15.6 C
Chihuahua
lunes, marzo 16, 2026
- Publicidad -

Una terrible dictadura

SERGIO ARMANDO López-Castillo

La vejez es la más horrible de las dictaduras. Tendrás que acostumbrarte a caminar despacio, a despedirte de quién eras apenas unos cinco o 10 años atrás; y a saludar y darle la bienvenida a quien te has convertido.

Va a ser difícil cumplir años. Hay que saber aceptar el nuevo rostro que se está adquiriendo, y sobrellevar con orgullo, eso sí, paseando, el nuevo cuerpo con el que navegaremos en el devenir del tiempo restante.

Habremos de desprendernos del orgullo, de los prejuicios y del miedo que dan los años, conforme cronos avanza. Hay que dejar que pase lo que tenga que pasar, que se vaya quien se tenga que ir, y que se quede quien se quiera quedar a tu lado o cerca de ti y tu entorno.

No es nada fácil empezar y seguir siendo viejos. Hay que aprender a no esperar nada de nadie, a caminar solo, a despertar solo, a no dejarte atrapar por aquella muy distinta persona que fuiste en el pretérito, pero tampoco por la que ves en el espejo cada mañana que te levantas.

Debemos entender y aceptar que todo se va y se acaba, incluida la vida se acabe. Saber despedirse de los que se van, recordar con cariño y nostalgia positiva a los que ya se fueron, y a llorar hasta vaciarse, hasta secarse, hasta sacar de dentro todo lo que se tiene, para que nazcan y crezcan nuevas sonrisas, otras ilusiones y nuevos amigos.

Envejecer no es fácil. Y aunque a veces lo pinten como algo lleno de sabiduría, colmado de experiencias, la realidad es que con los años, vienen también nuevos y diferentes retos que en muchos de los casos no se veían venir como uno los imaginaba.

El cuerpo ya no responde igual, se cansa más rápido. Las cosas que años atrás, antes, hacíamos sin problema, ahora requieren mucho esfuerzo, esa humanidad corporal comienza a darte señales de que es tiempo de descansar; de que los años han pasado y no siempre es sencillo adaptarse a eses cambios.

Hay que convencerse de que ya no seremos los mismos, no obstante que en la menta nos sintamos “igual que siempre”. Uno de los primeros choques que se tienen al envejecer es cuando te das cuenta de que tu energía ya no es la misma, ni de “chiste”.

Antes, podíamos pasarnos todo el día haciendo mil cosas; ahora necesitaremos más tiempo y paciencia para lograr hacer algunas pocas  de ellas, y al mismo tiempo requeriremos esa misma calma y sosiego para descansar.

Y aunque intentaremos no se puede evitar sentir que te falta ese impulso, esa fuerza y ganas que tenías antes. Y eso, paulatinamente, poco a poco, va cambiando la manera en que te enfrentas al día a día, a las múltiples y variadas circunstancias de la vida.

Y no es que vayamos a dejar de tener actividades y hacer tareas, solo que ya no las haremos con la misma facilidad y empuje de antes. Otro asunto complicado es ver como las personas a tu alrededor también están siendo víctimas de la horrible dictadura que es la vejez, porque ellas también lo están viviendo así.

Así, parientes, amigos y otros familiares, que siempre estuvieron de alguna forma ahí, ya no están, o se encuentran enfrentando sus propias batallas con la edad, y eso genera una especie de vacío, una nostalgia que es un sentimiento constante.

Finalmente te das cuenta que el tiempo no se detiene. Y aunque tengas muchos recuerdos lindos, interesantes, geniales, no se puede volver a atrás.

Muchos de quienes siempre fueron tu apoyo, la gran mayoría van desapareciendo, y eso golpeará más fuerte de lo que pensabas. A medida que vas envejeciendo, también te enfrentas a la realidad, de que a veces, te conviertes en algo invisible para los demás.

La sociedad hoy pone tanto valor en la juventud, en lo mediático, en la rapidez de los sucesos y acontecimientos a tu alrededor del radio de acción, que de pronto te das cuenta de ya no encajas en todo ello, y que a toda prueba tengas un cúmulo de experiencia, aprendizajes y sabiduría, la mayoría no te toman en cuenta de la misma forma que lo era antes.

Como si envejecer significara que no tendríamos ya nada que aportar, y eso frustra y deprime. La soledad es otro enemigo que aparece con el tiempo y los años; y a veces te sientes mucho más solo que antes, porque las personas que te rodeaban estarán ocupadas con sus propias vidas o ya no están aquí.

Todo esto es un cambio difícil de aceptar y comenzar a pasar más tiempo solos, es abrumador, al principio para muchos, pero con el paso de los días, semanas meses y años, aprendes, de alguna forma, a disfrutar esos momentos.

Asimilas encontrar paz, tranquilidad, y a pesar de esto, envejecer tiene, también, un lado hermoso y positivo: Aprendes a no preocuparte tanto por lo que piensan los demás. Te vuelves más selectivo con tu tiempo y con quién o quiénes lo vas a compartir.

Reflexionas y valoras cómo vivir tus días. Y es cuando empiezas a ponderar más el valor de las cosas pequeñas; lo cotidiano, lo sencillo lo próximo y común, lo que antes se daba por hecho o por sentado, adquiere mayor relevancia.

Y aunque tu cuerpo ya no sea el mismo de aquéllos ayeres, la mente va a seguir llena de recuerdos, de aprendizajes, de momentos que te forjaron, que formaron tu personalidad, y quizá una sublime humanidad ante la vida.

Todo ello, ahora lo podremos disfrutar, pero de otra perspectiva y otro   lugar existencial.

Envejecer no es sencillo. Pero te enseña a ver y tomar la existencia de una manera diferente, y a pesar de los retos y del devenir incierto, siempre hay algo nuevo que aprender: algo que te seguirá motivando a levantarte cada día, y a seguir luchando, sin tregua, contra esa, la más terrible de las dictaduras.

 “Lo que escriba y diga, será la verdad!     

[email protected]