Francisco Ortiz Bello
Cada actividad a la que se dedica el ser humano requiere de habilidades, conocimientos y experiencia, forzosamente, o se corre el enorme riesgo de no dar los resultados esperados o buscados. No es posible esperar que alguien que desconoce por completo los entuertos de la política, dé buenos resultados en ese tema. Simplemente no hay modo, no hay forma.
A ese cúmulo de experiencias y conocimiento se le conoce como “oficio”, independientemente si es una profesión o cualquier otra actividad, se trata solo del dominio de esa actividad, y me refiero a dominio precisamente en eso, saber a detalle lo que se hace en esa actividad.
Por eso, en nuestro país, como parte del lenguaje coloquial se incluye la frase de “los buenos oficios” de alguien, o que determinada persona “tiene oficio” para algo, destacando precisamente que sabe lo que hace.
En política no es distinto. La política como actividad profesional tiene sus reglas, sus basamentos, sus vericuetos, y quien los domina es un político “de oficio”, es decir que sabe bien lo que hace.
Pero hay otro dicho de la sabiduría popular que cae como anillo al dedo en este momento, “tiro cantado, es tiro legal” dice el refrán, y se refiere a que cuando alguien anuncia, avisa, que viene una determinada acción, no hay nada que reclamar.
Exactamente eso es lo que pasó en el Congreso del estado con la designación de la diputada de Morena Adriana Terrazas Porras y su designación como presidenta de la mesa directiva de ese órgano legislativo.
Primero que nada hay que resaltar que los congresos son espacios deliberativos y de negociación política por excelencia, esa es su esencia, su razón de existir, por eso se llaman también parlamentos, del vocablo italiano parlar, hablar, escuchar, negociar.
Y en los congresos están representadas todas las fuerzas políticas, entendiendo como fuerza política, al grupo de legisladores que obtuvo el respaldo popular en las urnas, nada más, justo en la proporción que tuvo ese apoyo.
Entonces, es en las cámaras de diputados, particularmente en la junta de coordinación política como órgano de gobierno, en donde se toman todas las decisiones políticas referentes a la relación entre grupos parlamentarios, ahí se decide el qué y el cómo del quehacer legislativo como órgano colegiado.
Se decide en función del voto ponderado (lo que cada coordinador parlamentario representa en cuanto a fuerza política) de todos los integrantes de la Jucopo, por eso es el órgano de gobierno por excelencia de los congresos.
Y por eso también exige un alto nivel de capacidad negociadora, conciliadora, de conocimientos y experiencia, de oficio pues, de cada coordinador parlamentario, porque son los encargados de sacar adelante las propuestas e iniciativas de cada partido político representado en la cámara.
Ese es el ejercicio parlamentario y no otro, más allá de las leyes y reglamentos, la capacidad de cada partido político para impulsar y alcanzar acuerdos, así es. No quiere decir que se puedan violar las leyes con los acuerdos, no, solo que se logran consensos con base en las leyes y normas establecidas, y lograr consensos solo es posible mediante una postura mesurada, conciliadora, negociadora, realista, consciente de la capacidad y fuerza política que se posee.
La fuerza política para negociar es base fundamental en la gestión de acuerdos, pero más lo es ser consciente de esa fuerza, no hacer castillos en el aire. Nadie puede llegar a comprar un Mercedes Benz a la agencia sin traer el dinero suficiente para comprarlo. Quien desee adquirir un Mercedes con lo que cuesta un vocho es lo mismo que quien pretende negociar en política con una fuerza de la que carece.
Ese es el detalle fino de la actividad política. Así funciona y así ha funcionado por décadas, por lustros, siempre. Por eso, quien desconoce esta parte de la política y pretende introducir nuevas formas de hacer, no tiene cabida y obtiene siempre malos resultados.
La maestra Adriana Terrazas Porras, diputada local por Morena, fue designada y ya rindió protesta como presidenta de la mesa directiva del Congreso del Estado, para el segundo periodo ordinario de sesiones de la actual legislatura, lo cual es inédito. Nunca antes un legislador o legisladora de izquierda había presidido el órgano legislativo chihuahuense. Es histórico.
Sin embargo, su llegada a la presidencia del Congreso se da en un contexto de pugnas internas de su partido, Morena. Como ha sido característica de la izquierda en México, siempre están en contra de todo, exigen y reclaman, y cuando se les da lo que exigen y reclaman, hasta contra eso protestan. El anarquismo total.
