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lunes, marzo 16, 2026
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Víctor Hugo y Giner, a propósito de las “rasconbandianas”

SERGIO ARMANDO López-Castillo

Entrañables, verdaderos amigos, casi almas gemelas. Para muchos, y para ellos mismos, el pensamiento de uno no se concebía sin las ideas del otro…

El dramaturgo internacional, símbolo chihuahuense de la cultura, Víctor Hugo Rascón Banda, originario de Uruachi; su amigo que apenas se le había adelantado en el camino en septiembre de 2007: Miguel Ángel Giner Rey, oriundo de Camargo, Chihuahua, ambos habían vivido innumerables aventuras, veladas, obras de teatro, luchas e ideales; todo por sus congéneres, por la gente de sus pueblos, de su raza, sobre todo los nativos tarahumaras y otras etnias.

Víctor Hugo, habiendo nacido en lo profundo de la barranca de la sierra de Chihuahua, pasó por la escuela normalista de su tiempo y obtuvo una formación verdaderamente humanista, sensible, pero a la vez crítica y analítica de la realidad; su inseparable Miguel Ángel, nació en Camargo a inicio de los años sesenta.

Ellos, el primero desde la escritura punzante de los guiones teatrales, de radio, cine y televisión, y el segundo apasionado de la historia de Chihuahua, la antropología y de la defensa real de las causas nobles, coincidieron siempre en el entusiasmo por la vida y la emancipación de los rarámuris y otras causas similares.

Los dos, comprometidos con el espíritu de solidaridad y ayuda social en la sierra y otras regiones pobres, con raíces profundas y comunicación con el pueblo Tarahumara, siempre fueron como su hogar, porque los sentían propios.

Víctor Hugo Rascón a través de los ojos y la interlocución de Miguel Ángel Giner, velaba muchas veces por la gente de esos municipios y comunidades serranas. Eran incansables gestores, abogados, estudiosos e incondicionales con su gente, los naturales de la región.

Rascón Banda y Giner Rey parecían almas gemelas, sencillos, modestos, comprometidos, elocuentes, siempre estuvieron unidos, aunque muchas de las veces anduvieran en rumbos distintos.

Con los años, Víctor Hugo y Miguel Ángel, intensificaron sus salidas del estado y del país. Querían aprender de otras culturas, de otros pueblos, de su idiosincrasia, de sus costumbres; sin olvidar las suyas.

Y así, cada que se encontraban en algún punto, en Chihuahua o la Ciudad de México, donde Rascón presidía la SOGEM, y quien generosamente registró el primer libro: “Quimera de Papel”, a este reseñador, nos llamaban contentos, transmitían  información, hacían reseñas, crónicas y las compartían con muchos de nosotros los comunicadores chihuahuenses.

Fue en una de esas travesías de la vida que el inquieto y tenaz Giner Rey, se instaló en Johnson, Kansas, Estados Unidos, como dijimos anteriormente, donde fue contratado por una institución pública, relacionada con la agricultura de aquel gobierno. De inmediato se contactó con Víctor Hugo y con Chihuahua, a través de su inefable hermana Rosario Giner Rey.

De ese modo, Miguel Ángel, en un caso insólito, encontró en un centro de salud mental de aquella entidad norteamericana, a una coterránea de origen Rarámuri.

No podía creerlo. Se trataba de “Rita”, cuya micro-historia, narramos párrafos arriba…

Y aunque Miguel Ángel Giner ya no pudo sentir el sufrimiento de su par, Víctor Hugo, cuando éste estuvo postrado por la terrible enfermedad de leucemia que padeció durante los últimos años de su vida, estoy seguro -porque lo conocí bien- que hubiera hecho lo imposible por ayudar a su entrañable amigo.

También tenaz, valiente, pero a la vez discreto, encerrado las más de las veces en su mundo de ideas, sueños, luchas, pensamientos, Giner Rey tampoco tuvo la oportunidad de escuchar de Rascón Banda, aquellas palabras que en una profunda entrevista pronunció, luego de haber superado parcialmente el mal que lo aquejó.

Víctor Hugo habría expresado, más allá de lo escrito en su libro “Porqué a mí”, en el que abordó el cáncer en su sangre del que enfermó y sus estados de ánimo después del lamentable diagnóstico de los médicos, que no obstante su prolífica vida profesional de escritor-dramaturgo (más de 50 obras) dejó de hacer muchas cosas que le hubieran gustado y las numeraba en una charla.

“Quise ceñirme al “deber ser” y no fui como hubiera querido ser… me hubiera gustado haberme dedicado a escribir, pero de tiempo completo, expresó en esa ocasión. También haberme tomado el tiempo de pasear, disfrutar la Ciudad de México y también mi pueblo -Uruachi- y muchas otras partes bellas, inclusive, mi propia casa. Pero no lo he hecho, se confesaba.

Para ese entonces, durante ese diálogo, Víctor Hugo ya presentía su muerte que estaba por acaecer durante el verano del año 2008.

Volviendo a aquella obra: “La Mujer que Cayó del Cielo”, aún recuerdo el estreno de ese drama de Rita, promovida también el Teatro de Cámara de Chihuahua, “Fernando Saavedra”, y en otros foros. Hoy Víctor Hugo y Miguel Ángel, reunidos nuevamente en algún sitio, con seguridad estarán recordando a “Rita” y charlando como antes, como siempre…