cuentas antes de la marcha, no es más que un resumido inequívoco de las declaraciones de Ricardo Anaya Cortés, coordinador parlamentario del PAN en el Senado, quien ya había esbozado esas mismas ideas en entrevistas mucho antes de la manifestación.
La marcha no solo estuvo poblada de pancartas y consignas “juveniles” algunas. Al frente, como si fueran estandartes de frescura, aparecieron los mismos políticos neoliberales del pasado, disfrazados de juventud. Viejos rostros que alguna vez administraron privilegios, hoy se exhiben, dándose a entender, como guías de la Generación “Z”, si quedaba para alguien alguna duda, ahí se confirmó con certeza y presencia.
Le hicieron un gran daño al movimiento juvenil y del sombrero esos rostros presentes, convocando y participando, simplemente y por lo pronto, los desacreditaron, les va a ser muy difícil quitarse la sombra de todos esos personajes.
Las cámaras de los medios de comunicación hicieron su parte con narrativas que recuerdan los llantos de quienes perdieron beneficios, micrófonos abiertos para repetir la nostalgia de los privilegios caídos. Y, en ese espejo mediático, lo que se revela es más que claro: los jóvenes que marchan no son tan nuevos, ni tan frescos, ni tan distintos. Son portavoces de un discurso que envejeció hace décadas, pero que se recicla con hashtags y transmisiones en vivo.
Los mediáticos le dieron mas importancia a la violencia que a la misma marcha y la entrada al zócalo de los manifestantes porque sabían del fracaso de la convocatoria, pero el éxito estaba en la narrativa de los hechos violentos de los grupos de choque, eso es lo que cubrirá las principales columnas de los medios tradiciones afines a la derecha…. La narrativa violenta es lo que les ocupaba más.
De hecho, Televisión Azteca de inmediato, con Javier Alatorre, comenzó a señalar al gobierno federal como represivo, eso era lo que buscaban, era lo que planearon, pero, la policía tenia que responder, era obvio que lo hiciera ante la magnitud de la agresión que se les fue encima.
Y la supuesta rebeldía se convierte en continuidad. La protesta, en espectáculo. ¿Y la juventud? en una máscara de un pasado que se niega a soltar el escenario.
La contradicción en la evaluación:
La lógica no cuadra.
Una hora antes, nadie. Una hora después, nadie. Al Zócalo arribaron y así como entraron se vació, como un escenario de teatro, donde tardaron más los violentos en hacer sus desmanes que los pacíficos en retirarse. Los jóvenes no aparecieron como lo presumido, más sin embargo el “mix” generacional estaba en Reforma, en Insurgentes, en las glorietas, esperando la señal para avanzar. Y cuando la obra terminó, se desahogaron por las mismas arterias que los trajeron, como un río que se dispersa en múltiples brazos a una velocidad nunca vista en estos acontecimientos, huían de la violencia los pacíficos. La supuesta dictadura les permitió esa entrada y esa salida sin obstáculos, como quien abre y cierra las puertas de un estadio ¿y en el intermedio? El acto de los violentos, el espectáculo esperado.
Tradicionalmente, el Zócalo se llena como un río que crece lentamente desde la mañana y se desahoga con calma hasta la tarde. Pero esta vez no fue así, el Zócalo apareció vacío, los participantes ingresaron con rapidez y se vació igual de rápido. Una coreografía extraña, casi ensayada, que no corresponde al pulso natural de las marchas populares. La supuesta dictadura permitió esa entrada súbita y esa salida exprés, como si se tratara de un espectáculo con horarios marcados, de ahí deduzca usted la participación.
Al final, lo que quedó no fue la frescura de una generación ni la fuerza de un movimiento, sino la evidencia de su desgaste. La Generación “Z” marchó, gritó y transmitió en vivo, pero se desmoronó en la violencia y en la contradicción. El Movimiento del Sombrero, con la abuela de Carlos Manso al frente, también quedó atrapado en el mismo descrédito. La supuesta dictadura permitió la protesta, permitió asistir al Zócalo. Ingresaron y se salieron con rapidez como si sabían que el siguiente espectáculo era la violencia, la dictadura les permitió los celulares y los micrófonos abiertos. Lo que no permitió fue ocultar la verdad: la farsa se cayó, los jóvenes envejecieron, y la rebeldía se convirtió en espectáculo.
Protestaron contra violencia, y utilizaron la violencia.
Pregúntese usted y respóndase:
¿Por qué querían quemar también la SCJN?
En la respuesta tiene el nombre del patrocinador de los grupos violentos.








