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sábado, marzo 14, 2026
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Un México 4T: ¿Transformación o sentencia para la oposición?

Controversial…

Un México 4T: ¿Transformación o sentencia para la oposición?

Por: Raúl Sabido

“La oposición cree que se gobierna con los columnistas, mientras les paga a los mediáticos para que los lleven directo al precipicio. Les pagan por fracasar… y lo están cumpliendo al pie de la letra.”

La Cuarta Transformación ya no es una corriente política: es un parteaguas histórico. Con Claudia Sheinbaum al mando, el proyecto iniciado por López Obrador se convierte en régimen, en doctrina, en maquinaria institucional. Y mientras el país avanza, con sus claroscuros, hacia un modelo de justicia social y soberanía nacional, la oposición se revuelca en su propio laberinto de merecida irrelevancia.

El futuro: trenes, energía y pueblo:

La 4T no pide permiso. Construye. Conecta. Redistribuye. ¿Que el Tren Maya es polémico? Sí. ¿Que el Corredor Interoceánico incomoda a intereses privados? También. Pero ahí están: avanzando, generando empleos, integrando regiones olvidadas por décadas. La narrativa de la 4T no es estética, es territorial. No se discute en cafés de Polanco, se vive en comunidades de de todo el país, y más en las vulnerables.

El proyecto, el avance, el compromiso:

* Pemex y CFE vuelven a ser símbolos de soberanía, no de saqueo.
* Internet para Todos no es un eslogan: es una bofetada a los que lucraron con la brecha digital.
* Programas sociales como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro no son dádivas: son inversión en capital humano.

La 4T no busca convencer a las élites. Las busca incorporar bajo las mismas reglas para todos y, en ese proceso, redefine qué significa gobernar para las mayorías.

¿Y la oposición? Bien, gracias:

Mientras tanto, los partidos opositores —PAN, PRI y MC más bien parecen atrapados en una tragicomedia. Se indignan, tuitean, marchan… pero no proponen. Su discurso es reactivo, nostálgico, clasista. Hablan de “defender la democracia” mientras añoran el México de los moches, los contratos inflados y los pactos en lo oscurito, extrañan los dividendos por la entrega del país a las élites del dinero y el saqueo.

Apostar por el retorno del pasado es una condena a la extinción, y sin embargo, los opositores de hoy se aferran a él como si fuera salvavidas. Lo que necesitan no es nostalgia, sino cirugía: nuevos liderazgos, limpios de las culpas y vicios que arrastran los de siempre. Hasta que no emerjan políticos capaces de romper con ese lastre y construir una comunión real con el pueblo de México, la oposición seguirá siendo lo que ya es: un cero a la izquierda, ruidoso pero irrelevante.

Con lo anterior cabe preguntarse:

* ¿Dónde está su proyecto alternativo de nación? No existe.
* ¿Qué modelo económico defienden? El que dejó 52 millones de pobres.
* ¿Qué narrativa ofrecen? La del miedo al populismo, sin entender que el pueblo ya no les teme… los ignora.

La oposición no está en crisis. Está en coma.

Y si no se reinventa desde las causas sociales, desde el territorio, desde la empatía con los olvidados, será condenada a la irrelevancia por una ciudadanía que ya despertó y, al parecer, esto no lo entienden o no lo aceptan en sus cabezas huecas.

Menospreciar al pueblo consiente, razonador y politizado tiene sus graves consecuencias y, el identificarse con sus acciones como clasistas, los llevaría a ser aborrecidos.

El dilema: ¿competir o extinguirse?

La 4T no es perfecta. Tiene errores, contradicciones, zonas grises. Pero tiene algo que la oposición perdió hace años: credibilidad popular. Y, en política, eso vale más que cualquier columna en Reforma, del Universal o cualquier encuesta de Mitofsky.

Si los opositores quieren sobrevivir, deben dejar de hablarle a los mercados y empezar a hablarle al México profundo. Porque mientras sigan creyendo que el país se gobierna desde Santa Fe, la 4T seguirá ganando desde Macuspana.

Hoy van, directo los opositores, caminando a paso acelerado rumbo a irse a la otra “chingada” que huele a basurero putrefacto.