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lunes, marzo 16, 2026
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El terror de vivir en casa de cartón

Juan Gómez Franco

El temor empieza a envolver a la madre que se preocupa por sus tres pequeños hijos, dentro de la diminuta vivienda con techo de lámina, paredes de cartón, cobijas y madera vieja.

Se observan orificios en algunos lados. La casa parece una pintura surrealista con cuadros y rectángulos chicos y grandes; con letras y números en los cartones de todos tamaños; colores secos; construida con cualquier desecho sólido que obstaculice la entrada de sol, lluvia y frío. No siempre lo logra.

Las nubes oscuras cierran el cielo que no permite la entrada de la luz del sol. Cada vez se hace más profundo, generando terror a Cinthia y sus tres hijos. Desconocen lo que vendrá.

Los rayos iluminan la oscuridad con su ráfaga de luz que penetra por los orificios de la choza y su fuerte sonido casi rompe los tímpanos. El sonido de su trueno avanza en esta cúpula llamada cielo y su eco se oye a lo lejos topándose con los cerros cercanos.

Las primeras gotas gordas combinadas con las delgadas empiezan a caer sobre el cartón creando ritmos al unísono, otras a contratiempo y melodía con las láminas viejas. Como una rítmica danza macabra parecida a la de Camille Saint-Saëns.

Dentro de la choza de tres, por dos y medio metros, solo caben una cama matrimonial, una repisa, una pequeña mesa que tiene sobre ella una parrilla eléctrica sin base metálica que la soporta un ladrillo que cambió su color rojizo por el calor.

Cinthia Paloma de 23 años abraza a sus tres pequeños hijos y los presiona en su pecho, como la gallina que envuelve a sus polluelos con sus alas. No hay mejor refugio que el de una madre angustiada por sus hijos.

La tormenta cae sobre su choza. El terror entra a la vivienda de cartón. Por los huecos se introduce la lluvia que quiere invadirla. Como zombis hambrientos de carne humana, la lluvia golpea todo a su alrededor, como un enjambre de abejas enojadas que buscan penetrar al interior de la humilde vivienda. Los rayos hacen su parte. Similar a una tétrica fiesta de luz y sonido.

El amor de la madre por sus hijos aterrorizados, es consolada con palabras que acarician sus corazones y les limpia con su cara las gotas de lágrimas combinadas con tierra y lluvia en sus diminutos rostros.

El sonido que emana la fuerza del viento intenta destruir y llevarse la casita. Sonido y destrucción igual al de una estampida de pesados animales que pasan tocando y empujando la choza, huyendo del miedo que los sigue para devorarlos.

Ese ruido tan estruendoso de los rayos empieza a ceder y a retirarse. Su descarga se ha vaciado, no pudieron esta vez con la diminuta vivienda.

De poco a poco las nubes grisáceas se separan lentamente para permitir la entrada de un rayo de luz solar que se abre espacio entre las ya delgadas nubes.

La vivienda que colina con el arroyo de la colonia Porvenir segunda etapa al norte de la ciudad, pasó la prueba. Cinthia ganó un reto más. A esperar otro igual, quizá en esta misma semana.