SERGIO ARMANDO López-Castillo
La designación real de Xóchitl Gálvez como precandidata prioritaria del Frente Amplio de México fue una estrategia astuta, pensada y ejecutada por el presidente López Obrador, y, como se sabe, la oposición cayó con ingenuidad en ella.
Además, ese tema provocó la huida de varias figuras políticas más serias que la senadora panista o no panista, quien oculta su falta de capacidad para el poder, detrás de recurrentes chistoretes y graciosadas.
Andrés Manuel fue quien colocó en el escenario político a Xóchitl y le dio aire al regatearle, astutamente, recibirla en Palacio Nacional para su derecho de réplica en las conferencias mañaneras (Aunque no es periodista ella).
El presidente necesitaba una figura opositora antilópez-obradorista, en lugar de algún precandidato con una visión más de Estado y de figura más presidenciable.
Xóchitl quiere repetir el modelo de Vicente Fox en el 2000: Un ranchero con botas en la figura de una mujer con traje indígena; sus frases y las de Vicente, son las mismas, pero ya se ha repetido hasta el cansancio la corrección de Carl Marx a Friedrich Hegel, de que la historia se repite dos veces, pero una como tragedia y otra como fracaso.
Fox comenzó a repuntar por su famosa frase de sacar al PRI a patadas de Los Pinos, sólo que ahora Xóchitl pretende regresar al PRI a Palacio Nacional y al Ejecutivo federal. Cuando la campaña formal comience a perfilar representaciones políticas, será sencillo que quien represente a Morena pueda usar como crítica que Xóchitl quiere regresarle el poder al PRI de Alejandro Moreno Cárdenas “Alito”.
Fox no ganó por las botas, ni por su repudio al PRI, ni por su campaña contra las tepocatas y víboras prietas. Lo que benefició al candidato panista fue el desmoronamiento político de Cuauhtémoc Cárdenas como candidato del PRD y sobre todo la percepción bien documentada de que el candidato del PRI, Francisco Labastida Ochoa, era sacrificable y que el presidente Ernesto Zedillo tenía un compromiso de alternancia con el presidente Clinton. Además, era obvio que Zedillo detestaba al PRI.
Xóchitl podría llegar a la candidatura del Frente Amplio de México con un espacio acotado: Ser sólo la candidata anti-lópezobradorista, aunque López-obradorista en su aparente política social; con un presidente López Obrador cada vez más fuerte en aprobación personal.
Además, cualquiera de los tres precandidatos morenistas –Claudia Sheinbaum Pardo, Marcelo Ebrard Casaubón y Adán Augusto López Hernández– tendrían todo –pero todo– el apoyo del poder y estructura presidencial.
La figura política de Xóchitl es chistosa, genera sonrisas y agrada con sus desplantes en su bicicleta y su botarga de dinosaurio. Sin embargo, poco ha mostrado de inteligencia estratégica en la lucha política, con la circunstancia agravante de que la sociedad quedó decepcionada del Vicente Fox Quezada, opositor que terminó su carrera política siendo títere y aplaudidor de Enrique Peña Nieto y del PRI salinista.
Hasta ahora y ya casi con la precandidatura opositora en la buchaca, Xóchitl Gálvez no ha destacado ni una sola idea política o de Estado y no está engañando a nadie cuando pidió el derecho de réplica para ir a Palacio Nacional, para decirle personalmente al presidente López Obrador que ella no estaba en contra de su política social, sino que, al contrario, era partidaria de ese apoyo a los sectores vulnerables.
La precandidatura de Xóchitl mostró la suspicacia del método opositor para la selección del candidato presidencial, al grado de que importantes figuras prefirieron descender del camión de redilas de la alianza PRI-PAN-PRD-Coparmex-Córdova Vianello-el Señor Claudio X-Episcopado y toda la coalición de la “derecha moderna”.
Y los que se quedaron tienen suficiente biografía política como para demostrar que Xóchitl no es más que una marioneta del nuevo dúo dinámico Fox-Señor Claudio X y del PAN-PRI.