¿Por qué llegó a la presidencia del Congreso Adriana Terrazas? Simple, por oficio político. Así es, cuando la gente sabe bien lo que hace, fácilmente identifica coyunturas en las que puede aprovechar sus habilidades y perfil.
No obstante, sus compañeros legisladores de Morena, principalmente, la acusan de traición por haber aceptado el cargo proveniente de una propuesta que no surgió de su partido, sin entender que en el congreso deciden las fuerzas políticas que logran acuerdos, no las que protestan por todo sin una fuerza política suficiente para eso.
¿Traicionó Adriana Terrazas a Morena? Bueno, lo primero que hay que señalar es que la pregunta correcta sería ¿Traicionó Adriana Terrazas a su Grupo Parlamentario en el Congreso? Y la respuesta categórica es no, no hubo traición.
No hubo traición porque ella sigue siendo diputada de Morena, no cambió el cargo de presidente por un cambio de grupo parlamentario, lo que significa que supo negociar bien su postura. Sigue siendo de Morena y ahora preside la mesa directiva del congreso.
No hubo traición porque tocó base con todos los actores y liderazgos que tenía que tocar base, incluyendo al propio delegado federal en Chihuahua, Juan Carlos Loera, así como con Mario Delgado, presidente nacional de Morena, quien le dio el aval para aceptar la nominación, el senador Rafael Espino, la diputada federal Mayté Vargas, el presidente del Consejo Político Estatal de Morena, Hugo Chávez, el presidente municipal de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, entre otros.
Es decir, conocedora total de los intríngulis políticos, Adriana no se iba a aventar una decisión de esa dimensión, sin el respaldo político de actores y líderes relevantes de su partido, y así lo hizo.
Luchadora de mil batallas en la política, Adriana sabía perfectamente que jugarla por la libre le representaría un triunfo en lo personal, pero una derrota en lo político, podría haber sido presidenta del congreso, pero perder su militancia morenista, sin embargo, no lo hizo así.
Hoy, Adriana Terrazas preside el congreso del estado y es diputada local por Morena ¿Quiénes quedaron mal? Todos los diputados y diputadas (sobre todo las mujeres por aquello de la solidaridad de género, sororidad le llaman) que incluso intentaron boicotear su nombramiento.
¿Por qué ella sí y Benjamín Carrera no? No es un tema de capacidades o habilidades, o de preparación, no, es un tema de perfiles. Quien presida la mesa de un órgano legislativo debe tener un perfil mesurado, negociador, conciliador, centrado, justo todo lo que no es Carrera.
Y no es que esté mal, pero el académico universitario tiene una bien ganada fama de ser extremista radical a favor de la 4T y Morena, además de un ciego y entregado servidor de Juan Carlos Loera, lo que hubiera convertido el congreso, en caso de ser designado presidente él, en una sucursal o extensión del partido de López Obrador, lo cual por supuesto no es saludable en ningún sentido.
Evidentemente, las demás fuerzas políticas, representadas en el congreso, advirtieron el riesgo inminente y bloquearon la posibilidad de que se propusiera a Carrera, y la bloquearon en donde es permitido, en la Junta de coordinación política, y ahí es en donde el coordinador de Morena debió mostrar el oficio político necesario para rescatar la nominación y salir victorioso, como líder del grupo parlamentario, del trance.
Pero no, se cerró a las instrucciones superiores, adoptó una postura intransigente, cero negociadora, y entonces la que rescató la posición de la presidencia del congreso para Morena, fue Adriana Terrazas.
Circula un video en redes, en donde el grupo parlamentario de Morena completo, incluida Adriana Terrazas cierra filas en torno a Benjamín Carrera, con el objetivo de demostrar la supuesta traición de la legisladora juarense, pero lo que en realidad muestra ese video, es que Adriana siempre mostró su lealtad al partido y al grupo parlamentario, porque por la fecha en que se hizo ese video (17 agosto), solo queda en claro que en todo momento actuó en favor de su partido.
De no haber sido por Adriana Terrazas, hoy Morena no tendría la presidencia del congreso ¿Traición? No. Oficio político y experiencia en asuntos legislativos. Ahora solo falta que Morena no eche a perder esa importante posición ganada para ellos por Adriana Terrazas.
Francisco Ortiz Bello







