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domingo, marzo 15, 2026
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Shalom, bendición y magnificat: un adviento en clave feminista

Luz Estela “Lucha” Castro

Compañeras, les invito a reflexionar en clave feminista sobre el evangelio de Lucas que hemos escuchado y que presenta la perícopa de la Visitación. (Lucas 1,39-56)
En el corazón del Adviento late la historia de dos mujeres que se buscan, se nombran, se abrazan y se levantan mutuamente: María e Isabel. Su encuentro —la Visitación— es una escuela de sororidad, un altar de resistencia y de esperanza, un templo doméstico. Allí germina el Reino. Allí se inaugura el Evangelio.
Y en ese encuentro luminoso resuenan tres palabras clave para vivir este Adviento:
Shalom, Bendición, Magníficat.
1. Shalom: el saludo que abre caminos. María va de prisa, ‘se puso en camino’, y entra en casa de Isabel con un saludo pleno de la RUAH: Shalom
No fue un ‘hola’ apresurado, sino un ‘que tu vida sea colmada de plenitud, totalidad, salud y alegría’. Un deseo profundo, integral y radical.
El Adviento nos invita a volver a ese gesto originario: salir hacia otras mujeres, hacia quienes cargan vida, luchas, sueños, dolor y soledades —como las mujeres migrantes de Washington, las mujeres de Gaza, o nosotras mismas, entristecidas por el portazo del Vaticano que nos cerró las puertas al diaconado— y hacia otras hermanas que recordamos hoy en esta celebración. Desde el eco del Magníficat, ellas nos apremian a salir con prisa, como María. Salir con compasión, con sororidad, con cuidado y presencia
La frase de un ‘estoy contigo’ es reconocer la dignidad de la otra mujer, su historia, sus heridas, su fuerza. En tiempos de violencia, desigualdad y cansancio, Shalom es nuestra primera tarea espiritual
2. Bendición: Isabel, la voz que confirma.
Cuando María habla, Isabel siente que la vida salta en su interior. Bendecir es eso: hacer que la vida renazca en la otra, recordarle lo que es, su dignidad como hija de Dios Padre y Madre, y acompañarle a que recupere su voz silenciada.
Isabel no compite con María: la bendice, la nombra, la confirma.
En un mundo patriarcal que nos entrena para competir entre nosotras, Isabel nos enseña el lenguaje olvidado del amor entre mujeres.
Bendecir es un acto profundamente feminista:
rompe la lógica de la rivalidad;
crea comunidad;
sanas genealogías femeninas fracturadas;
siembra confianza y ternura;
dignifica cuerpos, voces y procesos
La Visitación no es solo un momento histórico, sino un llamado permanente a acompañar, bendecir y caminar, a ir al encuentro de la otra: la soltera, la viuda, la fea, la violada, la callada, la triste, la hermosa, la fiel, la ignorante, la prostituta, la neurodivergente, la autista, la demente. En Adviento, bendecir es reconocer en cada mujer —en la anciana y en la joven, en la que sufre y en la que sueña— la presencia encarnada de Dios.
3. Magníficat: Cantar para transformar
Después del Shalom y la Bendición, brota el Magníficat, el canto subversivo de María.
No es un susurro piadoso: es un grito de justicia, un poema revolucionario, una teología de liberación en voz de una mujer pobre, joven y migrante.
María canta contra las estructuras que oprimen y humillan.
Canta la dignidad de las y los hambrientos y de las invisibilizadas.
Canta la caída los poderosos.
Canta la victoria de Dios a favor de las y los pequeños.
Canta lo que muchas mujeres no podían ni decir en voz alta.
El Magníficat es un mapa espiritual para los tiempos oscuros: un llamado a encarnar la esperanza, a luchar por la justicia, a acompañar a mujeres migrantes, enfermas, desplazadas, violentadas, empobrecidas y silenciadas.
Es un canto para quienes sostienen la vida aun con lágrimas en los ojos.
En Adviento, el Magníficat nos invita a poner el cuerpo, a hacer de nuestra vida una profecía activa y una promesa hecha gesto.
Tres palabras para vivir el Adviento hoy:
Shalom: salidas que sanan.
Bendición: encuentros que confirman.
Magníficat: cantos que liberan.
Como María e Isabel, también nosotras estamos llamadas a caminar juntas, a visitarnos, a sostenernos, a nombrarnos, a cantar contra la injusticia y a sembrar esperanza en cada casa, cada barrio, cada comunidad.
Que este Adviento sea el tiempo en que:
nuestro saludo lleve Shalom,
nuestras palabras sean bendición,
y nuestra vida entera se vuelva Magníficat
Amen
Lucha Castro